«El arte urbano se está convirtiendo en una moda. La gente se puede cansar»

El artista valenciano Antonio Segura, más conocido como Dulk. / lp
El artista valenciano Antonio Segura, más conocido como Dulk. / lp

Antonio Segura, 'Dulk' Artista | «Valencia es una de las ciudades más potentes en el ámbito de la ilustración», dice el creador, que presenta sus trabajos en la galería Plastic Murs

Sara Roqueta
SARA ROQUETA

Un año entero pintando de azul, gris y pardo las hojas de una libreta sirvió para darse cuenta que lo suyo, al fin y al cabo, era el arte y no Económicas. El valenciano Antonio Segura, más conocido artísticamente como Dulk, ha ocupado ya con su pintura mural las paredes de ciudades como Los Ángeles, Londres, Shanghái, Luxemburgo o Hawái. En sus trabajos, que van desde la pintura hasta la ilustración o la escultura, cohabitan una infinidad de animales exóticos. Una naturaleza salvaje con la que Dulk revela, «desde una mirada crítica», la triste despedida del mundo animal. Con tendencias del surrealismo pop y el arte urbano, su obra podrá verse hasta el 24 de julio en la galería Plastic Murs.

-Representar al mundo animal, ¿surge como una necesidad o es pura inspiración?

-Desde pequeño me han gustado los animales y he dibujado todo lo relacionado con la naturaleza. Me gusta investigar sobre sus comportamientos y sus familias. Hago viajes como inspiración a sitios donde la naturaleza es fuerte y puedes ver a los animales en libertad. Allí tomo fotos que más tarde me sirven como guion para mi trabajo de estudio de pintura.

«Muchos artistas que nunca han pintado en la calle lo hacen ahora para darse a conocer»

-Sus obras están atravesadas por un trazo onírico, surrealista que, más bien, nos acerca a un mundo de fantasía

-Sí. En un primer momento no ves que está pasando algo crítico porque trabajo con una paleta de colores pastel y muy atractiva. Pero, una vez capto la atención del espectador, te das cuenta que están pasando cosas que no son tan bonitas. Me interesa esa visión crítica con la realidad y el cambio climático que afecta a la naturaleza por el impacto del ser humano.

-En ocasiones, una imagen potente conduce a una reflexión directa, ¿ocurre lo mismo con su trabajo? ¿Puede cambiar mentes?

-El arte es, en sí mismo, una forma de expresión que te invita a reflexionar. Con él se pueden cambiar muchas cosas. La pintura mural ayuda en esto. Un cuadro lo dejas en la galería y solo lo ven los coleccionistas. El mural tiene una fuerza muy potente. Todo el mundo lo ve. Es una buena manera de concienciar. Aún así, no me gusta hacer campaña contra los problemas medioambientales, sino dejar el mensaje abierto para que cada uno interprete e imagine.

-Cada vez son más los artistas que llenan la ciudad con murales, ¿se está revalorizando el arte urbano?

-Lo que ocurre es que la creación de murales es un movimiento relativamente joven que está en un momento de expansión. Me parece genial, pero a la vez me da un poco de miedo. No deja de ser una moda y las modas al final pasan. Muchos artistas que nunca han pintado en la calle lo hacen ahora porque es una forma muy buena de darse a conocer. Pero hay que cuidarlo porque sino la gente se va a cansar.

-La capital del Turia se ha sumado a esta iniciativa de pintura mural pero, al mismo tiempo, se cierran galerías, ¿es Valencia una ciudad hostil para el arte?

-Somos una de las ciudades españolas más potentes en el ámbito de la ilustración. Al mismo tiempo hay muchas personas a las que les interesa el arte pero no lo demandan. La gente va a muchas inauguraciones y eventos. Les interesa el arte, pero no se traduce en compra de obra. Espero que con el tiempo sepamos aprender el valor que supone tener una obra en casa.

-Sus trabajos se pueden ver en ciudades de todo el mundo. ¿Existe fuera de España un compromiso mayor con el arte?

-Desde luego. En España no hago prácticamente nada. Más allá de exposiciones colectivas, la mayoría de obras de estudio que produzco se venden en Europa, Estados Unidos o Australia. Fuera se compra mucho más arte que aquí.

-Dibuja desde joven pero, ¿fue fácil dar el salto al mundo del arte como profesión?

-Nunca pensé que podría llegar a vivir del arte. Con 18 años entré a la universidad para estudiar Económicas. No tenía claro lo que quería hacer. Lo dejé al año siguiente y desde entonces he dibujado muchísimo. Siempre digo que lo que te hace llegar a un lugar es trabajar mucho. Tienes que ser un enamorado del arte porque es un trabajo que no tiene horario. Más que una profesión es un estilo de vida.