La aventura de emprender contra la despoblación

El entorno rural ofrece recursos naturales para desarrollar iniciativas pero se torna en un hándicap debido a la escasez de inversión y servicios básicos. En la Comunitat ya hay más de un centenar de proyectos que tratan de frenar el éxodo

Un grupo de jóvenes excursionistas observan la caída del sol en Aras de los Olmos. /LP
Un grupo de jóvenes excursionistas observan la caída del sol en Aras de los Olmos. / LP
MAR GUADALAJARA

A contracorriente y sin nada que perder, ellos deciden quedarse cuando todos quieren marchar. Una idea o un proyecto les ronda en la cabeza y allí, en una localidad habitada por menos de 500 personas, encuentran aquello que necesitan para emprender. Hace doce años que Consuelo Zacarés cambió la ciudad de Valencia por Chelva. «Me quiero ir de aquí, en cuanto pueda me voy, a ver si hay suerte». Como si se tratara de una expresión popular o de una jerga propia de la zona, es lo que más se escucha entre los vecinos. A pesar de ello, Consuelo consiguió su objetivo y con orgullo ahora se presenta como «una emprendedora rural», describiendo la labor de quien , como ella, está en medio de una lucha cuerpo a cuerpo contra la despoblación. El entorno rural les ofrece condiciones y recursos que han sabido aprovechar para iniciar sus propios negocios. Pero supone, a su vez, un hándicap; los servicios básicos escasean tanto como las ayudas o la inversión para partir desde cero en las zonas del interior. En la Comunitat hay alrededor de 120 proyectos batallando por reactivar localidades en peligro de extinción.

En 2017 el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, anunciaba con urgencia un paquete de medidas para garantizar empleo, bienestar y servicios públicos contra la despoblación. Más de dos años después, con la reciente creación de la dirección general de la Agencia Valenciana Antidespoblación, las promesas son las mismas. Mientras, el goteo es constante; poblaciones como Titaguas pierden habitantes, cinco al año en este caso. Hay un centenar de municipios en el interior de la Comunitat al borde del vacío.

Ante tal diagnóstico, sólo cabe la opción de aferrarse a cualquier oportunidad. Consuelo la encontró gracias a los fondos europeos Leader.

Consuelo Zacarés junto a cultivos de la zona con los que realiza los productos cosméticos.
Consuelo Zacarés junto a cultivos de la zona con los que realiza los productos cosméticos. / LP
Consuelo Zacarés | Cosmética natural 'Consuelo Zacarés' Una gama de cosméticos cien por cien valencianos

«Siempre me obsesionó saber qué llevaban realmente las cremas y cosméticos que usamos a diario, además me interesaba el enfoque terapéutico que pudieran tener si lo hacía yo misma», explica Zacarés, que fue así como se inició. Llegó a Chelva para intentar impulsar su propio laboratorio en el que poder crear cremas, personalizadas para cada cliente. «Pero todo se fue complicando y para poder introducir mis productos en el mercado tuve que cambiar el procedimiento, por cuestiones de seguridad, la ley te lo prohíbe y pese a ser cien por cien naturales, debes cumplir unos requisitos», añade. Intentó crear una cooperativa sin éxito «porque en esta autonomía es todo muy costoso y complicado». Al final dio con un laboratorio artesanal que le permite replicar sus fórmulas o le facilita el espacio para realizarlas por sí misma.

«Se van porque aquí hay que arriesgar mucho» Consuelo zacarés

Cada una de las materias primas que usa son valencianas. «Por eso vine aquí, es muy necesario contar con la producción local, prefiero el aceite de esta comarca y si no, pues de la de al lado, pero siempre serán valencianos», explica. Su trabajo repercute en el de la zona: «Ese es mi principal valor», asume. Y reivindica su sacrificio que no se ve reconocido al no tratarse del sector de la alimentación, ya que dice que la gastronomía es lo único que se rentabiliza del mundo rural. «Hay una marca de cosmética cien por cien valenciana y aún no le han dado importancia, tenemos que cambiar esa mentalidad, porque seguro que hay personas tratando de innovar en cualquier área y al no ser gastronomía, no se les da el impulso que necesitan». Ese impulso ella lo recibió de Europa. Con las ayudas para el desarrollo rural consiguió una inversión inicial de 60.000 euros, pero tras más de diez años mantener la actividad no es tarea fácil. «Supone mucho dinero, muchas trabas y mucha burocracia, la gente se marcha porque aquí hay que arriesgar mucho», argumenta para después reclamar: «Necesitamos apoyo institucional».

Javier Sebastián, paisajista, trazando una de las rutas guiadas que ofrece a través de 'Amigos del Paisaje'.
Javier Sebastián, paisajista, trazando una de las rutas guiadas que ofrece a través de 'Amigos del Paisaje'. / LP
Javier Sebastián | Rutas guiadas 'Amigos del Paisaje' Una experiencia en la naturaleza en el Alto Turia

«La principal necesidad para emprender en ámbito rural es una rebaja de impuestos en estas zonas, para seguir trabajando y no acabar muriendo definitivamente. Porque la rentabilidad es escasa», señala Javier Sebastián. El joven valenciano decidió «reengancharse a la naturaleza». Así explica cómo creó un sistema de excursiones y rutas de senderismo llamado 'Amigos del Paisaje'. «Mi mayor dificultad es hacer frente a los pagos como autónomo y también darme a conocer», se sincera Javier que, por ahora, ha conseguido ser un referente en la zona. A sus 38 años vive de su iniciativa en Aras de los Olmos, una localidad que no llega a los 400 habitantes. «Si sientes que tienes los recursos y la capacidad para acometer un proyecto, creo que no hacerlo es un error», dice tajante, animando a los indecisos. Pero con una condición ineludible: «Colaborar o morir». Es el mantra que repiten a diario quienes han sacado adelante una empresa en una zona rural. Emprender en una población desfavorecida por la despoblación puede servir de apoyo para otros negocios locales. Javier, con sus actividades y rutas de senderismo por la serranía, está proporcionando clientes a restaurantes y hospedajes. «Colaboro con muchísimas empresas, que trabajan, como yo, pensando en la comarca. Trabajo directamente con esas personas, por lo que con mi esfuerzo y el de todos ellos generamos juntos riqueza, empleo y oportunidades en la zona», explica.

«Con mi esfuerzo genero empleo y apoyo a otros» Javier Sebastián

No se rinde y confía en que surjan nuevas ideas que puedan frenar el éxodo de los jóvenes, aunque es consciente de las dificultades: «Si queremos que la gente joven emprenda deben ayudarnos. Es cierto que no todo vale en las zonas rurales. Por eso, cada caso se debe estudiar y valorar. No se trata de tirar dinero, se trata de gastarlo en quienes aportan valor y calidad», insiste.

Ángela del Castillo junto a su potente telescopio.
Ángela del Castillo junto a su potente telescopio. / LP
Ángela del Castillo | Escuela de ciencias 'Cosmofísica' Turismo astronómico en el altiplano de la serranía

Ángela del Castillo cambió Barcelona por el altiplano en el que se sitúa la localidad de Titaguas buscando la oscuridad. Ese punto exacto de la serranía le ofrece una visión perfecta de los cuatro puntos cardinales. «Este es un lugar especial, aquí he podido cumplir mi sueño, siempre he sido una astronauta frustrada», dice Ángela entre risas. Ahora puede dedicarse a enseñar astronomía a escolares y turistas.

Compró un terreno en el que montó una edificación. En lo más alto instaló un planetario, habilitó aulas, una zona dedicada al museo y una parte para hospedaje. Invirtió en el material de mayor calidad, un telescopio potente con el que poder ver hasta los anillos de Saturno «para poder garantizar una experiencia única». Su proyecto fue premiado por ser una iniciativa novedosa y ella también ha sido galardonada como mujer empresaria rural. El balance final: más de 14 años de esfuerzo, una hipoteca y una inversión de un millón de euros.

«Hay ideas pero faltan ayudas» Ángela del castillo

Ángela agradece el impulso que le dieron los mismos fondos europeos Leader. «Aunque estoy agradecida por los 100.000 euros que aportaron, resulta muy costoso el mantenimiento de una instalación así», reconoce. Y critica que «siempre haya ayudas para el turismo de playa y de costa, pero no se apoye a las iniciativas rurales. Ahora gracias al fenómeno del 'astroturismo' y al boca a boca empezamos a ver mayor afluencia». Para Ángela la clave está en el apoyo y la publicidad. «Gracias a los ayuntamientos de varias localidades de la zona, nos han concedido el título de Reserva Starlight». Ella cree que ese mismo entorno rural que la gente rechaza podría dar fruto a cientos de proyectos si hubiera más inversión. «Ideas hay muchas pero faltan ayudas», claudica. Para los emprendedores de lo rural, sólo cabe seguir a contracorriente.

La rentabilidad de las zonas rurales más allá de la agricultura

La cuestión demográfica en las zonas rurales se torna insostenible. El imparable envejecimiento de los que aún permanecen habitando estas comarcas empeora el efecto de la despoblación, que ya hace estragos.

Los servicios de las localidades dependen únicamente de esta cuestión: cuántas personas ocupan el territorio por metro cuadrado. La deficiencia de las prestaciones públicas básicas arrastra consigo un lastre, que implica cero inversión. De esta rueda parece imposible salir. Rentabilizar el entorno rural más allá de las actividades agrícolas y ganaderas parece la única esperanza.

«No se pueden medir las prestaciones que se implantan en función del número de habitantes» david torres

«Gran parte de la responsabilidad está en las administraciones, no se puede medir la inversión en servicios por el número de personas que habitan en un entorno», reconoce David Torres, director general de Desarrollo Rural de la Comunitat. Defiende la idea de rentabilizar el mundo rural creando empresas que desarrollen otras actividades. «La cuestión no trata de dedicarse al campo o a la agricultura, la clave es que el campo sea rentable, que la personas que viven allí puedan hacerlo en buenas condiciones y se puedan asentar en el territorio», añade.

Torres reconoce que los servicios son precarios, hace falta infraestructuras y sobre todo «inversión». Tal y como explica el despoblamiento «es una expulsión de la gente que se quiere quedar pero no tiene más remedio que irse. Imagina que en la ciudad no hubiera escuelas o hospitales cercanos, ni limpieza o las carreteras estuvieran en mal estado, nadie querría quedarse en las ciudades».

Una cuestión depende de otra, si no hay buenas prestaciones no habrá inversiones. Son pocos los que apuestan por impulsar proyectos rurales, que puedan servir de inyección para estas comarcas. En este sentido, el director de Desarrollo Rural lo tiene claro: «Debemos educar a quienes viven en la ciudad, no sólo a aquellos que habitan en las áreas rurales. Debemos tener conciencia del valor de nuestro patrimonio ambiental. Invertir en el mundo rural es una oportunidad de preservar el patrimonio, luchar contra el cambio climático, fijar los paisajes y el territorio porque son nuestros pulmones... Eso ayudaría a desmitificar la cuestión de que en el mundo rural sólo se puede trabajar la agricultura y ganadería porque se pueden ofrecer muchos otros servicios».

«Los problemas están identificados, necesitan soluciones y tenemos que actuar ya» David torres

Una inversión que asume que debe ser tanto privada como pública. Por el momento, más allá de las nuevas políticas y estrategias de la Generalitat, la inversión más efectiva viene de Europa. Con las ayudas europeas y gracias a los programas de desarrollo local parece que avanza el entorno económico y territorial del medio rural. Estos programas identifican las necesidades de cada región y conceden presupuesto tanto a entidades privadas como públicas.

Mientras, son muchos los que trabajan en nuevas iniciativas que podrían salvar de la extinción a muchos municipios. Como la petición de instalar residencias de ancianos en aquellos pueblos que ya van quedando deshabitados. Así, los mayores podrían disfrutar de la tranquilidad del campo y estas localidades volverían a disponer de servicios. «Los problemas están identificados, necesitamos soluciones y debemos actuar ya», insta Torres.