El pantano arrasó la Ribera

La rotura de la presa de Tous, con sus 120 millones de metros cúbicos de agua embalsados, inundó la comarca de muerte, ruina y desolación

Isabel Domingo
ISABEL DOMINGOValencia

Ciento veinte millones de metros cúbicos de agua que arrasaron 30 pueblos a lo largo de 53 kilómetros en la comarca de la Ribera. De Tous a Cullera. Una inmensa lengua de agua que provocó ocho muertos, 300.000 damnificados, dos pueblos (Gavarda y Beneixida) trasladados de ubicación, 360 millones de euros en daños o que 15.000 personas prestaran su ayuda (entre el Ejército, Bomberos, Guardia Civil y Cruz Roja) para que las zonas afectadas recuperaran la normalidad.

Cuatro juicios y 15 años para que el Tribunal Supremo condenara a un ingeniero y considerase al Estado responsable de la rotura de la presa de Tous al quedar probado que las compuertas de los aliviaderos no pudieron abrirse por una serie de errores. Son algunas de las cifras que dejó la pantanada de Tous, aquel gigante de hormigón que rugió a las 19.15 horas del 20 de octubre de 1982 como aviso de la catástrofe que se avecinaba sobre la Ribera.

A esa hora, la patrulla de la Guardia Civil desplazada a lo alto de una loma cercana al embalse comunicaba a Gobernación Civil la rotura de la presa debido a la erosión provocada por el enorme caudal acumulado y su fuerza. De hecho, las grandes piedras de la escollera se encontraron a más de un kilómetro de distancia. Una noticia que ni el entonces presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo, quiso creerse alegando su condición de ingeniero de caminos. Pero ocurrió, como él mismo comprobó horas más tarde al desplazarse a Valencia.

El Devastador, como se conoce al río Júcar desde la época de la dominación árabe, arrasaba la Ribera al superar la cima de la presa. La ola que se produjo tras la rotura fue de unos 16.000 metros cúbicos por segundo y asoló las poblaciones, que sufrieron una pantanada y una riada al encontrar las aguas la muralla de la AP-7 y la línea ferroviaria y retornar nuevamente hacia atrás.

Tres olas de agua porque en la comarca llovía sobre mojado desde el día anterior, cuando los pluviómetros empezaron a marcar récords históricos. De hecho, a primera hora de la mañana del día 20, el río Sellent se desbordaba como preludio de una jornada negra. Beneixida y Càrcer fueron los pueblos más afectados pero no los únicos. Alcàntera de Xúquer y Cotes también sufrieron y, sobre todo, Gavarda, donde las aguas alcanzarían los tres metros ese mediodía. El alcalde de esta población, por 'motu proprio', ordenaba la evacuación. En Alzira, por ejemplo, se desalojaban los colegios.

Mientras eso sucedía, en la presa de Tous se vivían momentos de tensión ya que desde la noche anterior faltaba la luz y fallaban las comunicaciones. El agua embalsada había alcanzado una cota preocupante y había inutilizado el único grupo electrógeno existente, instalado en una torre ya que los otros dos estaban fuera de servicio por averías, y al que tampoco se podía acceder para abrir las compuertas al haber rebasado su nivel las aguas. Se intentó realizar la maniobra de forma manual sin éxito.

El personal que había en la presa solicitó un grupo electrógeno de urgencia, que quedó bloqueado por las inundaciones y llegó sobre las 14.00 horas. Ya era demasiado tarde. Dos horas más tarde un técnico bajó a un lugar con teléfono y comunicó a Valencia que el agua rebosa unos nueve metros sobre el aliviadero y falta un metro y medio para coronar la presa de escollera. La erosión sobre el cuerpo central del pantano estaba en marcha y las grietas fueron creciendo según aumentaba la violencia de la salida del agua. Hasta cuatro veces se alertó a las autoridades de la imninencia del peligro.

Un camión todoterreno clavado en un socavón de una carretera tras la pantanada. / J. J. Monzó

En Sumacárcer, a las cinco de la tarde, el Júcar había crecido más de 12 metros, inundando el casco urbano. Muchos vecinos se desplazaron, andando, hacia Navarrés, donde fueron acogidos. Sólo se salvaron 90 casas de las 450 existentes.

Sobre las 18.15 horas las emisoras de radio irrumpen su programación. «Señoras y señores, ante la posibilidad de que el embalse de Tous no pueda aguantar la acometida del agua que está recibiendo, ruego a las poblaciones de los municipios de Alberique, Antella, Sumacárcel, Alcántara del Júcar y Rotglá, abandonen sus lugares de residencia, trasladándose a las zonas altas más próximas. No permanezcan en los edificios de las poblaciones. Lleven ropas de abrigo y mantas, pero no se preocupen por la comida. Ya se han tomado las medidas pertinentes para socorrer a la población». Era el parte de evacuación en la voz del gobernador civil, José María Fernández del Río.

Una hora después, la presa -que nunca se inauguró oficialmente y cuya construcción tuvo problemas y paralizaciones- no pudo más y reventó. Es el gran estruendo que se escuchó a las 19.13 horas. A Gavarda, por ejemplo, llegó a las 19.50 horas, ya que muchos relojes se detuvieron a esa hora.

La inundación engulló la comarca, dejando a su paso desolación. El agua quedó embalsada durante días y hubo que recurrir a helicópteros y barcas para socorrer a los habitantes. España, inmersa en una campaña electoral (se votó con velas y linternas de gas) y en los preparativos de la visita del papa Juan Pablo II, se volcó con la Ribera. Se puso en marcha la 'Operación Fango' para retirar el lodo de las calles.

Llegaron los camiones con ayuda, como los 200 desde Valencia o 52 de Andalucía; el equipo de fútbol del Zaragoza envió colchones y mantas; hubo lotería para los damnificados y empresas que donaron el salario de un día. Aparecieron las cartillas de racionamiento, con leche, galletas, pollo, patatas y melocotón. Y también los robos y saqueos en tiendas; en Alzira y Algemesí hubo 17 detenidos por este motivo.

«La investigación será completa», prometió Calvo Sotelo. Pero hasta 1986 no llegó el primer juicio. Así hasta cuatro, el último en 1995 con sentencia polémica. En 1997, 15 años después de la tragedia, los afectados obtenían justicia.

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