El senior que fabricó las guitarras que conquistaron el mundo
Grover Jackson, el legendario luthier estadounidense que fabricó guitarras para Van Halen, Randy Rhoads o Gary Moore compartió en la Universidad CEU Cardenal Herrera su trayectoria entre el taller de madera, el estruendo del heavy metal y la revolución digital de la luthería
Valencia
Alguien tuvo que fabricar las guitarras con las que Eddie Van Halen daba rienda suelta a su heavy metal sobre los escenarios. Detrás de cada ... estrella, siempre hay alguien en la sombra que hace posible la consagración del éxito. Ese alguien, hoy, es nada menos que Grover Jackson, el luthier de las estrellas del rock por excelencia en el mundo.
Jackson se ha pasado la vida entera fabricando guitarras para verdaderas leyendas de la música. Randy Rhoads (Ozzy Osbourne), Gary Moore, Phil Collen (Def Leppard), Adrian Amith (Iron Maiden), Slash (Gun's N' Roses)... La lista es interminable. Todos ellos portaron en algún momento una guitarra de Grover Jackson, que incluso inventó modelos míticos como aquel en forma de V que transformaron la forma de entender el rock.
Este hombre, a sus 77 años, estuvo el pasado miércoles en Valencia. Concretamente, en el aula magna de la Escuela Superior de Enseñanzas Técnicas (ESET) de la Universidad CEU Cardenal Herrera (CEU UCH), que durante la mañana se convirtió en el epicentro del diseño y la ingeniería aplicados a la música. En una jornada promovida junto a las firmas Desinope, Fanatic Guitars e Iantum, la institución valenciana reunió a estudiantes, académicos y apasionados del instrumento para explorar la metamorfosis tecnológica del arte de construir guitarras. Entre los ponentes destacó Grover Jackson, el artesano de referencia en la historia de la guitarra eléctrica norteamericana.
Jackson rememoró los cimientos de su vocación. Su memoria retrocedió seis décadas, hasta el instante exacto en que los Rolling Stones irrumpieron en la televisión estadounidense. Aquella sacudida sonora transformó a un joven criado entre los aromas a serrín del taller de carpintería de su padre. Tras años reparando los instrumentos de sus compañeros de banda, a los veinticuatro años aceptó una certeza dolorosa: su destino no residía sobre los escenarios como estrella del rock, sino en la manufactura del sonido. En aquel momento nació una dedicación ininterrumpida de medio siglo al oficio.
El taller que estableció en Los Ángeles a finales de los años setenta coincidió con la eclosión del heavy metal. Por su local desfilaron jóvenes músicos que moldearon el sonido de una época, desde Eddie Van Halen hasta Randy Rhoads. Fue precisamente con Rhoads con quien concibió uno de los modelos más icónicos del rock, cuyo diseño germinó a partir de cuatro trazos esquemáticos dibujados en una servilleta de papel durante una conversación de bar.
Jackson abordó la transición desde las herramientas rústicas de carpintería hacia el mecanizado por control numérico (CNC). Lejos de considerar que la automatización despoje de alma al proceso creativo, el artesano defendió la precisión digital. Para él, la tecnología elimina el margen de error y permite replicar piezas complejas como no se podía hacer con un martillo y una fresadora. El luthier advirtió a los futuros ingenieros sobre las trampas del material: contra la creencia popular, las maderas blandas resultan mucho más complejas de cortar que las duras, pues tienden a desgarrarse ante el filo de la herramienta.
El análisis de los materiales incluyó la evolución de las lacas. Jackson contrapuso la delicada fragilidad táctil de la nitrocelulosa tradicional frente a la resistencia industrial del poliuretano y el poliéster. Pese a haber construido instrumentos para los ejecutantes más virtuosos y estridentes del planeta, Jackson confesó su preferencia personal más íntima: la simplicidad sobria de una Fender Telecaster, guitarra que a lo largo de sus carreras llevaron artistas como Keith Richards, Bruce Springsteen o George Harrison. Su visión sobre los músicos divide a los intérpretes en dos categorías: aquellos obsesionados por la minucia técnica de las pastillas o los potenciómetros, y genios puros como Randy Rhoads, quien ni siquiera sabía cambiar las cuerdas de su guitarra.