PRESTARLE UN FUSIL A TU ENEMIGO

Carmen Ramos, una atleta de Castellón, hizo de liebre a la española que iba a por su récord nacional en heptatlón

Carmen Ramos y María Vicente en la prueba de 800 m. de Gotzis. /athletic timestamp
Carmen Ramos y María Vicente en la prueba de 800 m. de Gotzis. / athletic timestamp
Fernando Miñana
FERNANDO MIÑANA

Carmen Ramos está sacándose el carnet de conducir. Y sigue con sus estudios de Química en la UJI. Y cada semana prepara siete pruebas de atletismo. Siete. Y lo hace después de reponerse de un año apestoso lleno de lesiones: varias roturas de cuádriceps y una del isquiotibial. Pero ahí sigue, con su sonrisa, su trato educado y la ambición intacta.

Carmen Ramos entrena siete pruebas porque es heptatleta. Y muy buena. Pero también porque es una ansias. Porque cuando era una niña, su profe de Educación Física vio sus aptitudes y le aconsejó que probara con el atletismo. Se estrenó lanzando. Peso y jabalina. Pero cuando iba a los campeonatos le pedía a su entrenadora que le apuntara a más pruebas. Le cogió el gustillo y llegó un día en el que su entrenadora no podía enseñarle más y se fue con Manoli Alonso.

Alonso es una institución en el atletismo. Lleva 32 años puliendo a destacados atletas de pruebas combinadas. Una de las últimas es Carmen Ramos, que nació en Benicàssim y en dos semanas cumplirá 21 años. El verano pasado acudió al Campeonato de España sub 23, en Soria, con la idea de ganar el título y poco más. Le habían quitado varias muelas y había hecho un pequeño parón. Tocaba cumplir. Pero volvió de Soria con la medalla de oro y un nuevo récord de España de heptatlón. Absoluto y sub 23.

Ramos está intentando volver a ser la que era, la primera española en pasar de los 5.900 puntos (5.905), tras superar las lesiones. La semana pasada acudió a Götzis, en Austria, que para un decatleta o una heptatleta es como para un peregrino alcanzar Santiago de Compostela.

Allí, en la catedral de las combinadas, se encontró con María Vicente, el portento de 18 años de quien todo el mundo espera que se convierta en una estrella del atletismo internacional. Las dos fueron haciendo su camino en Götzis. Hasta que acabaron la sexta prueba. Ramos, como era de esperar, estaba haciendo una competición de transición a la espera de alcanzar su plenitud en julio. Y Vicente, que es como un comecocos -¿sabrá esta generación qué es eso del comecocos?-, que va guillotinando cada récord que se pone a su alcance, comprobó que tenía a tiro la plusmarca nacional de Ramos.

Esta tesitura dejaría en cualquier otro deporte al defensor del récord a la expectativa. Pero es el heptatlón, la única disciplina, junto al decatlón de los hombres, en el que al acabar la competición, todos los atletas se abrazan y dan la vuelta a la pista juntos, en una hermosa y ejemplar muestra de camaradería.

Carmen cuenta lo que pasó entonces en Götzis. «Yo estaba en la zona de descanso y fui a ver a mi entrenadora, que estaba en la carpa con mis padres. Entonces le dije a Manoli que si coincidíamos en la misma serie -la última de las siete pruebas es un 800-, quería tirar de María Vicente para que batiera el récord de España. Manoli me dijo que sí, que claro».

La atleta del Playas de Castellón lo cuenta así, pero sería más correcto tomarse la licencia de añadirle: «...para que batiera el récord de España, mi récord de España». Porque lo que estaba proponiendo era cederle un fusil a su 'enemigo', darle una flecha a los indios, llenar el depósito del Ferrari cuando pilotas un McLaren o cederle una pieza al box de Honda desde el de Yamaha.

«En la salida del 800, fui y le dije a María que se pusiera detrás mío, que se pegara a mí, que íbamos a por el récord de España (para la catalana). Estaba muy nerviosa, pero se puso muy contenta y me dijo que estaba muy agradecida», añade Ramos.

Al final María Vicente se quedó a cinco puntos. Que, en realidad, viendo el talento descomunal de la alumna de Fernando Martínez, y sabiendo, como se sabe, que no tardará en batirlo y que hasta se irá por encima de los 6.000 puntos, es un brote de justicia poética. Porque deja a Carmen Ramos como plusmarquista absoluta y a su compañera como segunda de todos los tiempos y, eso sí, como nueva recordwoman sub 20.

Yo, que entreno en el centro de Paleotrainning de María Peinado, la reina del heptatlón a quien destronó Carmen Ramos, fui el lunes corriendo a explicarle lo que había pasado. Y después de detallarle el hermoso gesto de la chica del Playas de Castellón, con la piel de gallina y la lagrimita asomando, vi cómo María me miraba y, sin mostrar una pizca de emoción, me soltó: «Claro, Ferches, eso en el heptatlón es lo normal. Somos una familia».