Un asteroide imparable

La NASA y otras agencias de EE UU realizan un simulacro para evitar que una roca proveniente del espacio choque contra la ciudad de Nueva York. No lo consiguen

Los expertos calculan que el choque del asteroide liberará una energía mil veces superior a la de Hiroshima. En la imagen, fotograma de 'Deep Impact'./
Los expertos calculan que el choque del asteroide liberará una energía mil veces superior a la de Hiroshima. En la imagen, fotograma de 'Deep Impact'.
JAVIER GUILLENEA

Grupos de astrónomos descubrieron el pasado 26 de marzo un NEO (objeto cercano a la Tierra) a unos 57 millones de kilómetros de nuestro planeta que se aproxima a nosotros a catorce kilómetros por segundo. En un principio, la probabilidad de impacto era muy baja, de una entre 50.000, pero días después se hicieron nuevos cálculos y se llegó a la conclusión de que las posibilidades de que este visitante caiga sobre nuestras cabezas son del 1%, lo que es mucho. Si no se hace nada para evitarlo, es muy probable que este asteroide de entre cien y trescientos metros de diámetro y de nombre 2019 PDC impacte contra la Tierra en 2027. Las consecuencias serán devastadoras.

Este escenario no es real, pero tampoco falso del todo. Forma parte de una simulación recreada por la NASA y otras agencias estadounidenses, que han planteado a los asistentes a la Conferencia de Defensa Planetaria la difícil tarea de mantenernos a resguardo de colisiones indeseadas, aunque sean ficticias. Durante cinco jornadas -entre el 29 de abril y el pasado día 3-, más de doscientos expertos internacionales han tratado de salvarnos de la catástrofe. Pero no han tenido éxito; pese a todos sus esfuerzos, el asteroide destruirá Nueva York.

Para evitar nervios prematuros, el creador del ejercicio y director del Centro de Estudios de Objetos Cercanos de la NASA, Paul Chodas, insistió antes del comienzo de la conferencia en que ninguno de sus asistentes creía que se iban a enfrentar a un escenario real. Lo estadísticamente normal es que cualquier asteroide que impacte contra la Tierra lo haga sobre un océano y no en una gran ciudad, pero lo probable no excluye lo improbable. Por eso, los expertos se han situado ante el peor de los escenarios. Es difícil que lo veamos, pero nunca se sabe.

Alerta de la NASA

Los protagonistas de esta investigación recibieron a diario actualizaciones que reflejaban la trayectoria del asteroide durante su viaje de ocho años, el plazo imaginario que tenían para evitar el apocalipsis. Los participantes en el simulacro adoptaron diferentes papeles, como gobiernos, agencias espaciales, astrónomos y cuerpos de protección civil. Mientras 2019 PDC se hacía más brillante en un cielo virtual, estudiaron el envío de misiones de reconocimiento, de intercepción y, finalmente, acciones para mitigar los efectos de un impacto en caso de que todos los intentos fracasaran.

A finales de 2021, el 1% de probabilidades de que el asteroide choque contra la Tierra se ha esfumado. Ahora los astrónomos saben con certeza que la colisión se producirá y, además, que ocurrirá en Estados Unidos. Ese mismo año, la NASA envía una sonda para investigar la composición de la amenaza mientras las potencias mundiales construyen seis impactadores cinéticos, unas sondas espaciales que lanzarán a gran velocidad contra el asteroide para desviar su curso.

En dos trozos

La misión tiene un éxito parcial. Las sondas alcanzan su objetivo y golpean el pedrusco, que se desvía de su trayectoria después de partirse en dos. Sin embargo, cuatro años después, los astrónomos descubren que un fragmento de unos sesenta metros de diámetro avanza hacia la Tierra. Ante la nueva emergencia, Estados Unidos plantea constuir una nave con una carga nuclear para destruir el asteroide, aunque las discusiones políticas frenan la estrategia; no parece que potencias como Rusia o China se vean muy afectadas por la inminente tragedia. A falta de seis meses, los expertos determinan que la colisión se producirá en el centro de Nueva York. Lo único que se puede hacer es desalojar a los diez millones de habitantes de la ciudad y sus alrededores. Quienes se queden es muy posible que mueran.

El 29 de abril de 2027, el asteroide entrará en la atmósfera a 19 kilómetros por segundo. El impacto provocará una enorme bola de fuego y una deflagración que liberará unos quince megatones, mil veces más que en Hiroshima. La explosión causará daños en setenta kilómetros a la redonda. En un radio de quince kilómetros, nadie sobrevivirá. Todo esto es un ejercicio de ficción. «Es altamente improbable que ocurra», sostienen los mismos expertos de la NASA que insisten en que hay que estar preparados. Improbable no es lo mismo que imposible. Ellos lo saben.