El maltrato del sistema

Juzgados que rechazan denuncias, puntos de encuentro peligrosos, desplome de las ayudas económicas, víctimas desamparadas por sus abogados... Estos son los agujeros de la lucha contra la violencia de género

Arturo Checa
ARTURO CHECAValencia

Tengo 47 años. Estuve 11 casada con el hombre que me maltrató. Intentando justificarlo cada día. Llevo nueve años de proceso judicial, con 40 juicios o comparecencias. Veinte años en total para empezar a ver la luz. La mitad de mi vida. Y aún queda lucha...». La historia de Chelo Cebolla es el perfecto ejemplo de los muros que deben derribar las mujeres maltratadas. No sólo luchó contra los golpes, insultos y humillaciones de su agresor. Tuvo que derribar los prejuicios de su propia familia. «¿Tú sabes la que vas a liar? ¿Sabes que estáis en el mismo pueblo, que os conoce todo el mundo?», le decían sus propios padres. Hasta que la vieron llegar un día a casa, en camisón y despavorida, minutos después de que el maltratador la obligase a arrodillarse ante su hija de seis años y le dijera: «Mira a tu madre, porque la voy a matar». Y a su padre: «Mira a tu hija, porque la próxima vez la verás en el cementerio». Por el camino Chelo tuvo «tres abogados de parte y no sé cuántos de oficio, porque ninguno estaba suficientemente especializado». Notó la falta de sensibilidad de los jueces. Se quedó sin trabajo al despedirla la notaría en la que estaba empleada por sus constantes ausencias en los procesos judiciales. Licenciada en Derecho, subsistió no poco tiempo limpiando casas y con los 400 euros de la Renta Activa de Inserción (RAI). Muchas víctimas no tienen ni eso. El testimonio de Chelo, vecina de Corbera, es sólo el de una de las 19.000 mujeres que cada año presenta una denuncia por violencia de género en la Comunitat. Víctimas, ongs, policías, abogados, educadores sociales..., los protagonistas que intervienen en el proceso hablan con LASPROVINCIAS y señalan dónde están los agujeros en la lucha contra la lacra: el maltrato del sistema.

«Se les promete protección y las órdenes de alejamiento se incumplen a gogó; se les dice que se recuperaran psicológicamente y cuando son enviadas al Centro Mujer 24 Horas se les cita para un mes después; son atendidas en comisarías por agentes sin preparación específica, lo que provoca denuncias incompletas y superficiales; las Unidades de Valoración Integral Forense, a las que deben enviar los jueces para una valoración completa de agresor y víctima funcionan única y exclusivamente en las capitales de provincia», desgrana en un contundente plumazo el periodista y abogado José Antonio Burriel, azote contra el maltrato, responsable de la ong 'No más violencia de género' y reconocido por el Gobierno central por su labor.

La Justicia no funciona

PENAS LAXAS
«¿Ayuda al agresor a reflexionar que la pena sea trabajos en beneficio de la comunidad, que a veces es en limpiar jardines?», reflexiona José Antonio Burriel.
TESTIGOS INDEFENSOS
Sobre todo en pueblos, dar con testigos que declaren por maltrato es arduo. «Falta protección, de su identidad y al testificar, se topan con el agresor», según emeDdona.
ALEJAR AL AGRESOR
«¿Por qué se tiene que cambiar de población la víctima y no el agresor», se pregunta Norma Gozálvez desde Alanna. La educadora social aboga por aumentar el foco sobre el maltratador.

Falta formación policial

SIN ESPECIALIZACIÓN
La mitad de municipios de menos de 20.000 habitantes no están en Viogen, red que engloba datos de denuncias y órdenes de alejamiento. Y los policías no reciben formación, según el Síndic.
SÓLO VALENCIA
La capital es de las pocas que obliga a sus policías locales a hacer un curso de violencia doméstica. «Hay que extenderlo», piden desde emeDdona.

Escasa asistencia a las víctimas

MANOS ATADAS
La abogada Reyes recuerda el peligro de no pedir medidas civiles para las víctimas. «No pueden ni apuntar al cole al niño si el agresor no firma; yo sé de una madre a la que incluso quieren quitar la custodia»
SIN TRABAJO
La falta de independencia económica ata a muchas maltratadas. Chelo Álvarez (Alanna) envidia a regiones como las Islas Baleares. «Han impulsado un plan para asegurar al menos un año de trabajo a víctimas».
SIN ATENCIÓN
«Las Oficinas de Atención a las Víctimas de Violencia están en cuadro o han desparecido», critica Burriel. Y sin ellas se pierde una de las principales brújulas para las víctimas en la maraña burocrática.

Las cifras de denuncias permiten extraer una preocupante realidad: las víctimas cada vez dan menos ellas el paso de revelar su infierno. En 2014 hubo 16.635 denuncias por malos tratos en la Comunitat, mientras que el año pasado se llegó a 19.431. Las situaciones que llevan a conocimiento de las Fuerzas de Seguridad aumentan. Mientras, el mismo informe de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género subraya cómo las denuncias interpuestas por las propias víctimas han pasado de 846 a 463. Mientras, aumentan los episodios violentos descubiertos por «intervención directa policial». ¿Hay miedo a denunciar? ¿Se sienten solas las víctimas? No pocos lo piensan. «Tienen miedo a qué va a pasar mañana, qué va a pasar con sus hijos, qué va a pasar con su casa. Fallan los servicios sociales. Falla la clase política a la que se le llena la boca con la lucha y luego pocos medios. Fallan los protocolos de detección: ni vecinos, ni familia, ni centros de salud ni colegios están suficientemente activos para dar a tiempo con los síntomas. Todas las alarmas saltan cuando nos matan o hay delitos de sangre», grita Chelo Álvarez, la luchadora presidenta de la asociación Alanna, una entidad que acoge y da trabajo a más de 800 mujeres maltratadas en Valencia.

Las estadísticas revelan una preocupante conclusión: cada vez hay más denuncias, pero las interpuestas por las propias víctimas caen a la mitad. ¿Miedo? ¿Falta de apoyo a las maltratadas?

Porque la ayuda económica pública hace aguas. Los mismos datos de la Delegación del Gobierno muestran cómo en 2014 un total de 5.399 mujeres se beneficiaron del RAI en la Comunitat. La ayuda para el perfil de maltratada más desfavorecido, sin apenas recursos y negro futuro. El año pasado, ese dato se rebajó a 5.088. El cáncer de carencias llega al mismísimo tuétano del sistema. Los Puntos de Encuentro Familiar debían ser un espacio amable, sin conflictos y el área aséptica, protegida y neutral en la que los hijos de una pareja rota por los golpes siguiera manteniendo su vínculo familiar. Quizás sea tratar de conservar lo que ya está arrasado... «Este recurso ha tenido una evolución perversa, se ha convertido en un lugar peligroso y de riesgo para la mujer y de desestabilización de menores. Con frecuencia, familiares y amistades del padre amenazan a la mujer mientras está fuera del recinto», recoge sin tapujos el informe especial sobre atención y protección de las mujeres entregado hace unos meses por el Síndic de Greuges en Les Corts. «No debería darse régimen de visitas a los padres maltratadores», añade el defensor, una petición que ahora recoge el Consell, al anunciar que retirará la patria potestad a los agresores, según la futura Ley de la Infancia.

El poder judicial no es una excepción en el agujero negro del sistema. «Yo he sido testigo en un juzgado de guardia de cómo el funcionario le decía a una mujer que iba a denunciar un maltrato, ‘señora, vaya usted a comisaría’. Y el 90% de esas víctimas acaban yéndose a casa y no denunciando», relata Marian Reyes, letrada de Themis Abogados Valencia con 15 años de experiencia en la materia. Y no hace corporativismo. «Hay mucho desconocimiento entre los abogados», lamenta. Los letrados piden casi siempre medidas penales, como el alejamiento, «pero no cautelares civiles, como uso de la vivienda, custodia o pensión de alimentos, y las mujeres quedan desamparadas».

Más denuncias pero no por las víctimas

DENUNCIAS REALIZADAS

PRESENTADAS POR LA

VÍCTIMA

QUIÉN LAS PRESENTA (2016)

NÚMERO DE AYUDAS DE

RENTA DE INSERCIÓN

Víctima

Familiares

Partes de lesiones

han bajado un

19.431

12,5%

2,4%

0,2%

45,3%

18.540

5.399

5.303

846

5.088

 

15.000

10.000

5.000

0

17.070

17.394

680

descenso del

463

5,7%

Atestados policiales:

Servicios

asistencia-

terceros

con denuncia

víctima

con denuncia

de familiar

por intervención

directa

3,7%

55,5%

0,9%

24,8%

2015

2016

2011

2016

2014

2014

2015

2016

:: GRÁFICO P. CABEZUELO

Fuentes: Síndic y Delegación del Gobierno para Violencia de Género.

Más denuncias pero no por las víctimas

DENUNCIAS REALIZADAS

PRESENTADAS POR LA

VÍCTIMA

han bajado un

19.431

45,3%

18.540

846

17.830

 

15.000

10.000

5.000

0

17.070

16.635

17.394

680

463

2015

2016

2011

2012

2013

2014

2015

2016

2014

QUIÉN LAS PRESENTA (2016)

NÚMERO DE AYUDAS DE

RENTA DE INSERCIÓN

Víctima

Familiares

Partes de lesiones

2,4%

0,2%

12,5%

5.399

5.303

5.088

descenso del

5,7%

Denuncias por atestados policiales:

Servicios

asistencia-

terceros

con denuncia

víctima

con denuncia

de familiar

por intervención

directa

3,7%

55,5%

0,9%

24,8%

2014

2015

2016

:: GRÁFICO P. CABEZUELO

Fuentes: Síndic y Delegación del Gobierno para Violencia de Género.

Más denuncias pero

no por las víctimas

DENUNCIAS REALIZADAS

19.431

18.540

17.830

 

15.000

10.000

5.000

0

17.070

16.635

17.394

2011

2012

2013

2014

2015

2016

PRESENTADAS POR LA VÍCTIMA

846

han experimentado

un descenso del

680

463

45,3

%

2015

2016

2014

QUIÉN LAS PRESENTA (2016)

Víctima

2,4%

Familiares

0,2%

Partes de lesiones

12,5%

Servicios de asistencia- terceros

3,7%

Atestados policiales:

con denuncia víctima

55,5%

con denuncia de familiar

0,9%

por intervención directa

24,8%

AYUDAS DE RENTA DE INSERCIÓN

(Número)

5.399

5.303

5.088

las ayudas también

han disminuido

5,7

%

2014

2015

2016

Fuentes: Síndic y Delegación del Gobierno para Violencia de Género.

:: GRÁFICO P. CABEZUELO

Chelo abraza a Gelis y la consuela de su llanto en la sedede Alanna. / Irene Marsilla
Gelis | Maltratada «Tenía que redactar yo los escritos del juzgado»

Los chisposos ojos azules de Gelis sonríen. A sus 63 años luce un juvenil corte de pelo que enmarca un rostro casi se diría que travieso. Con ganas de vivir. Hasta que echa la vista al pasado. Y rompe a llorar, sus manos tiemblan y retuerce el tapón de la botella de agua con la que trata de aclarar la garganta. Su torrente de voz vital se transforma en un hilillo tenue y apenas audible. «Tengo miedo, inseguridad y estoy muy tocada mentalmente. Me aisló, me anuló, no me dejaba que contestara el teléfono ni el timbre de la puerta. Dejé de existir», musita Gelis al recordar la década de maltrato sufrido a manos del que se convirtió en su segundo marido camino de los 60 años en un pueblo del Valle de Ayora.

Hoy prefiere ocultar su rostro. En la foto de la izquierda, el torbellino de Chelo la abraza y la acaricia tras acabar la entrevista con LASPROVINCIAS. Gelis está inmersa aún en pleno proceso judicial con su ex y opta por no dar la cara. Pero incluso con su voz apagada hace que su denuncia retumbe en los oídos de los poderes públicos que quieran sentirse aludidos: «Yo misma me tenía que redactar los escritos del juzgado, porque no tenía ni abogado. Y cuando lo tuve, antes de alguna comparecencia judicial, la abogada ni me preguntaba nada para conocer mi caso».

Sola. Desamparada. Tanto como para ir a denunciar su situación a la policía «y volver a casa con él. Pasé la noche en el coche, no tenía a dónde ir», sin que ningún agente ni trabajador social le diera un hombro en el que apoyarse. Sobre el maltratador recayó orden de alejamiento. Pamplinas para el sistema. «Fue al notario para la venta de un coche y allí estaba él, como si nada. ¿Nadie fue capaz de impedirlo?», recuerda Norma Gozálvez, educadora social de Alanna y una de las ‘alma mater’ del apoyo legal y humano que se da a las integrantes de la asociación. Aquí sonríe, hace el Camino de Santiago, llora de la risa cuando rememora como se cayó de la bici en una excursión con otras víctimas, la tarde preparando merienda a los niños de las internas... Gelis es otra vez persona, humanizada pese a un sistema público frío y con aristas.

Chelo Cebolla | Maltratada «Hasta que mi hija no saltó de un coche, mi ex tuvo visitas»

Chelo Cebolla es un torbellino. «Si me vieras la piltrafa en que me convirtió mi ex», recuerda ahora con sonrisa agridulce. Licenciada en Derecho, como integrante de Alanna trabaja en la inserción laboral de maltratadas y las acompaña a juicios, papeleos... «Lo que los poderes públicos no hacen». Lamenta el que es uno de los ‘puñales’ que más hiere a las víctimas: que se sigan permitiendo las visitas del acusado a los hijos. «Va a más el uso de los menores para dañar a la mujer», advierte Chelo. Y recuerda su drama: el día en que su hija de 12 años saltó del coche en marcha de su ex (aquejado de múltiples adicciones, según Chelo) «porque iba como un loco por el pueblo y se la iba a pegar».Sólo entonces empezó a perder la custodia.

Chelo, en la sede de Alanna.
Chelo, en la sede de Alanna. / I. Marsilla
Chelo Álvarez | Presidenta de Alanna «¿Y si colgáramos en el balcón la bandera contra el maltrato?»

«Mucho pacto de Estado y autonómico, pero nada», lamenta Chelo Álvarez, acostumbrada a que muchas mujeres le pregunten incluso si Alanna «es el centro mujer 24 horas», pues llena las lagunas públicas. Pide una movilización conjunta de la sociedad. «En vez de poner tantas banderas de España en los balcones o del Valencia, ¿por qué no ponemos la morada contra el maltrato? Igual los políticos se movían».

Chelo Álvarez de Alanna
Chelo Álvarez de Alanna
Eva, Enrique y Mari Carmen | emeDdona «Falta vocación y formación»

«Bienaventurados los que creen en lo que hacen, que lo sienten, que lo intentan pese a que nadie les apoya». Así arranca ‘Relatos salvajes de género’, el libro de ‘emeDdona’. Eva García y Enrique Arrúe, policías, y Mari Carmen Pérez, educadora social, forman un grupo que busca «paliar la falta de vocación y formación en policía y asistencia social y que frena la lucha contra el maltrato». Más educación en colegios, más detección sanitaria de casos, más agentes especializados y desplazar de su mundo al agresor y no a la víctima son algunas de sus recetas.

Eva, Enrique y Mari Carmen, ellos son ‘emeDdona’.
Eva, Enrique y Mari Carmen, ellos son ‘emeDdona’. / I. Marsilla

Fotos

Vídeos