¿Por qué ya no hay gorriones en valencia?

El cambio climático ya pasa factura en la Comunitat: los expertos alertan del éxodo de aves, reducción de pesca, amenaza para cetáceos y más especies invasoras

¿Por qué ya no hay gorriones en valencia?
LP
Juan Antonio Marrahí
JUAN ANTONIO MARRAHÍValencia

Los gorriones se alejan. También el alcaudón, la cogujada o la tórtola europea. Nacen más hembras de tortuga boba y las capturas de pesca comercial tienden a disminuir. Mientras, nuevas mariposas y líbelulas aterrizan en la Comunitat y el creciente calor del Mediterráneo amenaza la presencia de cetáceos en nuestro mar. Todavía no existe un estudio profundo y global que analice los efectos del cambio climático en los miles de animales que pueblan la Comunitat, pero sí señales claras que ya identifican un buen número de expertos. Por tierra, mar y aire.

Análisis recientes de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) han revelado que los años 90 dibujan un punto de inflexión climático. Desde esa década, los años son mayoritariamente cálidos y secos respecto al promedio histórico. Y basta un ejemplo para comprender hacia dónde vamos: el periodo entre enero y octubre de este año es el tercero más cálido desde 1950. El más caluroso fue 2014, seguido de 2017 y 2016. Jorge Olcina, responsable del Instituto de Climatología de la Universidad de Alicante y presidente de los geógrafos españoles, no alberga dudas del efecto en los animales: «La subida de temperaturas, especialmente las mínimas nocturnas, está reduciendo el confort climático al que están adaptadas las especies de fauna y flora de nuestro territorio». También se refiere a la «irregularidad de las precipitaciones, que desajusta los ciclos vegetativos de la fauna al no encontrar límites tan marcados que fijan las épocas de lluvia». Al mismo tiempo, el calentamiento del Mediterráneo «está propiciando la llegada de especies invasoras».

La Conselleria de Medio Ambiente realiza un seguimiento de las especies amenazadas de nuestra región y trabaja para proteger sus poblaciones. Fuentes del organismo autonómico entienden que lo que está afectando a estos animales es «más el cambio global, que el climático». Vinculan su retroceso a factores como «el abandono de la ganadería extensiva, la falta de aprovechamiento de leña o la urbanización del litoral».

El calentamiento del Mediterráneo crea un desequilibrio sexual en la tortuga boba

El cambio climático, en cambio, sí está generando una mayor entrada de especies «propias de climas cálidos». Citan «insectos, mariposas o libélulas nuevas procedentes del sur que llegan por expansión natural». Son animales «que no se veían hace treinta años, cuando había heladas rigurosas» y ahora se aclimatan en la Comunitat por el aumento generalizado de temperaturas.

Un reciente estudio de Seo/Birdlife revela el potente efecto que el cambio climático, en conjunción con otros factores, está teniendo sobre la población de aves en toda España. El número de pájaros comunes en declive se ha triplicado en los últimos diez años. Y el 37% de las aves que se reproducen en nuestro país sufren reducciones de población. Son especies tan reconocibles como el gorrión o las golondrinas.

Gorrión

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EFE

QUÉ ES: Una de las aves más comunes en zonas urbanas y que está en retroceso

SITUACIÓN: Su presencia en la Comunitat se ha reducido un 27% respecto a 1998. Especies como la cogujada han visto mermada su población en un 64%.

Tortuga Boba

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LP

QUÉ ES:Especie mediterránea que pone sus huevos en playas valencianas

SITUACIÓN: El aumento de temperatura del mar hace que nazcan más hembras y crea un desequilibrio.

Percnon

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LP

QUÉ ES:Un tipo de cangrejo llegado al Mediterráneo con el aumento de temperatura del agua.

SITUACIÓN: Amenaza con desplazar a especies autóctonas.

Nacra

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LP

QUÉ ES:Un molusco propio del Mediterráneo que supera el metro de longitud.

SITUACIÓN: Esta siendo atacado por un protozoo con drásticas reducciones de población. La explicación podría hallarse en el progresivo calentamiento del mar.

Pájaros que se mudan

Según la ornitóloga Virginia Escandell, las aves más afectadas en la Comunitat Valenciana son el alcaudón común, con un descenso del 61% respecto a 1998, la cogujada común, que pierde un 64% de su población, o el gorrión. En casos como el de la tarabilla europea, la reducción llega al 73% en la región.

«Existen evidencias de que el cambio climático repercute en la biodiversidad. En la Comunitat, como ocurre en otras partes del mundo, algunas aves se verán perjudicadas y otras favorecidas», explica Estornell. En tierras valencianas, por ejemplo, cada vez veremos menos currucas rabilargas. Se están mudando a Reino Unido en busca de un clima algo más fresco.

Los trastornos llegan hasta el fondo del mar. Así lo resume Javier Aznar, profesor titular de Zoología en la Universitat de València. «Se han detectado cambios en niveles profundos del Mediterráneo en los últimos 60 años. Se aprecia un calentamiento de entre medio grado y un grado de promedio, lo que indica que en algunas zonas hay picos severos», detalla. Se teme la llegada de «especies tropicales que puedan variar la fauna con la aparición de organismos propios del Mar Rojo o aguas más tropicales», razona el experto de la UV.

Tendencia al calor

Máximos.
El calentamiento global ha dejado récords de temperatura muy resistentes en la Comunitat. El año 2014 fue, en promedio, el más cálido desde que hay registros en la Agencia Estatal de Meteorología. Le siguen en temperaturas altas 2001 y 2016.
2017
Si bien todavía no ha concluído, las mediciones entre enero y octubre ya sitúan a este año como el tercero más cálido de la serie, desde 1950.

Felipe Gimeno es patrón mayor de la Cofradía de Pescadores de Valencia. Tiene 58 años y faena en el Mediterráneo desde que tenía 14. Constata, por ejemplo, la desaparición del sable. «Hasta hará una década se cogía en buenas cantidades y ahora, ni rastro». Por contra, «antes no pescábamos gamba blanca de Huelva y ahora sí. Desaparece una cosa y aparece otra».

Mucho más alarmante, revela Gimeno, es la reducción generalizada de «hasta casi un tercio en una década» en capturas de peces tan demandados como la merluza, la sepia o el lenguado. El representante de los pescadores cree que el cambio climático está detrás de estas reducciones de pesca, en conjunción con otros factores como «la polución de acequias y depuradoras con vertidos que va a parar al fondo».

«No reconocen la estación»

José Tena, decano de Ciencias del Mar de la Universidad Católica de Valencia (UCV), también constata el aumento térmico del Mediterráneo. «Hasta hace menos de un mes, las temperaturas eran de más de 20 grados, cuando lo normal sería estar a 17 o 18». Y este desajuste «altera los ciclos reproductores de especies de peces e invertebrados. Sencillamente, los animales no saben qué estación están viviendo, no la reconocen», describe el académico.

Y llegan los invasores. Tena ha estudiado, por ejemplo, el caso del percnon, un cangrejo, que se encuentra «muy a gusto con ese cambio de temperatura y puede llegar a desplazar especies autóctonas». Compite con el cangrejo moruno propio de nuestras aguas «y descontrola el ciclo ecológico costero».

1990

Desde esta década, los años tienden a ser más cálidos y secos en la Comunitat, situación que se acentúa con el cambio del milenio, según mediciones de Aemet.

El experto de la UCV reclama una mayor financiación para investigaciones sobre las consecuencias del cambio climático en la fauna marina. Tena sabe, por ejemplo, que la nacra, un molusco endémico del Mediterraneo característico por su gran tamaño, «se está viendo atacado por un protozoo cuya presencia podría guardar relación con factores climáticos». Lo cierto es que la población de la nacra está disminuyendo drásticamente. «Hay incógnitas que deben ser aún resueltas e investigadas», resalta.

Alicia Borque es bióloga e investigadora predoctoral de la Fundación Oceanogràfic. Trabaja bajo la dirección del doctor Andreas Fahlman en el estudio del cambio climático en cetáceos, focas o leones marinos. Su pronóstico ante la variación térmica es que «cetáceos como delfines mulares o ballena rorcual común, propias de nuestra aguas, se vean afectadas».

Así lo explica: «El cambio climático afecta primero a los animales más pequeños y luego repercute en las escalas más grandes. Si los peces que come el delfín se marchan a otros mares o se hunden en busca de frío el delfín tendría que hacer mayor esfuerzo y eso condiciona su supervivencia».

La tortuga boba, una de las especies más abundantes en el Mediterráneo, pone huevos en algunas playas valencianas. «La temperatura del agua influye en el sexo de la tortuga. Como aumenta, se está produciendo un sesgo. Nacen más hembras y ese desequilibrio ya está ahí. Si sigue la tendencia y faltan machos, la especie no se va a poder conservar», augura la investigadora.

LP
¿Y las luciérnagas? Un entomólogo vincula la menor presencia del insecto con el uso de plaguicidas y la limpieza de solares

Marta no se lo explica. Lo de buscar luciérnagas con su familia junto a su chalé de Masías, en Moncada, se convirtió en una tradición desde que era una niña de seis años. «Hace unos meses, en verano, y después de muchos años sin verlas, volvimos a encontrar una. ¡Sólo una!». Quizá muchos se hayan hecho la misma pregunta que ella: ¿Dónde están las luciérnagas?

La ausencia de estos insectos, un tipo de escarabajo, no es una simple impresión. La misma percepción tiene alguien que las conoce bien, el entomólogo de la Universitat de València Sergio Montagud. Esa luz, casi mágica, de veranos entre jardines que encandila en la infancia la emiten las hembras para atraer al macho en la etapa reproductiva.

La hipótesis de Montagud es que está habiendo «una agresión generalizada sobre las poblaciones de luciérnagas en entornos urbanos». Según el experto en insectos, «la poca movilidad que presentan las hembras hace que, ante limpieza de solares, cunetas y restauración de parques y jardines, las poblaciones locales sucumban con más facilidad que otras especies en las que los dos sexos son voladores».

En segundo lugar, se refiere a los plaguicidas. «En los campos de antaño apenas se utilizaban y hoy son de uso extendido. Los huertos de naranjos ya no albergan luciérnagas». Los solares de zonas urbanas con vegetación baja también fueron refugio para los insectos luminosos. Allí estaba su alimento, los caracoles. «Pero el uso de máquinas hace que queden erradicados en pocas horas y todos los insectos desaparecen».

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