El proyecto más ambicioso del patrimonio valenciano

La Fundación María Antonia Clavel saca a la luz una joya oculta de nuestra historia: El Palacio Vizcondal de Chelva

El Palacio Vizcondal domina claramente el paisaje de la localidad./turismo de chelva
El Palacio Vizcondal domina claramente el paisaje de la localidad. / turismo de chelva
ÓSCAR CALVÉValencia

Con el paso del tiempo, si todo va bien, nuestros cuerpos son invadidos por unas maravillosas grietas llamados arrugas. Si no usamos bótox, claro. A los edificios monumentales les pasa algo parecido. Grietas, agujeros o un simple cambio de tono en su «piel» denotan, al igual que nuestras arrugas, la excepcionalidad del ser, el carácter indefinible forjado a través de su historia particular y única. Ocurre que los monumentos más extraordinarios contienen, además de «arrugas», vidas pretéritas. Como un palimpsesto. Ya saben, un manuscrito que conserva huellas de escrituras anteriores y que, incluso canceladas y sometidas a nuevos textos redactados sobre aquellas, pueden sacarse de nuevo a la luz. En este sentido, existe un monumento que se lleva la palma, ¿conocen el Palacio Vizcondal de Chelva?

Descuide, si usted no es de la zona, presumiblemente sabrá lo mismo que sabía un servidor pocos días atrás. Nada. Si llega al final de este humilde reportaje, intuirá que el desconocimiento sobre el palacio tiene fecha de caducidad. Vaya por delante un sincero agradecimiento a Juan José Ruiz López, responsable del estudio arqueológico de este conjunto patrimonial sin parangón. Ruiz ha tenido la deferencia de proporcionar a quien suscribe los datos e imágenes aquí presentados.

Este relato tiene una piedra angular. El nombre propio de una mujer. María Antonia Clavel fue una chelvana filántropa a la que, en honor a la verdad, tenemos mucho que agradecer. No la busquen en wikipedia. No la encontrarán. Nacida en el año 1846, formaba parte de una familia pudiente. Su matrimonio con el notario y abogado José Belenguer, la gran fortuna heredada tras la muerte de su padre, y posiblemente su hábil gestión de bienes, convirtieron a María Antonia en una mujer poderosa como pocas. Y con las ideas claras. Sólo así se entiende que con 38 años concibiera para el futuro una fundación en aras del progreso de su localidad natal. Lo hizo en su testamento. Tardaría más de dos décadas en fallecer, pero, sin descendencia directa, consideró que esa 'pasta' no podía caer en saco roto. Aquella última voluntad firmada en 1884 comenzó a hacerse efectiva a partir de 1905, tras su deceso a causa de una neumonía en su domicilio de Chelva.

1. El bastión islámico, una de las zonas más monumentales del conjunto protegido. 2. Oratorio gótico, donde se aprecia la belleza de los arcos medievales. 3. Sala Noble del siglo XVII, en buen estado de conservación. / Juanjo ruiz

El primer avance fue crear un hospital-asilo para beneficio del pueblo. Obras son amores y no buenas razones. Los frutos ya se estaban recogiendo pero la oficialización de la fundación no llegaría hasta 1916, por Orden del Ministerio de la Gobernación del 22 de julio de aquel año. Nacía así la Fundación María Antonia Clavel, con la citada señora y su marido como fundadores, valga la redundancia.

Mejorar la calidad de vida

Esta institución centenaria está inmersa desde hace unos pocos años en la puesta en valor del palacio vizcondal, cuyo progreso se vincula estrechamente al deseo esencial de sus creadores: mejorar la calidad de vida de los habitantes del pueblo. La producción de puestos de trabajo y el impulso al desarrollo turístico y cultural -con todo lo que ello conlleva-, son magníficas muestras.

Que el Palacio Vizcondal y su impresionante legado recuperen su esplendor representa, además de una vía óptima para colmar las expectativas póstumas de María Antonia Clavel, un merecido homenaje a su figura, estrechamente vinculada a la construcción que nos ocupa.

Salvador Clavel, su acaudalado padre, había comprado el 31 de enero de 1861 una cuarta parte del antaño Palacio Vizcondal. Tres mil metros cuadrados «de nada» respecto a los 12.000 que ocupa todo el recinto. Tras la muerte del progenitor pasó a manos de su hija y tras el fallecimiento de esta, esa sección del palacio, popularmente conocida como 'La Posada', recayó en la Fundación. En su periplo a lo largo del pasado siglo sirvió -como era previsible- de posada, pero también de casino, baile y bar. En los años 70 cayó en desuso. Abocada a la desaparición, la institución benéfica redobla ahora los esfuerzos y, con la presidencia de Gustavo Fombuena, se propone convertir esa parte del antiguo palacio en sede de la Fundación, museo referente de la Comunitat, centro de congresos y de cursos de formación, etc.

Clavel fue una chelvana filántropa poderosa como pocas y con las ideas muy claras

Varios aspectos apuntan al éxito del desafío: buenos fondos económicos, una notable gestión burocrática y académica liderada por especialistas de la comarca así como una gran implicación social de la población, sabedora del valor potencial del proyecto. Todos los condicionantes para pulir un diamante en bruto de magnitud y devenir histórico inusitados. Sea tras los muros de 'La Posada', sea bajo ellos (recuerden, sólo una cuarta parte del palacio vizcondal), se conservan restos y estructuras de diversas culturas que habitaron allí a lo largo de más de dos milenios. Lo de construir sobre lo construido es práctica habitual desde los orígenes del ser humano. Razones prácticas y de prestigio inducían a ello. Por un lado el deseo de habitar en el enclave perfecto desde el punto de vista de los recursos y de la protección. Por otra parte, el anhelo de mostrar la superioridad cultural se evidenciaba en el espacio conquistado, a la postre readaptado o convertido en los cimientos de otra construcción. Piensen en el centro de Valencia: la cultura romana, la visigoda, la islámica, la cristiana medieval,... Todos los hombres coincidieron en poner en el mismo lugar centros de poder y espirituales en sus respectivos períodos.

La historia del lugar ocupado hoy por ese fragmento del Palacio Vizcondal de Chelva se remonta a una época pretérita sorprendente, créanme. Las fuentes escritas sitúan el origen de la población en época visigoda, sin embargo, las excavaciones sufragadas por la Fundación muestran que bajo su futura sede ya hubo un poblamiento ibérico entre los siglos V y III antes de Cristo. En el interior de la torre, se han hallado cerámicas, páteras y tinajillas elaboradas por aquellos primitivos 'chelvanos'. En época romana también fue ocupado aquel espacio. Por la calidad de los restos y estructuras supérstites, la Fundación concentra sus esfuerzos en exhumar parte del gran castillo o alcázar de época almohade, datado entre finales del siglo XII y principios del siglo XIII. Esta fortaleza ya se nombraba en el famoso 'Llibre del Repartiment'. Como tantos otros bastiones islámicos, se convertiría muy pronto en iglesia.

Para no aburrirles, que lo narre un erudito local del siglo XVII. Vicente Marés escribía en 1683: «Pusieron los cristianos iglesias dentro de los mismos castillos, como en casi todos los antiguos de este contorno se hallan hoy en día y en especial el de Chelva, que ha permanecido casi hasta nuestros tiempo». Las palabras de Marés siguen vigentes. En 'La Posada' se conserva la estructura de una iglesia de las llamadas 'de Reconquista', aquellas que con cierta urgencia ocuparon y vertebraron el territorio valenciano al servicio del nuevo poder. Una iglesia como la del Salvador en Sagunto, la de la Sangre en Llíria o la de San Francisco en Xàtiva se puede admirar en nuestro conjunto chelvano. En la planta baja del edifico actual está la fachada de esa iglesia, así como la galería de arcos diafragmáticos que definió esta estructura. Al mismo nivel podrán ver un lagar de vino del siglo XIV, ¡y grafitis de la época!

Cuando a finales de esta centuria se creó el vizcondado de Chelva, el premiado con tal honor y sus sucesores, mostraron unanimidad al respecto. Que sí, que la iglesia era muy bonita y muy real, pero que ellos querían un palacio ostentoso y ese edificio religioso sobraba. De este modo la iglesia bajomedieval quedó embebida en un grandioso palacio nobiliario donde no faltaba un oratorio con las soluciones más modernas del momento, las góticas. El palacio sufrió múltiples reformas con el paso de las centurias: creación de logias, renovación de cubiertas -con magníficas bóvedas de arista, transformación de salas nobles, etc. Todo puede comprobarse en el mismo lugar.

También unas aspilleras, las aberturas largas y estrechas creadas en el muro para disparar por ellas. Estas fueron fabricadas en época carlista (siglo XIX), cuando el edificio rememoró, por circunstancias obvias, su original carácter militar defensivo. Unas décadas después, Clavel padre se hacía con su propiedad. El resto, ahora sí, lo conocen. Ojalá dentro de unos años leamos que en Chelva hay un centro cultural pionero. Clavel hija lo merece. Ojalá lo leamos más arrugados y muy sanos.

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