Qué pasó por la mente de la madre de Godella

El trastorno está detrás de la mitad de los crímenes con varias víctimas. El caso de Godella revela el peligro de las psicosis y delirios sin un auxilio adecuado para quienes los padecen

Qué pasó por la mente de la madre de Godella
Juan Antonio Marrahí
JUAN ANTONIO MARRAHÍValencia

«No matarás». Quinto mandamiento de la ley de Dios. «Dios me ordenó matarlos». Explicación de María G. M., la presunta parricida de Godella en el hospital, tras ser detenida, junto a su esposo, como sospechosa de la muerte a golpe de sus dos pequeños. Es un crimen terrible que ha conmocionado a propios y ajenos en el que, según las primeras investigaciones, aparece la sombra de los trastornos mentales. En concreto, un posible brote de esquizofrenia.

Las enfermedades mentales tienen una trascendencia ínfima en la mayoría de homicidios, casi siempre por conductas machistas, venganzas, disputas callejeras o delincuencia común. Sin embargo, los trastornos de la mente, en especial los de personalidad, sí tienen presencia significativa de «hasta el 50%» en los crímenes múltiples o matanzas, los que se saldan con dos o más víctimas. Así lo resalta Vicente Garrido, psicólogo, criminólogo y autor de 'Asesinos Múltiples y Otros Depredadores Sociales' (Ariel, 2018). Las madres, agrega, «superan en un 10 o un 20% a los padres en el caso de homicidios de los niños pequeños y se debe, generalmente, a problemas de enfermedad grave o graves dificultades en relaciones interpersonales».

La pregunta que ahora está en boca de todos es esta: ¿Qué le pudo suceder a María G. M.? Pura Beltrán es psiquiatra forense y trabaja en el Instituto de Medicina Legal de Valencia. Bajo su disciplina, ha analizado la mente de decenas de autores de homicidios. Su hipótesis, por lo que se conoce hasta la fecha, es esta: «Aparte de la posible esquizofrenia, según se ha dicho, sin tratamiento alguno, hacía poco que había dado a luz. Esa bajada de hormonas puede generar cuadros de psicosis y descompensaciones de patologías previas». El consumo de drogas, aludido por vecinos y fuentes de la investigación, «puede ser un factor de vulnerabilidad».

Agentes de la guardia civil en la casa de Godella donde aparecieron los dos niños muertos.
Agentes de la guardia civil en la casa de Godella donde aparecieron los dos niños muertos. / Damián Torres

El tándem de estupefacientes y patología mental acarrea desastres. Para empezar, «el consumo de drogas genera una patología mental». Además, ahonda Beltrán, «una esquizofrenia aflora o se desestabiliza por efecto de las drogas. La persona con enfermedad mental es mas vulnerable a estupefacientes. El consumo de drogas, enfermedad en sí, interacciona con la otra y empeora la evolución de ambas».

Y advertencia a los que consideran el cannabis droga blanda: «Hoy, por su mayor pureza, genera gran adicción y mayor número de psicosis». Un reciente estudio publicado en 'The Lancet Psychiatry' vincula por primera vez el consumo de marihuana con la aparición de psicosis. En Amsterdam, donde está legalizada, la mitad de nuevos casos se deben al consumo de cannabis de alta potencia.

Para comprender es preciso penetrar en la mente de quien padece un brote de esquizofrenia. Según la psiquiatra forense, «en fase aguda el enfermo presenta alucinaciones que pueden afectar a sus sentidos, de ahí las voces». Sonidos percibidos como ciertos que, a veces, mandan acciones terribles. «Se unen a los delirios, que son ideas fijas, irrebatibles a la argumentación lógica. No comprenden lo ilógico de lo que están pensando y sus interpretaciones erróneas dan lugar a experiencias confusas y, en ocasiones, comportamientos agresivos».

Delirios religiosos

En diferentes declaraciones, la madre de Godella ha aludido a la «reencarnación» de sus hijos, la «resurrección» o el mandato divino de «matar». Como describe Beltrán, a veces las alucinaciones van unidas a «delirios de contenido místico religioso, o supuestas interacciones con Dios, el Demonio o Satanás. Otras veces el delirio hace creer a quien lo sufre que es el «salvador del mundo», o que la gente de alrededor «quiere hacerle daño y actúan por miedo». También es frecuente la idea de que están «controlados por otras personas». Un delirio poco conocido es el erotomanico. «Creen que son adonis y que todo el mundo está enamorado de ellos, por lo que acaban detenidos por acoso o agresiones sexuales».

Una experta alerta: «El consumo de marihuana está generando, por su mayor pureza, más casos de psicosis»

Para Vicente Garrido, la esquizofrenia más dañina es la paranoia. «La persona vive en un delirio donde, para protegerse ella o a los suyos se ve empujada a realizar un acto de violencia irracional, pero que dentro de ese delirio tiene su lógica». Una persona psicótica pueda oír voces o sentir que alguien le habla en su interior. Pero la alucinación «es lo de menos, lo relevante es que cree firmemente que ha de cumplir con un plan inspirado por Dios, por el Diablo o variantes diabólicas». Es importante «no confundir el delirio religioso o relacionado con fuerzas malignas con la confianza de personas que, por sus creencias sectarias o en cultos malignos, actúa para conseguir logros de riqueza, poder o venganza».

Cambios necesarios

¿Qué debe mejorar tras la desgracia de Godella? Beltrán aboga por actuar con la mayor diligencia «ante los primeros síntomas en enfermos mentales» desde tres campos: a nivel social, «control de familiares y servicios sociales. Los primeros mejor conocen a la persona y ven el deterioro de su conducta». A nivel clínico, admite, «hay dificultad cuando se generan varias patologías. El esquizofrénico carece de centros específicos cuando hay drogas por medio y el toxicómano carece de recursos cuando hay enfermedad mental de base». A nivel judicial sugiere «potenciar el tratamiento ambulatorio forzoso dentro de las incapacitaciones».

Para Garrido, el caso de Godella ilustra las limitaciones del sistema de salud mental y protección social. En el primero, «no existe un control del servicio de salud en los tratamientos ambulatorios en seguimiento de la medicación. No hay enfermeros que se desplacen a los hogares de forma regular para comprobar la evolución de los pacientes. Y si lo hay, su número es insuficiente». En cuanto a la protección de la infancia, «comprendiendo que están saturados y que hay un protocolo antes de solicitar al juez la retirada de los niños a los padres, es obvio que ha de revisarse cuando existen graves señales de alarma», como en Godella.

El psicólogo incide en «el miedo sobre la seguridad de los pequeños por parte de un familiar o indicadores de que en el hogar se da un trastorno mental grave con seguimiento precario, ideas 'extrañas' sobre sectas o fenómenos esotéricos, posible consumo de drogas o condiciones de habitabilidad poco recomendables».

El reputado experto de la Universitat de València resalta que el enfermo mental «suele ser más víctima de él mismo, con los suicidios, que agresor de otros». Y considera que existe «un problema muy grave con el tratamiento de la salud mental» porque «quienes viven en aislamiento o precariedad social difícilmente tienen cuidadores que se ocupen de que la pauta médica sea obedecida, factor peligroso en los casos de delirios con potencial violento». Beltrán ve así el problema: «Ellos no tienen conciencia de enfermedad y, dentro de su patología, dejan de tomar la medicación». Es la temida falta de adhesión al tratamiento. «Entran en un bucle que hay que cortar de algún modo».

Con niños en casa

Todo es aún más delicado con hijos de por medio. Tras el drama de Godella, la Fundación de Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo (ANAR) insta a actuar «con urgencia y no esperar ante la sospecha de que un menor está en riesgo o desamparo». Recibe una media de 1.200 llamadas diarias en toda España. De ellas, al menos tres son casos muy graves que requieren una intervención.

Rodrigo Hernández, responsable de Save The Children en la Comunitat, coincide: «En modo alguno debemos estigmatizar a los enfermos mentales. Con un apoyo adecuado, pueden ser unos magníficos padres, pero si aparece el riesgo debe primar el principio jurídico de interés superior del menor». Ante la duda, aconseja «poner al niño o la niña en el centro y ver qué es mejor para él».

Hernández reconoce que apartar a hijos de los padres «es siempre muy duro, pero la protección del menor es sin duda lo primero». Esto, matiza, «no significa que al mínimo trastorno o problema económico haya que separar al niño de sus progenitores, pero sí con riesgo». Y en esta tarea, reflexiona, «todos y cada uno somos responsables de dar la voz de alarma». El experto urge «una ley orgánica nacional para la protección de la infancia» y unos servicios sociales «efectivos y bien dotados».

CRÍMENES

Andrea Yates.
Andrea Yates.
2001
Texas

Ahoga a cinco hijos tras una psicosis postparto

La tragedia protagonizada por Andrea Yates en Texas en 2001 guarda semejanzas con el caso de Godella. Una madre afectada por depresión, psicosis posparto y esquizofrenia ahogó a sus cinco hijos en la bañera de su casa. Era una fiel creyente y llegó al convencimiento de que estaban poseidos por Lucifer, concibiendo el ahogamiento como medio para salvarlos. La idea de inmersión en el agua también aparece en el crimen de Godella, pero con otro sentido. El compañero de María dijo a la Guardia Civil que ella iba a entrar en la piscina «para reencarnarse en sus hijos».

2002
Gandia. José Luis J. T.

«Mi madre es el demonio»

Los trastornos mentales por culpa de la droga tienen su ejemplo más claro en el horror que vivió Gandia en febrero de 2002. José Luis J. T. admitió haber consumido un porro, cocaína, éxtasis y alcohol antes de decapitar a su madre y colocar la cabeza en un armario junto a dos velas rojas encendidas y varias fotografías familiares . Cuando llegó la policía encontró siete cuchillos de cocina por el suelo. El sospechoso oraba junto a su abuela, rosario en mano. Y aseguró: «Mi madre es el Demonio».

José M., condenado por matar a su mujer y a sus dos hijos en Elche.
José M., condenado por matar a su mujer y a sus dos hijos en Elche. / Paco Ucles
2002
Elche. José M.

«El diablo obraba en mí»

José M. consumió alcohol y coca antes de matar a su mujer y a sus dos hijos con un martillo en el barrio de El Pla, en Elche. Acabó condenado a 54 años de cárcel y falleció en prisión en marzo de 2017. El alicantino había estado enganchado a la cocaína entre 1999 y 2001. En diciembre de ese año recibió el alta en la unidad de conductas adictivas de Elche. Pero en las horas previas a la matanza, en abril de 2005, bebió alcohol y consumió otra vez cocaína con un compañero de trabajo. Bajo los efectos de la sustancia regresó a su casa a por dinero y allí se desató una de las peores matanzas de la Comunitat. «El diablo obraba en mí. Aquella cabeza pensó. Dijo que mi mujer prefería morir durmiendo», aseguró después

Mohamed A. declara durante el juicio en 2010.
Mohamed A. declara durante el juicio en 2010. / Damián Torres
2009
Paiporta. Mohamed A.

«Me controlaban con un cristal en la cabeza»

La alteración mental de Mohamed A. sembró el dolor en Paiporta en enero de 2009. Acabó a cuchilladas con la vida de Carolina Planells y dejó gravemente herida a su amiga Susana Pérez cuando ambas salían del pub que regentaban. Durante el juicio se definió como «profeta del Islam que obedecía a una «orden de matar». Ellas, dijo, «me controlaban con un cristal en la cabeza». Fue condenado a más de 30 años de internamiento en un psiquiátrico penitenciario.

Abrazos y llanto tras la tragedia en la calle Tomás de Villarroya.
Abrazos y llanto tras la tragedia en la calle Tomás de Villarroya. / Montañana
2015
Valencia. Shufang Z.

«Unos seres me ordenaron matarlas»

La esquizofrenia arrastró a Shufang Z. a un doble crimen en 2015. Fue en agosto de 2015, en Valencia. Armada con un cuchillo acabó con la vida de su madre y su sobrinade 10 años. Después se lavó, se cambió de ropa, se deshizo de las prendas, tomó un taxi y puso rumbo a Castellón para ira casa de unos parientes. «Unos seres me lo ordenaron», afirmó durante su juicio en Valencia.

El plan de salud mental de Montón, sin efecto

«Ni siquiera hubiera hecho falta ingresar a la madre. Si hubiera una atención profesional sanitaria adecuada, constante, diaria cuando sea necesario, que visite a los pacientes en casas en lugar que esperar a que los lleven quizá el mal se hubiera evitado. Y eso, hoy por hoy, no lo tenemos». Así lo denuncia Gonzalo Nielfa, presidente de Asiem Salud Mental.

Ante casos como el de Godella u otros en los que el trastorno genera riesgo de violencia en el entorno o para el propio paciente, Nielfa no aboga por «atiborrar al enfermo de medicación». Eso, agrega, «ha fracasado y está demostrado». Además de las visitas de especialistas a domicilio, aboga por un «acompañamiento multidisciplinar que incluya el ámbito social, el familiar e incluso laboral, con redes de apoyo mutuo y manteniendo a los pacientes en su ámbito social más cercano».

Hace ya tres años, Carmen Montón presentó la llamada nueva Estrategia de Salud Mental de la Comunitat. Pero Nielfa no percibe cambios palpables significativos que hayan mejorado la atención. Y lo achaca a «las reticencias de los profesionales a cambiar su forma de trabajar en Psiquiatría».