El Serpis arrastró 1.180 toneladas de sedimentos durante la dana Adam
Expertos de la UV y la UNED elaboran el primer estudio sobre las consecuencias de las fuertes lluvias e inundaciones ocurridas hace una semana en la Safor y la Marina
Valencia
Apenas una semana después del paso de la dana Adam por la Comunitat, la comunidad científica empieza a sacar las primeras conclusiones de un ... episodio de fuertes lluvias e inundaciones que causó tres víctimas mortales y cuantiosos daños materiales en la Marina Alta y la Safor. Según un estudio preliminar elaborado por expertos del Institut Cavanilles de Biodiversitat i Biologia Evolutiva (ICBiBE) de la Universitat de València (UV), en colaboración con la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), el Serpis y su principal afluente, el río Vernissa, arrastraron una media de 1.180 toneladas de sedimentos.
Juan Soria y Juan Víctor Molner Polit, del Institut Cavanilles, junto a Rafael Muñoz, de la UNED, son los autores de este pionero informe y, aunque piden prudencia a la hora de valorar estos primeros resultados, sus conclusiones sirven de base para explicar el impacto de esta nueva dana sobre territorio valenciano.
Los investigadores han reconstruido el episodio gracias a los datos cincominutales del Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) y a la aplicación de un modelo dinámico concentración–caudal con el que han conseguido averiguar la cantidad de sólidos arrastrados por la corriente. Para este apartado, se ha estimado una concentración mínima de 787 toneladas, una máxima de 1.639 y la citada media de 1.180.
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En este aspecto, los técnicos matizan que estas cifras sedimentológicas proceden de un modelo y dependen de la concentración supuesta, es decir, no son medidas directas del transporte de sólidos y no incluyen la fracción que pueda haberse depositado en el cauce y la llanura de inundación antes de llegar al mar. Este es uno de los principales condicionantes que limita los resultados obtenidos.
Con tal de tener un orden de magnitud de lo sucedido con respecto a la dana del 29 de octubre de 2024, en aquella ocasión las riadas transportaron 5,5 millones de toneladas de sedimentos, según el estudio definitivo del Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas (Cedex).
Para estimar la carga de sedimentos de Adam, Soria, Molner Polit y Muñoz han aplicado el modelo dinámico concentración–caudal, con tres escenarios de acumulación máxima en el pico de la crecida: 120, 180 y 250 miligramos por litro, respectivamente, en el azud de la Font d'en Carrós. La curva acumulada muestra que la mayor parte del sedimento circuló en unas 12 horas, entre la noche del 18 y la mañana del 19, coincidiendo, a su vez, con el pico de caudal.
Crecida de caudales
Precisamente el comportamiento de los caudales durante la crecida es otro de los apartados donde pone el foco este estudio. Según sus autores, el río Vernissa concentró el 72% del caudal máximo y el 73% del volumen de agua que llegó al tramo final del Serpis durante los días 18 y 19 de octubre.
En Real de Gandia, donde confluyen ambos cauces, se calculó un caudal punta de 361,6 metros cúbicos por segundo y un volumen total de 13,09 hectómetros cúbicos en base a las mediciones realizadas por los sensores en la Font d'en Carrós y Ròtova. El Vernissa, cuya cuenca ocupa 140 kilómetros cuadrados, aportó 261,6 m³/s de esta cantidad mientras el Serpis llevó los 100,7 restantes. Aguas abajo de los embalses de cabecera, en cambio, los caudales fueron mucho más moderados: 13,6 m³/s en el Serpis en Villalonga (a la salida de la presa de Beniarrés) y 13 m³/s en el Albaida en Montaverner (a la entrada del pantano de Bellús).
Poca infiltración
Durante la dana Adam, la cabecera y el valle del Vernissa registraron «lluvias extraordinarias» con 448 milímetros en Ròtova (donde se alcanzaron puntas de 141,6 mm/h), 352,8 mm en Pinet y 275 mm en Terrateig. Por tanto, la media sobre los 140 kilómetros cuadrados que componen la cuenca fue de 384,4 mm.
A las 10:30 del 18 de octubre, con solo 31,5 mm de lluvia media acumulada (36,4 mm en Ròtova), «el suelo agotó su capacidad inicial de absorción —el llamado umbral de escorrentía— y el agua empezó a correr por la superficie». Los expertos lo ejemplifican con el caso de Ròtova, donde el caudal pasó de 0,3 a 18,3 m³/s en menos de 45 minutos. Después, la tormenta descargó sobre un terreno «ya saturado» y elevó el nivel hasta un máximo de 261,6 m³/s a las 05.35 de la madrugada del 19 (1,87 m³/s por kilómetro cuadrado), con un volumen de escorrentía directa de 9,56 hm³.
«El contraste entre cauces regulados y no regulados es la clave del análisis», afirman los investigadores. Su tesis reside en que allí donde hay embalses de cabecera —Beniarrés en el Serpis y Bellús en el Albaida— los caudales fueron «moderados» mientras en el caso de las «cuencas libres», como la del Vernissa, donde tan solo está el azud de Terrateig en todo su curso, una infraestructura que, por cierto, consiguió laminar unos ocho m³/s, concentró casi tres cuartas partes del caudal y del volumen de la avenida.
A juicio de los especialistas, las cuencas comparadas no tienen el mismo tamaño, por lo que la diferencia no puede atribuirse solo a la regulación, «pero el resultado refuerza la importancia de vigilar también los afluentes pequeños y sin regular».
Comportamiento similar al Poyo
El equipo formado por Soria, Molner Polit y Muñoz subraya que el umbral de escorrentía obtenido en el Vernissa (de 31,5 mm) es similar a los que se han obtenido empíricamente en otros estudios para el barranco del Poyo, a pesar de que ambas cuencas difieren en geología, tamaño y grado de urbanización.
En su opinión, una posible explicación es que, con intensidades de lluvia superiores a 100 mm/h, «el suelo no puede absorber el agua a la velocidad a la que llega, de modo que la escorrentía se activa con cierta independencia del tipo de terreno». Eso sí, el grado de urbanización «puede agravar el problema al aumentar la escorrentía».
«Los afluentes pequeños y sin regular pueden concentrar la mayor parte del caudal y de los sedimentos de una crecida en pocas horas, y eso cambia dónde y cómo conviene vigilar. Lo que vimos en el Vernissa se parece mucho a lo que ocurrió en el Poyo en 2024: la respuesta de estas cuencas parece depender más de la intensidad de la lluvia que de la geología», concluyen los expertos.