Zambullida en la Comunitat Valenciana ante un vacío legal

La Comunitat registra una veintena de zonas peligrosas donde ninguna Administración vigila el baño

Chic saltando en la cala de Tangó en Xàbia./TINO CALVO
Chic saltando en la cala de Tangó en Xàbia. / TINO CALVO
MARÍA BARBER y ELISABETH GARCÍA

Pasarían si ven un cartel donde pone 'prohibido'? Verano tras verano centenares de bañistas sofocan su calor en ríos, lagos, calas y embalses donde realmente no está permitido bañarse. La prohibición es explícita. A pesar de esto, la gente se sigue refrescando en aguas peligrosas. Y es que la confianza en ellos mismos les ciega, pues no son conscientes de que algo les pueda suceder y cometen cada año imprudencias en estas zonas naturales.

El ejemplo más reciente es la muerte de un niño de 11 años en el río Cabriel. El menor fue arrastrado por la corriente cerca de Venta del Moro, cuando bajaba en una colchoneta con sus amigos por el río. Durante cinco días de investigación, bomberos del Consorcio Provincial de Valencia, el Grupo Especial de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil, brigadas forestales y voluntarios unieron fuerzas para encontrar al pequeño. Finalmente, el pasado miércoles fue encontrado a 500 metros de distancia del punto donde comenzó la búsqueda.

La presa de Manises, el Pantano del Regajo en Castellón, la presa de Escalona en Navarrés, la cala de Tangó en Xàbia o la cova Tallada de Dénia son algunos de los incontables ejemplos de lugares de la Comunitat Valenciana donde los bañistas acuden en la época estival a pesar de no estar permitido su acceso para uso recreativo. No obstante, solamente hay tres zonas en los que es legal bañarse: el río Mijares situado en Montanejos (Castellón), el Gorgo de la Escalera de Anna (Valencia) y las pozas o 'tolls' de l'Algar (Alicante). Las comparaciones son odiosas. Frente a estos tres parajes homologados nos encontramos con cientos prohibidos.

Las empresas de multiaventura coinciden en que los bañistas no toman precauciones

Las empresas valencianas de multiaventura Aiguaroca Deportes de Aventura, Rutas Fluviales del Júcar y Cofrentes Turismo Activo coinciden en la misma cuestión: no se toman las precauciones necesarias. «Siempre nos toca rescatar a alguien», afirma uno de los monitores de Aiguaroca. El problema para el encargado radica en la falta de responsabilidades que se les aplica a los bañistas que no siguen las normas. «A nosotros nos imponen una serie de reglas que tenemos que cumplir de manera obligatoria mientras que a las personas que van por su cuenta no», explica el monitor. El responsable de Aiguaroca Deportes de Aventura asegura que debido a los equipos «precarios» con que los amantes del agua se lanzan al río Cabriel (como las colchonetas) hacen que aumente la probabilidad de sufrir un accidente. «Esperemos que a partir de la desgracia que ha ocurrido en este río hace unos días la gente tome conciencia de los peligros de sumergirse en zonas fluviales», manifiesta el instructor.

Por otra parte, uno de los patrones de barco de Rutas Fluviales del Júcar considera que el problema de los incidentes en ríos lleva ocurriendo desde hace «muchos años». «La gente desconoce la profundidad del río y esto es peligroso, unos días la altura del agua es de seis metros mientras que otros no llega a dos», afirma Ricardo Cebrián, trabajador de Cofrentes Turismo Activo. Las aguas «tranquilas» en las que operan son el río Cabriel y el embarcadero de Cofrentes. Por su parte, Cebrián asegura que si no hay penalizaciones por bañarse en áreas no autorizadas por la Confederación Hidrográfica del Júcar, la gente va a seguir acudiendo a refrescarse en las zonas más cercanas y económicas.

Conforme se acerca el verano, familias enteras preparan la toalla, la gorra, el bañador y la 'neverita' para visitar los rincones valencianos menos seguros. Saltos desde altas rocas, aguas poco profundas y baños sin vigilancia convierten las zonas acuáticas en un peligro tanto para los más pequeños como para los adultos. Una actividad de riesgo que cada año quita la vida a numerosas personas. En su momento, Benjamín Aparicio, expresidente de la Federación Valenciana de Comunidades de Regantes, afirmó que los peligros a los que se enfrentan los bañistas cuando acuden a estos lugares recónditos son «muchos». «Remolinos, corrientes fuertes, quedar atrapado en algún conducto o estrechamiento o los cambios de caudal» son algunas de las consecuencias que puede traer consigo darse un baño en esas aguas, declaró. Asimismo, «como no son zonas pensadas para el baño, hay sitios donde la profundidad del agua puede variar de manera traicionera si uno opta por lanzarse, con lo que el riesgo de sufrir golpes se suma al de ahogarse», manifestó el presidente de la Federación Valenciana de Comunidades de Regantes. Pero hay que destacar que el riesgo es aún mayor en los azudes, presas y embalses, donde los remolinos, chorros, rebufos y corrientes son constantes e inesperados. Por otra parte, los ríos cuentan con otros peligros como lodos, barrizales, caudales y corrientes subterráneas.

En la Acequia Real del río Júcar, próxima al Azud de Antella, se pueden encontrar jóvenes dispuestos a soltar la energía que llevan dentro. Se agarran a una cuerda que está amarrada a una tubería y se lanzan. Sería como hacer surf dentro del río, pero de forma más peligrosa. Mientras se dejan llevar por la corriente de las aguas que fluyen por Antella, la adrenalina no les permite ver las consecuencias que podría tener esta 'diversión'. Para estos atrevidos, los carteles son meras advertencias que no les impiden vivir al límite.

Desde el 1 de junio los ríos, embalses y lagos pasan a ser un atractivo para aquellas personas que viven lejos de la costa o que no tienen otra opción que acudir a zonas públicas próximas por muy ilegales que sean. Muchas veces, no hay más remedio para soportar las altas temperaturas que golpean a la Comunitat durante el verano. Otra alternativa para los amantes del agua es frecuentar el río Sellent, donde los vecinos entre 15 y 25 años utilizan las rocas cercanas a esta piscina natural como un trampolín. Este no es el único ejemplo. El Clot del Negre de Costes, localizado en el cuenca del Júcar; la cala del Moraig en Benitatxell o la Cueva Turche en Bunyol son también algunos espacios naturales que causan tentación entre los fanáticos de las emociones fuertes.

Sólo hay tres lugares de la red fluvial valenciana donde la CHJ permite el uso recreativo

Socorristas de distintos puntos de baño del territorio valenciano advierten de las posibles repercusiones que puede tener una actitud irresponsable. Algunas de las más frecuentes son los despeñamientos, traumatismos craneoencefálicos, lesiones medulares e, incluso, existe la posibilidad de quedarse inválido por un mal golpe. Pepa Gisbert, concejal de Seguridad Ciudadana de Xàbia, manifestó a principio de verano que con estos saltos la gente «se juega la vida». Estas zonas no están habilitadas para estas prácticas, y por el entorno, son peligrosas.

«Cuando subo a una roca alta claro que pienso en lo que puede pasar. Primero veo dónde tengo que caer, luego analizo cómo se tira otra persona y más tarde me lanzo sin pensarlo», afirma Marcos Esteve, valenciano de 21 años, quien acudió a la Cueva Turche en Bunyol hace unos días. El joven relata que la altura de la zona desde donde saltó variaba entre los siete y nueve metros. «Me subí a la roca más alta pero no lo vi claro, por tanto, decidí lanzarme desde unos metros más abajo», declara Esteve. Para él, pensar en una posible consecuencia del salto aumenta el miedo y, por tanto, el riesgo de resbalarse o caer en una mala postura.

La Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) tiene la responsabilidad de escoger en qué parajes naturales de la Comunitat está permitido el baño y en cuales no. Ahora bien, no se hace responsable de las acciones e imprudencias que pueden realizar los valencianos que acuden a los ríos, charcas o azudes que no hayan sido catalogados como aptos por la institución. La señal blanca y roja donde se indica 'Prohibido bañarse', utilizada por la CHJ para advertir de las «condiciones de peligrosidad» de la zona, equivale a la bandera roja que ondea en las playas cuando hay riesgo. Por contra, en el ámbito marítimo, si una persona decide meterse al agua cuando las autoridades lo han prohibido, pueden intervenir, incluso, policías para evitar una catástrofe. Pero en los ríos, no sucede esto. De hecho, no hay vigilancia. Mientras en el mar, los más temerarios, que actúan de manera irracional ante los riesgos, pueden ser sancionados con multas de hasta 1.500 euros, en los puntos fluviales no existe penalización alguna.

Ríos y lagos entrañan decenas de peligros en formas de remolinos o corrientes inesperadas

Y eso que en varios puntos, como en el azud de Termet en Vila-real, está presente la policía. Desde los muros de hormigón de la presa del río Mijares jóvenes de localidades cercanas saltan pesa a que se ha intensificado la vigilancia. Esta zona ha sido empleada por los vecinos para refrescarse durante generaciones. Este diario intentó conseguir de la Confederación Hidrográfica del Júcar datos sobre los incidentes en ríos y lagos pero fue imposible.

Cobrar por acceder

¿Cobrar por acceder a zonas de baños prohibidas puede ayudar a acabar con los accidentes? Muchos ayuntamientos valencianos, castellonenses y alicantinos han utilizado este método con un único fin: mantener cuidados los parajes naturales. En 'La Playeta' de Sumacàrcer los visitantes tienen que llegar a pagar seis euros los fines de semana. «Se trata de una tasa que pretende cubrir los gastos de limpieza», afirmó el alcalde del municipio, Txema Peláez i Palazón. Casos como este incitan a críticas entre los bañistas. La plataforma Xúquer Viu opina que es «inaceptable» cobrar por zambullirse en ríos. «Es una discriminación respecto a las zonas de playa de la Comunitat Valenciana, en las que sería impensable pagar», aseguró uno de los responsables de la plataforma. Tampoco están de acuerdo con la normativa que dicta el pago por acceder a pie, en bicicleta y en coche, ya que consideran que lo que pretenden los consistorios es «recaudar dinero para otros gastos».

La Confederación Hidrográfica del Júcar. Los Ayuntamientos. La policía. Nadie asume las responsabilidades. Todos disfrutan de los ríos, charcas, lagos y embalses. La confianza en uno mismo puede traer problemas porque al final todos acaban responsabilizando a la decisión propia de haberse lanzado desde una altura de más de 5 metros al agua como causa del accidente. En las playas cada pocos metros hay un socorrista. Pero en estos parajes, no. La Confederación clava una señal donde se indica que no está permitido bañarse, pero la falta de multas incentiva a los bañistas a incumplir la prohibición. Nadie les arranca las ganas de darse un chapuzón porque nadie les dice nada. Sólo un mero letrero. ¿Pasarían si ven un cartel donde pone 'prohibido'?

La Generalitat envía agentes de refuerzo al azud de Antella

Antella es uno de los lugares más conocidos de baño prohibido en el interior, sigue teniendo problemas para controlar el acceso a su paraje natural en el que se encuentra el río Júcar. La situación ha llegado a un punto en el que la Generalitat ha tenido que enviar como ayuda a varios agentes durante los fines de semana para así poder sofocar la «aglomeración de gente que sufrimos y que se ha convertido en un problema insostenible para el Ayuntamiento», declaraba Emilia Ortiz, alcaldesa de Antella.

Pese a la ayuda de la Generalitat, Ortiz asegura que «nada ha cambiado, no hemos notado ninguna mejoría porque además tampoco vienen todas las semanas». Por lo que, desde el Ayuntamiento, exigen cierta postestad para poder aplicar algún tipo de normativa propia que ayude a sofocar el problema. Tanto es así, que han tenido problemas hasta con los propios vecinos lo cuales «se quejan de las prohibiciones que hacemos, pero nosotros tan solo velamos por su seguridad ya que hay zonas que son de riesgo», asegura Ortiz.

Los fines de semana el azud de Antella se llena de bañistas a pesar de la expresa prohibición, muchos de ellos son muy temerarios y se atreven a tirarse en zonas de fuertes corrientes. Temeridades que acaban con graves consecuencias como la muerte, como pasó el verano pasado.

Otro municipio que también sufre el mismo problema es Bicorp, más concretamente en su río Fraile, donde pese a la prohibición del baño cada fin de semana se encuentran con una afluencia masiva de turistas y vecinos que ha llegado a un punto «insostenible», en palabras de Josefina García, alcaldesa de la localidad. «Cuando la situación comenzó a ser insostenible pedimos ayuda a la Confederación para regular los accesos o, al menos, que nos habilitaran una entrada y una salida para así poder actuar en caso de incendio o lluvia. De esto hace dos años y seguimos sin ningún tipo de solución», explica Josefina. Como solución, el Ayuntamiento de Bicorp instaló una señal de prohibición para evitar que la gente se bañara: «Son dos kilómetros de garganta y no podemos garantizar la seguridad de la gente».

En l'Horta, el azud de Manises es una de las zonas que tradicionalmente frecuentaban los vecinos para tomar el baño y que ahora se ha convertido en una explanada verde preparada para el picnic donde está prohibido meterse en el agua. Todavía algún incauto se tira al agua sin tener en cuenta las corrientes y las turbulencias que se producen en esta zona cercana a la presa, ni los desniveles del terreno bajo las aguas. La vigilancia para que estas situaciones no se repitan depende de «los guardias forestales del Parque Natural de Turia y de la policía autonómica, ya que la competencia es de la Confederación Hidrográfica de Júcar (CHJ)», señala el concejal de Medio Ambiente, Rafael Mercader.