ENFERMOS DE AZAR

Las apuestas y juego online se disparan. Convierten cada año en adictos a 200 jóvenes valencianos y hay 3.000 menores en riesgo. Algunos acaban con deudas que superan los 150.000 euros

Juan Antonio Marrahí
JUAN ANTONIO MARRAHÍValencia

Pedro abre cuenta en una web de apuestas deportivas. Tiene 17 años y usa el DNI de su padre para trampear el filtro de mayoría de edad. A veces baja a la máquina del bar. Ganar un dinerillo con los resultados de la liga le seduce. Es el comienzo. Acabará apostando a partidas de ping pong de madrugada y amasando deudas. Son los engranajes que fabrican adictos a edades tempranas. Según la Conselleria de Sanidad, 200 jóvenes y menoresbuscan cada año ayuda para desengancharse mientras la ludopatía, en general, acumula ya tres años en aumento.

La reciente operación policial contra una trama que amañaba partidos de tenis para apuestas por internet pone de relieve el auge de las apuestas, tanto presenciales en locales y salones como las que convierten a jóvenes en 'yonkis' del azar vía móvil, tableta u ordenador. Mientras, expertos universitarios y centros de ayuda auguran un futuro «preocupante si alguien no pone remedio».

Las cifras que mueve hoy el juego las maneja el Gobierno y la Conselleria de Hacienda. Según el departamento autonómico, la cantidad gastada en 2016 en la Comunitat superó los 3.600 millones de euros, un 10% más que en el año anterior. Todos los sectores crecen, «pero de manera muy singular apuestas, bingo electrónico y máquinas en locales». La Generalitat recauda 140 millones por impuestos sobre el juego y otros 15 del 'online', éste de competencia estatal.

El gasto de los valencianos en apuestas se triplica. Pasamos de 100 millones en 2013 a 320 en el año pasado. Y las casas de apuesta crecen como setas. De no haber ninguna en 2013, nos encontramos con 32 en la actualidad, según la Generalitat.

Para el juego 'online' no hay datos oficiales en la Comunitat. Pero su evolución general en España es vertiginosa. En un lustro, los españoles hemos pasado de confiar 2.800 millones de euros al juego en internet a los 13.600 millones que gastaron los habituales a plataformas digitales. Misma fiebre por las máquinas de apuestas: de las 4.300 que había en 2015 en la región a 5.200 el año pasado.

El sector crece porque hay demanda. Una enorme masa de población tentada a jugar por la publicidad y por la facilidad de hacerlo desde el móvil, tableta o ordenador. Sin salir de casa. En la más absoluta y peligrosa intimidad. Con una revolución del juego 'online' que cala hondo entre jóvenes.

Más de 130 intervenciones contra el juego ilegal

Al riesgo de las adicciones se suma el daño del juego clandestino. Contra él lucha un grupo especial de la Policía de la Generalitat. En tres años, ha realizado más de 130 intervenciones por ilegalidades en nuestra región.

«Las operaciones más frecuentes se desarrollan en bingos clandestinos, locales ilícitos que acogen timbas de póker, los clásicos trileros, las apuestas ilegales y la venta de cupones OID», detalla Pedro Valero, responsable del equipo policial autonómico.

«Mientras en Valencia y Castellón apenas hay ya ya trileros, son habituales en Benidorm, al igual que las apuestas ilegales, actividades reforzadas por la gran cantidad de turistas ingleses», añade el responsable policial.

Sólo en 2018, la unidad de la Policía de la Generalitat ha llevado a cabo más de 20 intervenciones de cupones ilegales, con un millar de boletos requisados. Además, ha desmantelado una decena de bingos ilegales con el decomiso de material de juego y 4.000 euros en efectivo. A los trileros les han aprehendido 300 euros en cuatro actuaciones. A Valero le preocupa el incremento de salones de juego en la Comunitat, un 27% en tres años. «Es mucho más volumen de trabajo para nuestros policías».

Los nuevos adictos

Y en medio del 'boom', el descontrol que acaba en enfermedad. Según Sanidad, la ludopatía, en general, crece desde 2015, con casi 500 nuevos adictos al año. De ellos, 200 son menores o no superan los 34 años. El grupo de ludópatas jóvenes crece un 24%, mientras el de adultos y mayores experimenta considerables descensos.

Esta es sólo la parte visible del problema. La adicción a las apuestas tiene un sótano oculto en el que penetró un reciente estudio de Sanidad y la Universitat de València (UV). Se encuestaron a más de 5.000 jóvenes de entre 15 y 19 años en 82 institutos y centros de formación. Entre los menores de edad, más de la mitad admitió haber gastado dinero en juegos de azar pese a que la ley lo prohibe. Si lo extrapolamos a la población valenciana en esta franja de edad significa que casi 80.000 chavales podrían estar ya confiando ahorros o 'pagas' familiares al azar.

El estudio académico reveló, además, que un 2% de los menores encuestados presentaban indicadores de juego patológico: 2.700 chicas y chicos en peligro de adicción antes de la mayoría de edad. Ya entre los 18 y los 19, el porcentaje de juego a niveles enfermizos se eleva al 5%. Se traduce en 93.000 jóvenes con riesgo de caer en la espiral de las apuestas sin control.

Al frente de esta investigación está Mariano Chóliz, catedrático y director de la Unidad de Investigación: Juego y Adicciones Tecnológicas en la Facultad de Psicología. «En la Comunitat, el riesgo es mayor que en otras regiones. Además del juego 'online', aquí hay muchas más máquinas de apuestas en bares. Y también es ahí donde se juegan el dinero menores y jóvenes».

Su departamento asiste a 15 jóvenes enganchados. Tienen entre 28 y 35 años y la mayoría son chicos. Sólo una mujer. «Ellas juegan menos, pero también les cuesta más reconocer la adicción». Según su experiencia, «hay chavales que están empezando a jugar con 15 años» y también «webs ilegales que permiten apostar a menores», a lo que se suma la «falta de control de edad en bares con máquinas de apuestas».

Eliminar tragaperras

Chóliz ha visto a jóvenes adictos «con deudas acumuladas de más de 150.000 euros» por culpa del juego «o robos a familiares». «Uno de cada cuatro jugadores patológicos ha cometido algún acto ilícito para continuar», desgrana. Si bien el perfil de adicto de 'tragaperras' sigue siendo el principal, en segundo lugar aparece ya el vicio 'online', por encima del de casinos, bingos físicos o gasto en loterías y quinielas.

¿Cómo frenar la fiebre? «Con cambios legales. La publicidad del juego, sólo en casinos o webs de juegos en vez de invadirnos por todas partes. Faltan controles más efectivos para evitar el acceso de menores al juego 'online' y a locales físicos. Eliminaría las máquinas de los bares, tanto tragaperras como de apuestas. Quien quiera jugar, sólo en un casino o sala de juego y que cada máquina tuviera un control de identidad efectivo para saber la edad o si es autoexcluido». Estos últimos son aquellos que han aceptado su inclusión en un registro para que no se les permita jugar.

La Universidad Miguel Hernández alumbró otro estudio clave: 'Juego de apuestas en adolescentes de la provincia de Alicante'. Revela un dato que su autor, el profesor de Ciencias de la Salud Daniel Lloret, califica como «muy preocupante»: Siete de cada diez jóvenes que han probado alguna vez los juegos de apuestas por internet continúa con el hábito.

Asociaciones como Nueva Vida, en Villena o la Fundación Patim, en Valencia y Castellón, luchan por rehabilitar a los enfermos del azar. «Las consultas de juego 'online' tienen cada vez más protagonismo. En los 80 era la heroína, en los noventa coca y heroína... En los últimos años, el juego 'online'. Ya lo consideramos la cuarta oleada de adicciones», explica Javier Grau, portavoz de Patim.

Julio Abad es psicólogo de la institución en Valencia. «Es erróneo pensar que el que tiene necesidad económica juega más. Tampoco hay más en barrios desfavorecidos. Le puede tocar a cualquiera. Universitario, empresario, parado... Empieza a ser habitual quedar con colegas en las salas de juego. En función de lo que apuesten, les sale el cubata gratis».

El adicto al juego «sólo busca ayuda cuando se ve al borde del precipicio. De chavales que se meten en líos por deudas de 600 euros a préstamos enormes. Primero se gastan lo que tienen, luego lo que les dejan y se acaba robando».

Sergio. 23 años. Adicto en rehabilitación «Perdí a mi pareja y amigos. Hasta robé a mi familia»

Sergio tenía 17 años cuando se adentró en el juego. Era un enamorado del fútbol y empezó por pronósticos deportivos y ruleta electrónica en casas de apuestas y bares. «Por probar con los amigos y experimentar si era fácil ganar...», recuerda.

Hoy tiene 23 años. Casi sin darse cuenta, se tornó en adicto. «Sucede muy rápido. De ganar dinero fácil, nada. Comencé a causar problemas a mi familia . Económicos, emocionales y decepción», confiesa. «Perdí a mi pareja y a amigos. He llegado a endeudarme con créditos rápidos y he robado dinero a mi familia para poder pagarlos. Siempre me volvía a jugar el dinero que tenía».

Sus padres le echaron de casa y le dijeron que volvería si se rehabilitaba. Y lleva ya ocho meses bajo el apoyo de Patim. Fue su mejor apuesta. «He vuelto a estudiar y hago trabajos para ayudar a mi familia y devolver los préstamos». Seis años después de caer, vuelve a ver la luz. «Estoy ilusionado, veo un futuro, pero no puedo bajar la guardia. Ahora conozco el peligro». Su consejo a otros ante la tentación: «Lo peor que te puede pasar es ganar cuando empiezas. Sal corriendo o te engancharás».

El perfil del joven adicto

El perfil del nuevo joven adicto es «un chico normal que juega con él móvil y practica apuestas deportivas. Empieza en el fútbol y acaba apostando a un partido de ping pong en Tailandia a las cinco de la mañana».

Salir del pozo es posible. Abad da pie a la esperanza. «Más del 70% de los que piden ayuda lo logra». La receta pasa por «reconocer la deuda adquirida por el adicto, realizar juntos un plan de pago o una supervisión de sus cuentas y tarjetas». Se completa con citas con el psicólogo, fomentar tareas nuevas como deporte o cocinar y terapias de grupo. El proceso dura entre seis y nueve meses.

La Conselleria de Hacienda va a mover ficha. «No podemos permanecer indiferentes. El crecimiento exponencial de las apuestas puede incrementar ludopatías», admite el conseller Vicent Soler. La Generalitat anuncia una distancia mínima entre salones de 700 metros. El pleno del Consell ha dado visto bueno a una nueva Ley del Juego que contempla sanciones más severas o el control en la puerta de salones de juego para impedir el acceso de menores y ludópatas. En cuanto a las máquinas de apuestas en bares, se prohibe pagar premios en el local «para que no se conviertan en salones de juego».

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