Drogas y oro robado, la verdad tras las peleas de gallos en Valencia

La policía halla vínculos entre los clanes del narcotráfico y la afición a estas luchas está presente en una veintena de pueblos valencianos

Juan Antonio Marrahí
JUAN ANTONIO MARRAHÍValencia

La gallera es un sonoro bullicio. Cerveza y copas riegan las gradas circulares. El 'gallero' abre el asalto. Sangre y plumas manchan el reñidero. Los espolones son cuchillas que punzan y desgarran. Aves entrenadas para matar. La algarada crece, la multitud jalea y los billetes corretean de mano en mano. Así son las peleas de gallos que las autoridades persiguen en España para combatir el maltrato animal.

La Policía Nacional realizó el pasado 12 de enero una de las operaciones más importantes. Actuó con 200 GEOS contra la célebre gallera de El Gordo, en Murcia. El operativo permitió trazar, a través de los participantes, un mapa diáfano de la pasión por las luchas de gallos. De los 182 detenidos, 33 se habían desplazado desde la Comunitat Valenciana, con 14 municipios de las tres provincias representados. Según fuentes policiales, la afición está presente en barriadas de una veintena de pueblos de la Comunitat, con focos importantes en Alicante, la Vega Baja o La Ribera.

¿Cómo se sustenta un mundo capaz de mover 30.000 euros en apuestas a una sola pelea o 300.000 en una gran cita? Los investigadores consultados lo tienen claro: «las peleas de gallos en general son, hoy por hoy, el hobby preferido de muchos clanes de la droga», resume uno de ellos. «El dinero que se apuesta procede, en un alto porcentaje, del tráfico de estupefacientes y en los premios se juegan también oro procedente de robos». En la intervención de Murcia la policía se incautó de 87 plantas de marihuana y levantó 57 actas por posesión de estupefacientes.

El inspector Jefe Marcos Castro, es un mando de la Unidad de Delincuencia Económica y Violenta (UDEV) de la Policía Nacional y uno de los responsables de la operación. «Hay peleas en patios, en corrales, en sótanos... Pero esta era la primera grande del año y para ellos es una fiesta». «La gallera del Gordo», añade «es referente en la zona mediterránea y aúna a competidores y público de Murcia, Andalucía y la Comunitat», expone. «Seis pisos de gradas, capacidad para 200 personas... Una cita de muy alto nivel».

Desde su experiencia, «con las apuestas en los gallos se blanquea dinero de las drogas y son muchos los que llevan billetes de 500 para fraccionar. Muchos de los detenidos portaban hachís, marihuana o coca». Los combates de aves también encierran un tráfico clandestino de fármacos anabolizantes. «Ellos los llaman complejos vitamínicos. Suelen ser sustancias legales de uso sanitario o veterinario pero que se obtienen con receta. Pero las consiguen en el mercado negro».

El año pasado, la Policía Nacional y la Policía Local de Burjassot dieron otro importante golpe. Hubo 20 identificados y 50 gallos intervenidos. Los sospechosos criaban los animales en bajos de las 613 viviendas de Burjassot y presuntamente organizaban peleas en la calle.

Un hombre coloca una pieza punzante en la pata en la pata de un gallo.
Un hombre coloca una pieza punzante en la pata en la pata de un gallo. / HUGUEN

Cinta para entrenar

Uno de los agentes que intervino estima que un 90% de los aficionados a las peleas de gallos son de etnia gitana. «Comparten tres pasiones: caballos, perros de pelea y gallos para hacerlos pelear y apostar». Y de nuevo revela vínculos con la droga: «Tienen ganancias del negocio ilegal y una de manera de gastarlo son las peleas. También sacan en las apuestas joyas u oro procedente de pequeños robos».

En esa operación la policía descubrió un sorprendente hallazgo. «Tenían una jaula remodelada con una cinta móvil para que el gallo de pelea fortaleciera sus patas, lo que prueba hasta que punto se esmeran en la crianza para el combate». Además, «algunos gallos decomisados fueron robados de la protectora a las pocas horas». Capaces de todo con tal de preservar a su 'campeón'.

Una de las personas más implicadas en la lucha contra las peleas de gallos es Eduardo Olmedo, Fiscal de Medio Ambiente en Valencia especializado en maltrato animal. «A los juzgados llegan casos contados, no más de dos al año, pero estoy convencido de que la práctica está mucho más extendida». Según el experto, «mueve mucho dinero».

Olmedo expone la gran dificultad: «Buscan lugares alejados en el campo u ocultos. Toman muchas medidas de autoprotección». Como sucede con el trapicheo, los 'aguadores' cubren los alrededores del evento para desmontarlo a velocidad de vértigo si aparece la policía.

El fiscal constata el severo daño a las aves, incluso antes de entrar en combate: «Para empezar, se altera su conducta. Se les hace agresivos con entrenamiento. De manera natural, los gallos no se pelean más allá de pequeñas luchas territoriales».

Las redes de luchas clandestinas «les rasuran las plumas de las patas exponiendo a los animales a enfermedades, amputan la cresta con tijeras y sin anestesia, con riesgo de infección, liman los espolones para aplicarles cuchillas...». Son los indicios para acusar de maltrato animal cuando se encuentran gallos con estas heridas en un registro.

Ya en el combate, se producen «amputaciones de ojos, con gallos que acaban ciegos o tuertos, heridas infectadas o la muerte». Cuando se intervienen las aves de pelea «ya no se pueden reintroducir en granjas porque están entrenadas para la lucha a muerte y son peligrosas para los gallos criados con normalidad», revela Olmedo.

Diferente legislación

¿Qué prevé la ley? «La legislación autonómica prohíbe toda pelea organizada de animales salvo en Andalucía y Canarias. Allí se considera una tradición secular y en Andalucía se permiten las tientas con el supuesto fin de mejora de la raza, aunque también sufre heridas y yo entiendo que el animal sufre». Con carácter estatal, los duelos de gallos «están prohibidos».

Según Olmedo, nuestra legislación contempla penas de hasta un año y medio de prisión para el dueño de un gallo de pelea que muera durante su crianza o en la lucha. Si el gallo acaba herido, el máximo es de un año, y en ambos casos por un delito de maltrato animal recogido en el artículo 337 del Código Penal. «Se considera agravante el ensañamiento, las peleas en presencia de menores o el uso de cuchillas en el espolón, casos en los que se aplica la pena en su mitad superior». Además, advierte el fiscal, «el responsable puede acabar con una inhabilitación especial para ejercer una profesión con animales o para su tenencia». Los sospechosos describe, «suelen defenderse diciendo que son amantes de los animales o que se han pegado picotazos porque se han enfrentado a través de los barrotes de las jaulas.

Olmedo es crítico y urge una «coherencia» entre la legislación nacional y las normas autonómicas «En las peleas de gallos, no puede ser que una misma conducta en Canarias no sea delito y en otros puntos de España sí. El Código Penal debería prohibir expresamente estos combates, algo que actualmente no sucede. Ya se intentó en 2015 y no lo aprobó la Comisión de Justicia».

Mientras, la Fiscalía y Fuerzas de Seguridad permanecen atentas a 'soplos', vigilancias y control de las barriadas con galleras y luchan para evitar con todos sus medios el sufrimiento de las aves a costa de la diversión de sus dueños.

Algunos de los detenidos de la operación en Murcia, ya en sede policial.
Algunos de los detenidos de la operación en Murcia, ya en sede policial. / LP
Duelos a muerte, a 'primera sangre' o a gallo rendido, así son las normas del combate

No hay un único modelo de peleas de gallos. Según la policía, son desde pequeñas luchas en patios o parques a grandes duelos en los que, como en Murcia, «hay árbitro, trofeos, bar, un 'gallero' que organiza y música en directo», describe el inspector Castro de la Policía Nacional.

En las grandes citas hay galleras circulares con gradas y combates por peñas. «A Murcia, por ejemplo, acudieron la de 'Paquillo', desde Villena, la 'Cheri' de Almería o la 'Sagasta'». Gente de mucho renombre en el mundillo.En estas prácticas cabría hablar de equipos, pues cada peña aporta varios animales que se miden en distintos combates de entre tres y cinco minutos. Varias circunstancias marcan el final: la muerte, la denominada 'primera sangre' o el gallo rendido, cuando el animal se posa en el suelo.

Mientras, «se cruzan apuestas. Un equipo abre con un mínimo de 4.000 y otro iguala o sube». Según Castro, «a partir de ahí puede jugarse dinero también el público, incluso con el duelo en marcha».

Y añade: «El gallero es el máximo responsable del evento y el árbitro o juez, el del combate. El primero cobra por entrada y a las peñas, recauda y lo organiza todo», explica el mando policial. Mientras, el alcohol envalentona a los apostantes. Con el resultado de las peleas se asignan puntos a cada peña y, al final, una de ellas se proclama ganadora.

En declaraciones a El Español, el gallero 'El Gordo' niega el maltrato y dice que en su gallera todo está «en regla, las aves tienen protecciones, no se les dopa y está prohibido apostar, pero no puedo evitar que dos espectadores se jueguen algo». Por contra, la policía habla de «animales equipados con espolones metálicos» y «apuestas ilegales».