La vida en patinete eléctrico en valencia

«Me he quitado disgustos, se acabó dar vueltas para aparcar». El día a día con el medio de transporte de moda en la ciudad

Osiris con su medio de transporte habitual. / Paco Sánchez
MÓNICA LÓPEZ

Con 350 kilómetros a sus espaldas en dos meses y medio, Osiris vive más tranquilo desde que usa el patinete eléctrico. Se acabó pelear por aparcar el coche o recibir una bonita dedicatoria de la policía porque hace tres meses lo dejamos en doble fila. «Me he quitado disgustos», asegura este joven valenciano.

Patinetes en Valencia

El uso que le da a su patinete eléctrico se reduce a trayectos cortos entresemana, especialmente para ir desde Mislata a su puesto de trabajo en el polígono Vara de Quart de Valencia. En estas idas y venidas, sin aparente importancia, se ha ahorrado tiempo y dinero. Y es que para Osiris, de 33 años, el patinete es un medio con una mayor «inmediatez», el camino es más directo que con un coche. Además, se ahorra el trágico momento de entrar a su vehículo después de haber estado aparcado seis horas al sol.

Cómo decidirse

A pesar de llevar más de un año queriendo comprar el ansiado patinete, Osiris lo tiene desde hace apenas dos meses y medio. En un principio, solo encontró el modelo que quería en plataformas de venta online asiáticas con precios muy elevados. Tuvo que esperar.

La bicicleta no era una opción para él por el problema del calor. Al final, cuando los patinetes eléctricos se normalizaron en el mercado español, se decantó por un modelo chino con un precio de 380 euros, velocidad máxima de 25 kilómetros por hora y autonomía de 30 kilómetros (según la marca), aunque Osiris lo reduce a 20.

Modelo del patinete de Osiris.
Modelo del patinete de Osiris. / Paco Sánchez

El diseño fue el motivo principal que le llevó a escoger este modelo, pero también tuvo en cuenta la relación calidad-precio, pues los patinetes más potentes pueden sobrepasar los 1.000 euros. Además, al tratarse de un modelo bastante demandado, no hay problemas con los recambios de piezas, un aspecto que agradeció cuando se le pinchó una de las ruedas.

Por que sí, las ruedas de los patinetes, también se pinchan, y según Osiris, las tiendas de bicicletas están sacando provecho de estas reparaciones. Cuando acudió al taller de bicis, un sitio que «jamás en la vida había pisado», dos patinetes más esperaban su sesión de chapa y pintura. Y el suyo, no solo se sometió a un cambio de rueda, sino a toda una serie de arreglos para optimizar su uso.

«La acera es más peligrosa»

En este tiempo utilizando el patinete, el joven no se ha librado de algún que otro susto. El mayor inconveniente para él es no saber por dónde debe ir. Cuando puede, va por el carril bici, pero en algunos tramos es inevitable tener que circular por la acera.

Osiris considera que «la acera es más peligrosa que la carretera». «El mayor susto fue cuando pasé por un bar, y al lado había un hombre sacando dinero en un cajero, se giró y nos rozamos, pero le podía haber dado», relata. «La gente no está acostumbrada a que un patín o una bici vaya a su lado, y tampoco tienen ojos en la espalda».

El valenciano asume que «nunca tiene la prioridad», pero tras un episodio en el que un coche no le dejó pasar en un paso de cebra, se pregunta «quién tiene la responsabilidad en un accidente». El joven plantea si se debería equiparar su medio de transporte a la bicicleta, porque asegura que «con una bici corre más que con su patín».

Manillar del patinete eléctrico.
Manillar del patinete eléctrico. / Paco Sánchez

Su salvación son las múltiples ciclo calles de su barrio, una vía unidireccional con una velocidad máxima de 30 kilómetros por hora, en la que la bicicleta tiene preferencia. Osiris nos explica que «no pretende ir por avenidas de cuatro carriles», pero que por calles de una sola dirección donde hay una velocidad límite muy reducida, el patinete también podría circular.

Otro de los percances que ha tenido desde que se compró el patín es ser multado. En esta ocasión, asumió su culpa, pues iba en contradirección. El importe que tuvo que abonar fue de 30 euros, lejos de los 300 que había acumulado por multas de aparcamiento con su coche.

Apto para los más torpes

Osiris se considera una persona patosa, y asegura que no ha tenido problemas a la hora de adaptarse al patinete. Su modelo tiene un único botón desde el que se enciende, se apaga y se conectan las luces. El freno y el acelerador en el manillar tampoco crean mayor confusión.

Las 20-22 horas de autonomía, que le atribuye el valenciano a su patinete, le dan de sobra para sus cuatro trayectos diarios. Aunque especifica que cuando la batería baja del 50 por ciento, la velocidad disminuye notablemente, así que nunca la gasta al máximo. Las cinco horas de carga al completo, se reducen entonces a dos.

Aunque es posible cerrar y bloquear el patinete con una aplicación en el móvil, no suele dejarlo aparcado en la calle. O lleva sus 12 kilos a mano, o lo guarda plegado en el maletero del coche, pero reconoce que para llevárselo a sitios como el cine no es tan cómodo.

El patinete se pliega fácilmente en unos segundos.
El patinete se pliega fácilmente en unos segundos. / Paco Sánchez

Esta combinación de vehículo y patinete parece ser una buena opción para ahorrarse la frustración de no encontrar aparcamiento. Osiris aparca en alguna zona de Valencia menos transitada, saca el patinete del coche y va al centro, evitándose la misión imposible de estacionar.

«Vivo más tranquilo»

Al final, a nuestro usuario del tan polémico patinete eléctrico, le compensa su uso. «Vivo más tranquilo», asegura. «En mi caso no paso calor, me da constantemente el aire y también mola porque te da el sol y no estás metido todo el rato en el coche».

«No tengo que estar pendiente de semáforos, multas y dónde aparcar», y esos son para él los principales beneficios del patinete. Además, del ahorro de tiempo y gasolina que ha experimentado en estos dos meses y medio, «esos 350 kilómetros en patinete, en coche hubieran sido 100 más». «Me he quitado disgustos», confiesa.

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