Los nuevos requisitos para alquilar un piso

Buscar una vivienda se ha convertido en un verdadero reto: los posibles inquilinos se enfrentan a varias entrevistas y a un examen de sus redes sociales

Los nuevos requisitos para alquilar un piso
Gracia M. Morant
GRACIA M. MORANTMiramar

Buscar un piso para alquilar ya no es tan fácil. Si hace unos años los requisitos básicos para acceder a una habitación en cualquier ciudad se centraban en ser fumador o tener mascota, y de forma excepcional te pedían presentar la nómina o en su defecto tener un aval, ahora parece que el escenario ha cambiado. En algunas ocasiones, para encontrar una vivienda en alquiler hay que pasar por varias pruebas de selección, como si de una entrevista de trabajo se tratase, o incluso ser activo en redes sociales. Y es que la demanda de los pisos de alquiler ha subido. Cada vez es más común compartir habitación más allá de los 30 años y existen hasta listas de espera para evaluar al mejor inquilino. No todo vale.

«Hemos dejado de seleccionar los pisos según nuestras preferencias, ahora son los propietarios los que seleccionan a sus inquilinos», cuenta Paloma Pons, una joven estudiante de máster en Valencia. Ella ha vivido una verdadera odisea para encontrar casa con su pareja en la capital del Turia. Tardó unos meses hasta conseguir instalarse en un pequeño estudio de una habitación y un baño. Y para llegar aquí se enfrentó a varias entrevistas, también telefónicas, vio su nombre escrito en una tabla de pros y contras junto a otros tantos y tuvo la sensación de estar vendiéndose para acceder a una vivienda. «Y eso si llegábamos a visitarla, en la mayoría de los casos, al día siguiente de publicar el anuncio ya estaba el piso alquilado», asegura Pons. Como en una cacería, donde todos los ojos apuntan a un mismo objetivo. «Tenía la sensación de estar enfrentándome a una selección de personal como cuando buscas trabajo», reconoce la joven valenciana. Y es que la competencia entre inquilinos está siendo mayor, algo muy influenciado por la subida del precio de la vivienda usada.

EL ALQUILER EN DATOS

El precio de la vivienda usada
cerró en 2018 con un aumento del interanual del 5,9%, según los datos del portal inmobiliario hogaria.net.
En la provincia de Valencia
incremento del precio de la vivienda usada se cifra en el 9,3% durante el año pasado.

«Ya sé que estás trabajando, pero… ¿también estudias?, ¿desde cuándo?, ¿cuál es la relación que tienes con tus padres?, ¿te gusta salir de fiesta?, ¿te gusta viajar?, ¿eres vegano?», estas son algunas de las preguntas a las que se enfrentó Paco Caudeli, nombre ficticio con el que se identifica el joven. Este treintañero, que buscaba piso por el barrio de Benimaclet, atajó con cinco entrevistas para poder entrar a vivir a su actual vivienda cerca de la plaza con el mismo nombre. «Y eso sin contar los contactos que tuve que realizar antes de este piso, las visitas a inmobiliarias o las horas que pasé frente al ordenador buscando en páginas webs», destaca el valenciano. Él buscaba un piso de dos habitaciones para entrar a vivir solo, con la posibilidad de encontrar posteriormente un compañero o compañera. Después de rebuscar, llamar y ponerse en contacto con varias inmobiliarias se dio cuenta de que los requisitos ya no eran los mismos que hace unos años cuando vivía de alquiler con sus compañeros de clase. «Tuve que mentirle a mi casero para poder firmar el contrato», reconoce con resignación. «En el anuncio ponía: 'preferiblemente veganos', parecía que no era un requisito indiscutible, pero al llegar al piso me encontré con seis postulantes más que decían ser veganos y después de varias negativas ya estaba desesperado y decidí mentir, fue como inventarse una vida paralela», asegura el joven banquero. «Mi casero me hizo pasar por cinco entrevistas antes de anunciarme, tal cual, que yo era el elegido para entrar a vivir en este piso», reconoce. Y continúa: «creo que me preguntó hasta en diez ocasiones si era vegano, si comía carne y estas cosas relacionadas, huevos, queso… pero también le preocupaba mi postura sobre el mundo de la meditación, ya que la casa está repleta de piedras, orientaciones... ». «No es que no me importan estas cosas, pero en ese momento solo pensaba en encontrar un piso a buen precio en este barrio (Benimaclet), algo muy complicado debido a la alta demanda», asegura este valenciano. «Finalmente me eligió por tener una nómina fija, y claro, por adaptarme a su estilo de vida, espero que no me visite sin avisar», se resigna Caudeli. Y es que, poner tu vivienda en manos de terceras personas es complicado. Y si el mercado permite elegir, la competición está servida.

En Madrid este efecto se multiplica. Pocos pisos a un precio totalmente desorbitado para unos estudiantes que necesitan seguir sumando títulos porque con el simple grado no pueden encontrar un trabajo acorde a su preparación. Este es el caso de Loles y Blanca, que viajaron de Valencia a Madrid llenas de sueños y esperanzas que se rompieron nada más llegar a la capital.

«Además de pedirte las nóminas o un aval nos hemos encontrado con que conseguir una vivienda en Madrid conlleva muchas exigencias», asegura una de las jóvenes. Los altos precios y la gran demanda complican mucho encontrar una casa en las capitales más transitadas. «Visitamos unos veinte pisos, entre habitaciones individuales y casa completas antes de llegar hasta este piso en Fuencarral», reconoce Blanca. «Una de las entrevistas nos marcó, el chico nos preguntó si usábamos redes sociales, primero pensamos que intentaba ligar, pero luego vimos que tenía en una lista nombres y diferentes apartados con sí o no, entre ellos uno que ponía Facebook… le preguntamos indignadas y resultaba que para poder acceder a las dos habitaciones disponibles teníamos que aceptarlo como amigo, como una forma de seguir nuestros gustos, para saber si seríamos compatibles con él en el día a día, nos dijo», asegura esta estudiante de máster. «Salimos de allí corriendo, el piso era bonito pero este chico no estaba bien de la cabeza», concluye Blanca. Las chicas, que están en prácticas en dos empresas farmacéuticas, se han visto con la necesidad de que sus padres les firmen un aval porque «nadie alquila un piso sin una nómina». Contar con un empleo estable es sinónimo de confianza, por esta razón, lo que hace unos años era un requisito excepcional de algunos caseros muy exigentes, ahora se ha convertido en el pan de cada día. Todos los entrevistados aseguran haber necesitado una nómina, suya o el aval de sus padres, para poder firmar el contrato.

¿Por qué los requisitos se han complicado? Irene Gomar y Lucía Padilla han estado en la otra cara de la moneda. En el lado de redactar una entrevista para encontrar a alguien con quién compartir piso. «Nuestro antiguo compañero de la 'uni' se tuvo que ir y puso un anuncio en una web. La verdad es que contactan muchísimas personas, es fácil encontrar a alguien porque constantemente están entrando estudiantes», reconoce una de las dos estudiantes, cuyos nombres son ficticios, ya que realquilar una habitación de esta forma es ilegal. «Estábamos entre dos personas, un chico que venía a estudiar un máster y otro que era médico y venía a hacer una rotación externa. Al final hicimos la entrevista del primero y la verdad es que nos pareció encantador, ordenado y organizado, que es un poco lo que necesitábamos para un periodo de estudio como el MIR», comenta. Estas dos futuras médicas que viven en Barcelona reconocen que propusieron a todos los posibles inquilinos del piso realizar la entrevista y que «todos estuvieron dispuestos a hacerlas». «Suele ser el procedimiento habitual, al final vas a pasar bastante tiempo con esa persona quieras o no, y está bien que seáis lo más compatibles posibles», reconoce. Entre las preguntas que realizaron: «en un inicio por cuánto tiempo pensaban quedarse, si venían a estudiar o a trabajar y algunas para comprobar que fuese sociable y tolerante, también preguntamos por sus aficiones porque necesitábamos gente tranquila», asegura la joven. Y es que, entre los centenares de mensajes que recibieron de perfiles tan dispares, era muy difícil escoger a una persona que se adaptara al estilo de vida de estas dos estudiantes. Las entrevistas, y conocer a la persona, fue su única salida para dar con el inquilino idóneo. Pero como asegura Irene, «es lo más común cuando buscas habitación, que te hagan pasar por dos o tres entrevistas antes de ofrecerte el sitio».