La desconocida Ciudad-Jardín de las mansiones abandonadas

Durante décadas fue apodada como 'El Vaticano', una exclusiva zona residencial hecha por y para directivos vascos. Casi un siglo después, sus ruinas recuerdan el pasado industrial de Puerto de Sagunto, un enclave estratégico bombardeado más de cien veces en la Guerra Civil

Una de las mansiones abandonadas de la Ciudad-Jardín de los Ingenieros./Txema Rodríguez
Una de las mansiones abandonadas de la Ciudad-Jardín de los Ingenieros. / Txema Rodríguez
TAMARA VILLENAValencia

Ocurrió hace casi un siglo, sobre 1920. La Comunitat despuntaba en el terreno industrial y en Sagunto crecía con éxito la Compañía Siderúrgica del Mediterráneo (CSM), desde su creación tres años atrás por los empresarios vascos Ramón de la Sota y Eduardo Aznar. De sus relaciones de exportación con Inglaterra, Sota decide importar a su proyecto valenciano una novedosa idea, poco común hasta la fecha en España, pero que ya era habitual entre los británicos: la creación de la 'Ciudad-Factoría Siderúrgica de Sagunto'. «El concepto se refiere a todo el poblado de Puerto de Sagunto, con su zona portuaria y minero-siderúrgica, junto a todas las barriadas obreras, cines, teatros, economato y hasta hospitales», explica el historiador Joaquín Revert, doctor en patrimonio cultural por la Universitat de València (UV) y parte del Consejo Asesor del Patrimonio de la Humanidad de Sagunto. Surgía así una auténtica población fabril e independiente, inexistente en el mapa hasta entonces y que se desarrolló hasta convertir la localidad valenciana en uno de los puntos de producción siderúrgica más importantes del país, todo un referente también en Europa.

Pero no solo eso. Dentro de esta 'burbuja' industrial se formó un entorno de ensueño para separar a los más privilegiados del resto de mortales implicados en este enclave industrial, la Ciudad-Jardín de los Ingenieros. «Durante décadas se le llamaba popularmente 'El Vaticano', por ser un recinto cerrado a la población», explica Revert, también miembro del Centre d'Estudis del Camp de Morvedre. Era un exclusivo distrito pensado con un solo propósito: cercar un «área residencial de alto nivel para directivos, con grandes viviendas y en un entorno ajardinado», detalla el experto. «Esta ciudad industrial se tomó como modelo para las urbanizaciones de calidad. Es una propuesta que, en su momento, era avanzada porque pretendía crear un entorno de calidad e integración con la naturaleza que hiciese atractivo para los empresarios vascos venir a vivir aquí», puntualiza Carmel Gradolí, arquitecto responsable del estudio que el Ayuntamiento de la localidad encargó en 2016 para concretar las posibilidades de uso y adaptación de lo que fue la Gerencia de Puerto de Sagunto, un conjunto que abarcaba también «el edificio de Oficinas, el Casino y el Economato o cooperativa de productores», detallan desde la Fundación de la Comunidad Valenciana de Patrimonio Industrial y Memoria Obrera de Puerto de Sagunto (FCVPI).

«La Ciudad-Jardín de los Ingenieros era un área residencial de alto nivel para directivos, con grandes viviendas y en un entorno ajardinado» JOaquín revert | historiador y experto en patrimonio cultural

Una de las viviendas sin reformar. / Tamara Villena

Las construcciones de esta 'factory town' «contribuyen a distinguir los tres niveles de segregación por clase social que se daban en Puerto de Sagunto: las viviendas obreras constituyendo barriadas, la zona de chalets adosados en los lindes urbanos del recinto de la Gerencia construidos en los años 50, destinados a cuadros medios de la empresa, y las mansiones residenciales para altos cuadros directivos de la Ciudad de los Ingenieros», explican desde la Associació de Patrimoni Industrial Valencià (APIVA). «Para el cuerpo técnico especializado y obreros había otras barriadas, como las del Barrio Obrero o las Casas de la Compañía Minera de Sierra Menera, de 1925», apunta Revert. La Gerencia presentaba un entorno distintivo y ajardinado de alto nivel, que generaba «una marcada segregación y diferenciación social», añade el catedrático.

«La Ciudad-Jardín de los Ingenieros fue construida por la CSM entre los años 20 y 50 del siglo XX; para los empresarios y directivos de la empresa», explican desde FCVPI. «El conjunto actual se compone por 22 chalets o mansiones residenciales y su existencia se debe a una calculada intencionalidad de recrear aspectos de las condiciones de vida de los cuadros directivos del País Vasco, tanto en lo arquitectónico como en el entorno ajardinado y residencial», comenta Sonia Garcés desde la Associació de Patrimoni Industrial Valencià (APIVA). «Respondía al deseo de la CSM de ofrecer a su personal ejecutivo, originario de Bilbao, un entorno agradable y peculiar, concebido como una síntesis de campo y ciudad. Este núcleo residencial limitaba con la avenida que lo separaba de los barrios obreros, y se hallaba intermediado por los edificios del Casino y las oficinas. Por el extremo sur, se separaba de la siderurgia a través de una pantalla arbórea», orientan desde la fundación FCVPI.

«Su existencia se debe a una calculada intencionalidad de recrear aspectos de las condiciones de vida de los cuadros directivos del País Vasco» Sonia Garcés | Associació de Patrimoni Industrial Valencià

Las casas «se fueron construyendo progresivamente cada una de ellas -explica Revert-. Algunas son unifamiliares y otras son adosados (dos bloques del lado Sur). Las primeras viviendas, las más antiguas, son las recayentes a la zona Este de la parcela de la Gerencia», concreta el experto. «Se disponen pareadas y en hilera, rodeadas de jardines y calles arboladas, con una pequeña plaza y una zona de juego infantil», aporta Garcés. «Otro ejemplo de este tipo de 'ciudad' en nuestro entorno son los llamados Chalets de los Periodistas, al inicio de Blasco Ibáñez», indica Gradolí.

El conjunto de la Ciudad-Jardín estaba formado por 22 viviendas de inspiración vasca.
El conjunto de la Ciudad-Jardín estaba formado por 22 viviendas de inspiración vasca. / Tamara Villena

«Esta ciudad industrial se tomó como modelo para las urbanizaciones de calidad» CARMEL GRADOLÍ | ARQUITECTO Y RESPONSABLE DEL ESTUDIO DETALLE SOBRE LA GERENCIA

La intención era clara: sentirse como en casa, por fuera y por dentro. Viviendas que fuesen hogar, y que lo pareciesen. Uno tan lejano como presente, a través de evidentes toques norteños, en una escenografía expresamente evocativa. «El estilo de la Ciudad Jardín puede adscribirse al estilo regionalista o neovasco, que se desarrolla en el País Vasco entre 1920 y 1930», comentan desde FCVPI. «Es especialmente valiosa la riqueza y diversidad de recursos artísticos utilizados en el diseño arquitectónico de estos inmuebles», asegura Garcés, como historiadora de arte. «En el exterior aparecen detalles de carácter historicista entre los que destacan balconadas con columnas toscanas, columnas salomónicas dentro de nichos como soportes de ventanas geminadas o carpinterías externas lacadas en verde, algo propio del País Vasco», apuntan en FCVPI. «Esta importación vasca le suma interés, ya que se trata de una arquitectura que si bien hoy nos puede parecer pintoresca y fuera de lugar, responde perfectamente a un momento y es un elemento de la memoria histórica de Puerto de Sagunto», indica Gradolí. «Las de edificación más antigua responden a una profusión de elementos decorativos eclécticos a tenor de las cornisas en ventanales, balcones esquinados en chaflán, jambas columnadas, existencia de atrios o vestíbulos ajardinados», agrega Garcés desde APIVA.

Variedad estilística y raíces norteñas
Iglesia parroquial de Nuestra Señora de Begoña. / Tamara Villena

Para Revert, la complejidad estilística del conjunto no se limita a los matices 'vascos'. «Efectivamente, algunas de las mansiones de la Gerencia recuerdan por la composición de las fachadas, la ordenación de las volumetrías, los tejados y ventanales, a la arquitectura vasca», reconoce el historiador. Pero estos toques, a ojos expertos, cuentan mucho de ese origen importado desde Inglaterra por Sota: «Este modelo residencial de vivienda unifamiliar o adosado de gran tamaño en un amplio entorno ajardinado es propio de la tradición urbanizadora moderna inglesa, dentro del modelo 'howardiano', propuesto por sir Ebenezer Howard -detalla-. La idea era incorporar a la ocupación del territorio, colonizado industrialmente, esos conceptos ingleses de principios de siglo XX sobre crear entornos urbanos próximos a zonas de producción, pero con alta calidad de vida y ajenos a la especulación, con amplios viales, comodidad de acceso, modernas normas de higiene y servicios integrados a modo de espacio comunitario», aclara el doctor. «Se suma a otros casos de ciudades-jardín implantados en Inglaterra, Alemania, Estados Unidos o en la propia península Ibérica; en Huelva, Bilbao, Málaga, Guetxo y más tardíamente Madrid y Sevilla», matiza.

Las peculiaridades arquitectónicas de estas casas «no eran habituales en la costumbre constructiva valenciana -explica- y evidencian una notable riqueza estética. Por ejemplo, «la línea de adosados del frente sur de la Gerencia tiene un estilo Art Decó, novedoso en la época y de tendencia internacional», concreta Revert.

Sin embargo, la influencia vasca destaca en la Gerencia, más allá de las viviendas de la Ciudad-Jardín. Se importaron también las devociones del norte y se edificó en Puerto de Sagunto la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Begoña, en honor a la patrona de Bilbao y con clara inspiración de la basílica bilbaína.

Más de cien bombardeos

El lujo de sus calles ajardinadas vivió dos épocas de esplendor: «Una previa a la Guerra Civil y a los ataques de la aviación fascista sobre el poblado industrial por su carácter estratégico para la industria militar durante la guerra», relata Revert. «Fue durante los años veinte cuando la siderurgia saguntina alcanzó los más altos niveles en la producción de hierro, acero y laminados», coincide Sonia Garcés. Pero la crisis del 29 trajo movimientos obreros, huelgas y despidos que llevaron al cierre de la CSM en 1933. Años convulsos para una fábrica que pendía únicamente del hilo de la II República, tras el decisivo encargo de construir 25.000 toneladas de vías férreas que salvaron a la empresa del fin definitivo. Durante la Guerra Civil, Puerto de Sagunto permaneció fiel al bando republicano, como un enclave industrial enormemente decisivo tras convertirse en 1937 en la única fábrica siderúrgica que le quedaba al gobierno republicano, instalado en Valencia. Un año más tarde, la República reconocía su resistencia con un Distintivo al Valor por haber soportado más de cien bombardeos.

Las mansiones muestran una amplia diversidad de detalles historicistas, como las balconadas, testigo del pasado industrial y bélico de la localidad.
Las mansiones muestran una amplia diversidad de detalles historicistas, como las balconadas, testigo del pasado industrial y bélico de la localidad. / Tamara Villena

En 1940, ya finalizado el conflicto civil, la CSM fue definitivamente absorbida por los Altos Hornos de Vizcaya, empresa que aquí pasó a nombrarse Altos Hornos de Vizcaya-Fábrica de Sagunto (AHV-FS), hasta que a mediados de los setenta se renombró definitivamente como Altos Hornos del Mediterráneo (AHM). La siderúrgica optó por hacerse cargo de todos los servicios sociales básicos de sus trabajadores, más allá del ámbito laboral: sanidad, educación, vivienda o economato. Una efectiva manera de lograr que sus empleados se identificasen con la empresa y realizasen sus tareas con mayor esfuerzo e interés. La compañía se esforzaba por atender las necesidades de la población que crecía alrededor de la siderurgia saguntina: «Ante la tradición agrícola y comercial del Sagunto secular, se unía una gran masa de población asalariada, que en un principio procedía de las cercanías del municipio, fusionándose con los primeros ingenieros vascos de la Compañía Siderúrgica -expone Revert-. Pronto se unieron pobladores de la comarca de la Costera (Font de la Figuera) para la construcción del tren minero a Ojos Negros, lo cual atrajo a una gran población de comarcas interiores valencianas y aragonesas que llegaban a Sagunto buscando una vida mejor», narra el historiador.

Durante la Guerra Civil, Puerto de Sagunto permaneció fiel al bando republicano

«La Gerencia vivió su segunda época dorada durante los años cincuenta», continúa Revert. «Tras la contienda civil, la plantilla trabajadora se fue ampliando hasta llegar a los cerca de 6500 puestos directos en los sesenta», concreta Garcés. «En los sesenta y setenta, la previsión de una ampliación en las instalaciones siderúrgicas atrajo también a la población andaluza y extremeña, forjando un crisol de culturas y formas de entender la vida», explica el historiador. El rol paternalista empresarial de AHM funcionaba: «Depender de un salario semanal o mensual generaba otra proyección y otra mentalidad a la hora de organizar la vida y el futuro familiar. La educación o las prestaciones sanitarias o de ocio y consumo también fueron tuteladas por la empresa, especialmente bajo la dictadura. La enseñanza primaria y, especialmente la profesional, estaban bien consolidadas en Puerto de Sagunto gracias a la Escuela de Aprendices y las familias obreras veían en esta formación un futuro esperanzador para sus hijos como operarios de la fábrica. Pero, sobre todo, muchos fueron remitidos a estudios universitarios como superación de las condiciones de vida obrera», detalla Revert, también miembro de la Asociación de Amigos de la Escuela de Aprendices.

Una de las zonas abandonadas de la antigua Gerencia.
Una de las zonas abandonadas de la antigua Gerencia. / Tamara Villena

«Una derrota de la clase obrera»

«El declive de la Gerencia comenzó con el cierre de los AHM en 1984», relata Garcés desde APIVA. La clausura de la siderúrgica supone el principio del fin y abre la veda a la progresiva despoblación de Puerto de Sagunto y sus instalaciones. «La Ciudad-Jardín de los Ingenieros fue abandonada paulatinamente a partir del cierre de AHM», detallan en FCVPI. «La última familia sale en 1995», concreta el historiador. «Fue una época de lucha obrera a todos los niveles, no solo en la factoría, sino también se contaba con el apoyo de la población -relata Garcés, cuyo padre formaba parte de la plantilla de la siderúrgica-. Se crearon asambleas de estudiantes y de mujeres que apoyaban ese movimiento. El cierre fue bastante traumático, ya que suponía una derrota de la clase obrera», concluye. La lucha fue mucho mayor de lo que se recuerda: «Se organizaban manifestaciones en Sagunto, Valencia, Madrid. La plantilla trabajadora hizo paros, huelgas de hambre… Se cortaban las carreteras, se hacían caceroladas, se convocaban congregaciones continuamente», rememora la historiadora desde APIVA.

«Fue abandonada paulatinamente a partir del cierre de AHM» Sonia Garcés | Associació de Patrimoni Industrial Valencià

«La Gerencia es una parte esencial del pasado industrial de los valencianos - destaca Revert-. Pero no la única», matiza el historiador, que insta a una mirada más amplia sobre el entorno de esta construcción. «El conjunto no se entiende sin el resto de barriadas obreras y otras instalaciones que configuraron el poblado industrial: centros escolares, formación profesional y de secundaria, cines, teatro, centros religiosos, economato, sanatorio, etc. Tampoco se comprende como espacio histórico y urbano sin los restos de la zona productiva de la factoría: naves industriales, horno alto, embarcadero o puerto, ferrocarril a Ojos Negros y talleres generales», apunta el especialista.

Pintadas en la fachada de una de las mansiones abandonadas.
Pintadas en la fachada de una de las mansiones abandonadas. / LP

Tras el deterioro económico y el declive del poblado, la Gerencia perdió importancia histórica y patrimonial, pero no como zona de especulación urbana. Se llegó a plantear la demolición del conjunto poco antes de que la compañía siderúrgica Arcelor, heredera de AHM, se convirtiese en la propietaria de los terrenos, donde pensaba «derribar una parte importante de la Ciudad-Jardín para «construir grandes bloques de viviendas de nueva obra en un lugar privilegiado de este núcleo urbano: cerca del mar, en zona comercial y céntrica del poblado portuario de Sagunto», explica Revert. Pero esta vez, el movimiento cívico sí logró una victoria: el intento urbanístico «consiguió paralizarse por la lucha ciudadana organizada alrededor de la Comisión Ciudadana para la Defensa de la Gerencia», explican desde FCVPI. Después del triunfo, «hubo iniciativas populares de adecentar, pintar o limpiar la zona durante toda la década de los noventa y la presión urbanística se vio contrarrestada por una intensa actividad y movilización cívica desde 1995 bajo el grito de '¡Gerencia pública, ya!», continúa el historiador.

El entorno de la Ciudad-Jardín, rehabilitado parcialmente. / Tamara Villena

La disputa se cerró finalmente años después, «con la adquisición pública de esos terrenos mediante permuta con la empresa propietaria», apunta el experto, por lo que a día de hoy, «es de propiedad municipal en exclusiva», según afirman desde las fundaciones FCVPI y APIVA. Sin embargo, con anterioridad al cierre de la factoría, el cuidado de estas viviendas residenciales ya comenzaba a ser precario: «Al fin y al cabo, la propietaria de las casas era la empresa y en algunos casos se ofreció adquirirla a sus inquilinos. Con los terrenos y viviendas ya desocupados, a principios de los 2000 el entorno cayó en un profundo deterioro, sólo aliviado por las puntuales intervenciones culturales y ciudadanas que celebraban algún acto en sus inmediaciones para reivindicar su existencia», relata Revert. «Fue simbólicamente impactante en la mentalidad de la ciudadanía romper en 1997 las cadenas que mantenían aquel 'Vaticano' cerrado al público y ver entrar a cientos de familias por un espacio urbano que hacían suyo mientras paseaban y lo contemplaban», añade el doctor.

Y sin embargo, «no tiene nivel de protección patrimonial», aseguran desde FCVPI. «Está incluida en el inventario de bienes etnológicos de la Conselleria de Educación», concretan desde la fundación. «En julio de 2004 se solicita por parte del Ayuntamiento que todos esos elementos urbanos y conjuntos de barrios vinculados al origen y pasado minero siderúrgico de Sagunto se declaren áreas de rehabilitación de zonas degradadas -comenta Revert-. Mientras tanto, la conselleria de Cultura bajo el gobierno del Zaplana desestima en 2002 incoar el expediente para convertirse en Bien de Interés Cultural e indica que sea el propio consistorio local quien declare Bien de Relevancia Local esta zona de la Gerencia», explica el historiador. Desde el Ayuntamiento de Sagunto no han realizado ninguna declaración al respecto a este medio.

Fachada rehabilitada de una de las casas, simulando con pintura las ventanas tapiadas.
Fachada rehabilitada de una de las casas, simulando con pintura las ventanas tapiadas. / Tamara Villena

Memoria colectiva para la gestión del patrimonio

Ahora, las ruinas y restos de las 22 viviendas que formaban esta Ciudad-Jardín siguen recordando las viejas glorias de un pasado que permanece en una memoria colectiva cada vez más lejana, a la espera de un uso que ponga realmente en valor la importancia patrimonial de lo que fue un punto económico clave para el país. Una tarea para la que no se puede obviar a la ciudadanía. «A día de hoy, la memoria colectiva sigue presente, en el relato de los antiguos trabajadores y la población -opina Garcés, que vivió parte de esta narrativa en su propia familia-. La sociedad civil debe participar en la toma de decisiones de uso y gestión del Patrimonio Industrial, aportando nuevas narraciones patrimoniales para repensar la ciudad a través de la memoria histórica», declara desde APIVA.

«La rehabilitación que debe ser planificada y contar con todos los sectores de la sociedad» Joaquín Revert | Historiador y especialista en patrimonio cultural

A pesar del estudio encargado por el Ayuntamiento para establecer posibles futuros usos de las viviendas, pero las casas continúan en un crítico estado de conservación. «El Estudio Detalle de la Gerencia que redacté trataba de ordenar el conjunto -explica Gradolí, autor del documento urbanístico-. No he seguido participando en su implementación y desconozco si se ha avanzado en ella y el estado en que se encuentra», asegura el arquitecto. En los últimos años, «se han realizado intervenciones por parte de la Escuela Taller del Ayuntamiento de Sagunto respecto a las fachadas y vanos en las viviendas, la apertura del paseo peatonal central de la Ciudad-Jardín, la rehabilitación exterior de una vivienda y la rehabilitación completa del inmueble de oficinas», especifican desde FCVPI.

Aunque para algunos, la dejadez es parte de su encanto. «Unas están rehabilitadas, pero a las que no, es una pena quitarles toda la naturaleza que tienen alrededor», opina una vecina que acude a diario a las casas para dejar comida a sus únicos habitantes: gatos (y en decenas). No es la única: «El estado de abandono puede haber contribuido a la degradación de la edificación, pero también ha producido una apropiación espontánea del conjunto por parte de la naturaleza que aporta unos valores de paisaje y biodiversidad que hemos de apreciar y conservar-asegura Gradolí-. Aporta interés paisajístico, con especies de interés botánico y una interesante relación entre urbanismo, arquitectura y vegatación que crea rincones y espacios realmente valiosos», opina el arquitecto.

Parte por rehabilitar de la antigua Ciudad-Jardín.
Parte por rehabilitar de la antigua Ciudad-Jardín. / Tamara Villena

«No tiene sentido mantener la Gerencia si no es para integrarla en la recuperación del conjunto de ese pasado industrial y obrero de la ciudad factoría -opina Revert-. Una rehabilitación que debe ser planificada y contar con todos los sectores de la sociedad, aunque considero que ese patrimonio urbano no debe ni puede concebirse como un parque temático», concluye el historiador. Las posibilidades de uso de la Ciudad-Jardín son variadas: campus universitario, zona de servicios sociales y de ocio, alquiler para empresas jóvenes, residencia para mayores… Pero eso sí, «al menos una de las viviendas debería poder explicar aquellas condiciones de vida de los directivos», recomienda Revert. «La finalidad de la Gerencia no puede decidirla un técnico, ni siquiera el propio Ayuntamiento por sí solo -considera Gradolí-. El Consistorio local debería abrir un proceso de implicación colectiva para establecer necesidades, capacidades y compromisos en una recuperación que va a ser costosa y complicada y que, por tanto, requerirá aplicar mucha energía ciudadana», recomienda el especialista.

Las ruinas de la Ciudad-Jardín de los Ingenieros muestran la urgencia de una intervención planteada con una intencionalidad que vaya más allá de la mera contemplación. La evocación histórica y funcionalidad cívica deberían ser moneda de pago a la lucha y victoria social sobre el derribo, especulación y amenaza de la presión urbanística en Puerto de Sagunto. La formulación del correcto uso del patrimonio industrial no es sencilla, pero sin duda se basa en la protección de la memoria colectiva y en evitar esa desidia que relega la historia a escombros.

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