El ataque a la jueza Biedma y 'El padrino'
Entre el variado menú de corrupciones y corruptelas que nos ha dejado el gobierno de Sánchez en esta legislatura hay una que me recuerda a ... los métodos de la mafia. Es muy grave lo que relató la jueza Beatriz Biedma ante la Audiencia Nacional hace unos días con motivo de su labor como jueza de instrucción de la causa del hermano del presidente, David Sánchez. Repasen el artículo de LAS PROVINCIAS escrito por Arias y Sáiz-Pardo el pasado 9 de octubre, te pone los pelos de punta. Entre los episodios de mayor gravedad, la magistrada indicó «Varias presencias no identificadas en el colegio donde estudiaban sus hijos o los testimonios que apuntan a que el entorno de la trama investigada habría hablado de 'eliminar' a la jueza». Se desprende de sus declaraciones que un exjuez, Luis Sáenz de Tejada -expulsado de la carrera judicial y condenado a treinta y tres meses de cárcel por violencia contra su mujer-, habría contactado con los Rocho, un clan familiar dedicado al narcotráfico, para que hic¡eran lo necesario para apartar a la magistrada de la instrucción del 'hermanísimo'. Ese contacto con los Rocho se produjo por medio de Cintia Rocho, quien admitió ser «la Celsa», un seudónimo que aparecía en una anotación en la agenda de la exmilitante socialista Leire Díez: «Jueza Badajoz la Celsa heroína Gitano». Cintia declaró ante la Guardia Civil que Sáenz de Tejada le había dicho que la Biedma «era un puto grano en el culo», «que había que eliminarla» y que «a palos aprende el burro».
Parece claro que la mano siniestra de Cerdán (y su esbirro Leire Diez) está detrás de esto, lo que exige a los votantes socialistas una nueva prueba de fe acerca de la ignorancia angelical del presidente. La verdad es que a mí me da igual, porque estos métodos dignos de 'El padrino' y de Putin -célebre por atentar en todo el mundo contra personas «molestas»- son tan repulsivos que las hipótesis de un presidente encanallado o simplemente en la inopia total me parecen igualmente intolerables. En resumen, Sánchez se ha rodeado de mafiosos entre sus más estrechos colaboradores, y mientras se vanagloriaba de su defensa a ultranza de la causa de la mujer sus acólitos se dedicaron a enchufar amantes por la cara, pagar prostitutas y acosar a una magistrada que demostró una integridad a prueba de bombas. Todo eso hubiera bastado para que dimitiera, si hubiera tenido pundonor y sentido de la responsabilidad institucional de la que tanto presume. Ahora nos toca casi dos meses de martilleo por su parte invocando cuánto ayuda a la causa «progresista» del país y cómo va a dar vivienda a todos los españoles tras ocho años sin hacer nada. Pues venga, aguantaremos, pero no nos pida que le creamos, ya vimos 'El padrino'.