Pelayo se queda pequeño

El trinquet agota las entradas para una final del Individual que ha desbordado las expectativas por los dos contendientes

Moisés Rodríguez Plaza
MOISÉS RODRÍGUEZ PLAZA

Ambos gestionan el teléfono como un condicionante más de la final del sábado. Tanto a Soro III como a Genovés II les fríen a llamadas. Amigos que se han quedado sin entradas, otros que quieren cambiar la ubicación de la localidad, algunos que tienen la suya pero les falta otra... a ver si pueden hacer algo. Pero no. Los asientos para ver en Pelayo la partida de dentro de tres días (a las 18 horas) son tan escasas que ya no hay. Así de sencillo. La Fundació ha reservado el 10% que por ley ha de vender en la misma jornada del evento.

El cartel ha desbordado las expectativas. Hay demanda para haber llenado dos o tres veces Pelayo, como poco. La catedral es la catedral, pero en estos momentos cobra fuerza el argumento de que Valencia habría necesitado un trinquet con más capacidad. Pero ese es otro debate. Desde luego, una partida entre Soro III y Genovés II es un Nadal-Federer para los aficionados a la pilota. Desde que acabó la primera semifinal, el teléfono que la Fundació ha destinado para la reserva de entradas empezó a sonar. Lo hizo más a menudo a mediodía, tras la apasionante victoria de Soro III en iguales a 55 en Guadassuar. El lunes ya no había localidades en la escala y ayer se agotaron las de las galerías.

La gente de la pilota quiere ver a Genovés II ganar un Individual. Consideran que la vaqueta le debe una después de sus cinco finales perdidas contra Álvaro. «Siempre digo que la pilota no me debe nada», recitó, una vez más, ayer: «En el deporte no todo debe ser ganar o perder, y pienso que los dos jugadores de esta final aportamos esos valores». El veterano escaleter citó ese argumento para explicar el cariño que tanto él como su rival vienen recibiendo en este torneo.

También hay ganas de ver de nuevo a Soro III en una final. Nueve de diez, que se dice pronto: en 2018 se dio un batacazo contra Francés, pero es que en una década sólo ha fallado en una y ha coleccionado cinto títulos, que pueden ser seis el sábado. «En el deporte, una derrota es algo que puede pasar, pero Quico ha seguido estando ahí día a día. Es uno de los grandes manomanistas del momento y de la historia», señala Genovés II: «Quizás la sorpresa sea yo, pero después de dos años sin lesiones he trabajado mucho y me encuentro muy bien para jugar».

«José tiene una elegancia y una técnica que yo no tengo. Yo he crecido viéndolo jugar. Es cierto que yo quería que ganase su rival (Álvaro), pero para mi es un referente. Enfrentarme a él en esta final es un regalo», aseguró Soro III. Pero el obsequio es para la pilota. Porque ambos han completado un Individual sublime y han demostrado madurez a la hora de valorar cada partida.

Por eso, volviendo al aforo de Pelayo, su presencia ha desbordado el trinquet. Se abren varios debates de futuro. Uno de ellos, si se debería ocupar también la otra parte de la escala, la del dau. Esto se ha hecho en ocasiones contadas, en partidas de homenaje o aniversarios. Hay fotos de ello, pero en el siglo XXI, donde las medidas de seguridad son más estrictas, sería una temeridad llevar a cabo esa medida, y más en una partida oficial.

Otro debate abierto es el del precio de las entradas, de entre 20 y 25 euros. Ya se ha valorado incrementarlo, medida que siempre genera voces críticas. Pero si el espejo es el frontón vasco, la moderna cancha de Bilbao tiene capacidad para 3.000 espectadores. En la final del manomanista, las entradas más baratas, alejadas del juego, son a 40 euros y las mejores se pagan a 140. El enigma está servido: ¿está dispuesto el público valenciano a rascarse el bolsillo para asistir a la partida del año? Igual hay que comprobarlo...