Dieta

Comida real para salir del Matrix alimentario

Comida real para salir del Matrix alimentario
El nutricionista Carlos Ríos es el creador de Realfooding, estilo de vida basado en volver a los alimentos de siempre y evitar ultraprocesados
RAFA HONRUBIA.

Carlos Ríos es un dietista nutricionista y quiere ayudarnos a comer comida real. «Vas a transformarte en un 'realfooder'. Vas a escapar de Matrix. Y vas a cambiar tu vida», así rezan las primeras palabras de su página web. Ríos se refiere a este espacio imaginario porque la industria alimentaria ha construido un sistema para controlar lo que nos llevamos a la boca. Sin darnos cuenta, comemos alimentos ultraprocesados que dañan nuestro organismo y no somos conscientes. Los disfrazan de comida saludable con las tretas de la publicidad engañosa. Como en la trilogía cinematográfica dirigida por las hermanas Wachowski, los alimentos ultraprocesados son una simulación de los reales. Son una ilusión colectiva. Pero se puede salir.

Con el objetivo de salir de esa ficción alimentaria ha nacido el movimiento Realfooding -traducido como comida real-. «Es un estilo de vida basado en comer comida real y evitar los ultraprocesados. Es un movimiento que defiende el derecho a una alimentación saludable para la población. Es una revolución que lucha con conocimiento y conciencia contra el lado oscuro de la industria alimentaria», lo define Ríos, su creador. Siguiendo con la metáfora de la película protagonizada por Keanu Reeves, el Realfooding es la píldora roja para descubrir un mundo más auténtico y, de paso, mucho más sano.

Desde su papel de dietista y nutricionista, Carlos Ríos se mueve como guía en el camino para llegar hasta la alimentación saludable, libre de alimentos ultraprocesados que presentan dudosa calidad. Hace algo más de un año el nutricionista onubense le ganó una batalla a Alcampo y consiguió que la cadena de hipermercados de origen francés se replanteara una campaña que promocionaba como saludables alimentos ultraprocesados como gominolas y refrescos azucarados. Para ello tuvo la inestimable ayuda de las redes sociales y su legión de seguidores. Ríos cuenta actualmente con más de 700.000 'followers' en su cuenta personal de Instagram, 500.000 en la del movimiento Realfooding, 52.000 en Twitter y casi 40.000 en su perfil de Facebook. Es capaz de hacer mucho ruido y se ha llegado a convertir en un verdadero 'influencer' de la alimentación saludable, logrando poner de moda productos y establecimientos que aparecen en sus vídeos.

Movilización

Alcampo vendía la gama de productos La Vida Azul con el reclamo de ser «el mejor equilibrio nutricional entre el nutriente de declaración obligatoria para integrar en la alimentación (proteínas) y los nutrientes que se deben limitar (azúcares sencillos, grasas saturadas y sal)». Entre los productos figuraban bebidas energéticas, chocolatinas, galletas y otros ultraprocesados. Durante los días siguientes al inicio de la campaña, Ríos encabezó una oleada de críticas y la cadena reaccionó rápido con la publicación de un comunicado en el que presentaba sus disculpas y expresaba su «comprensión» por la preocupación que había provocado la selección de productos, a pesar de sus «intenciones positivas». «Asumimos no haber sabido transmitir a nuestros clientes el espíritu del proyecto de una forma correcta», añadían.

Para superar el control de la industria alimentaria y tomar el control de la lista de la compra, los expertos recomiendan observar las etiquetas de todo lo que compramos con detalle. «Un 'realfooder' conoce las artimañas de la industria alimentaria para engañarle y no cae en las mismas», advierte Ríos. Además, «es consciente de la alimentación que tiene que llevar y por ello la basa en comida real alejándose lo más posible de los ultraprocesados. Los 'realfooders' no hacen dieta, ni pasan hambre, ellos cuidan su salud y disfrutan de ello», argumenta.

Estilo de vida

¿Qué significa salir de la rutina de la comida ultraprocesada? Ríos señala que comer sano no supone un esfuerzo y no debe convertirse en un estado con fecha de caducidad, sino en un estilo de vida. Según cuentan las personas que se han animado a seguir el reto de comer comida real durante un mes en Realfooding, los principales beneficios son la pérdida de peso, mejorías en enfermedades metabólicas, mejor estado de ánimo y mayor disfrute de la comida, entre otros. Ríos va más allá: «En estudios recientes se ha observado que al disminuir la ingesta de ultraprocesados y aumentar la ingesta de comida real, disminuye el riesgo de mortalidad significativamente».

El nutricionista onubense mantiene que la alimentación se ha centrado en nutrientes y calorías, en lugar de alimentos, de comida real. Se habla de hidratos de carbono, grasas, proteínas, vitaminas y minerales, pero que «la salud tiene que ver con los alimentos, que son mucho más que la suma de sus nutrientes y calorías». «Los alimentos tienen una compleja matriz alimentaria, la cual es saludable en su forma natural y mínimamente procesada. El grado de procesamiento de estas materias primas lo hemos pasado por alto, ignorando los posibles efectos que alteran al alimento y que tienen repercusión en nuestra salud», aclara.

Evitar la atracción

En los últimos años la alimentación se ha convertido en uno de los campos del saber más confusos y contradictorios por las modas e intereses económicos de las grandes corporaciones. En muchas ocasiones, los consumidores se quejan de no saber lo que comen y, para solucionarlo, solo queda recurrir a leer las etiquetas, por muy tedioso que pudiera parecer. «Cuando no lleva etiqueta es más fácil identificarlo como comida real ya que es la propia materia prima lo que nos venden, por lo que no es necesaria. En el caso de que la llevara, lo principal es fijarse en los ingredientes y si aparece azúcar, harinas refinadas, aceites refinados, aditivos o sal y suponen más de un 5% o 10% del producto, seguramente habremos dado con un ultraprocesado insano», advierte Ríos.

Si algo define a los 'realfooders' es su interés en conocer la realidad detrás de lo que comen. Por lo general, son personas informadas, conocedoras de la composición de los alimentos y concienciados en una alimentación saludable, sana y, como ellos definen, «de verdad». Sin embargo, las armas de la industria alimentaria son muy seductoras y esta decisión aparentemente sencilla se puede convertir en una lucha interna que requiere de toda nuestra voluntad. «Un producto que encuentras vayas donde vayas, que tiene un precio súper barato, con colores, dibujos y reclamos llamativos, que a veces incluye sorteos y que son tan hiperpalatables, hace que sí o sí acabes comprándolos si no estás al tanto de su peligro», advierte Ríos, quien recuerda que debemos cambiar esa atracción efímera y dañina y optar por soluciones de siempre como guisos de legumbres y verduras.

Más allá de si un alimento tiene certificación ecológica o si está recomendado en tal o cual dieta, la clave es hacerse la siguiente pregunta: ¿se trata de comida real? Si la respuesta es sí, habrás conseguido salir del Matrix alimentario.