La dana desde fuera
Valencia
Hace unos días, encargué a una alumna que, como trabajo de clase, expusiera a sus compañeros lo que fue la dana de 2024. Lo hice ... porque hay un buen grupo de estudiantes que vienen de fuera, algunos de muy lejos, y no estaban aquí cuando todo sucedió. Ella eligió varias fotos de prensa para que entendieran la magnitud de la catástrofe y reivindicó, sin que yo le hubiera dado pautas al respecto, el papel de los periodistas en la zona. Allí, metidos en el barro, no solo fueron testigos sino también parte de la ayuda.
La alumna está en primero de carrera y ya tiene interiorizado que su trabajo no será solo contar, sino dar voz a quienes no tienen otra forma de hacerse oír. Algunos de sus compañeros, que vienen de Perú o de Colombia, saben muy bien a qué se refiere porque han visto en sus países el olvido de los más desfavorecidos, el ninguneo en caso de catástrofe o formas más o menos explícitas de callar a quienes piden cuentas a los poderes públicos. Enseguida entendieron la importancia que ese acontecimiento tiene en la historia reciente de la Comunitat Valenciana, la tierra que les acoge durante sus años de formación, y se solidarizaron con ella.
Por su parte, los compañeros de origen valenciano son chavales que en aquellos días estaban en el instituto y vieron a sus mayores coger las palas y calzarse las botas para ir a quitar barro, así como que a decenas de periodistas trabajar en condiciones muy difíciles para poner su micrófono o sus teclas a disposición de los que sufrían. Han entendido, sin que se lo enseñemos, que las dos opciones son igualmente válidas: la pala y el micrófono, que unos quitan barro y otros enchufan el altavoz, el flash o la grabadora para que se conozca lo que hay debajo del barro. Y ambas tareas han sido imprescindibles para llegar al punto en el que estamos hoy, dos años después. Aún no ha terminado ni la rehabilitación física ni la exigencia de responsabilidades políticas, pero hace apenas unos días hemos comprobado que aquel dolor, eterno para las familias, va camino de no repetirse, al menos, por los mismos errores. Hemos visto a un Consell actuar con premura, poner por delante la prevención y la alerta aunque luego quedara en nada o en menos de lo previsto. Hemos visto a las autoridades estar en el lugar, tomar decisiones y explicarlas a los ciudadanos.
Sin duda, todavía queda trabajo que hacer y mucho que acompañar y apoyar a quienes perdieron a sus seres queridos, su casa y todas sus pertenencias. Pero, al menos, la experiencia ha servido de lección. Entre los chavales que lo vieron y lo sufrieron ya sabemos que sí. Falta confirmar que, para los responsables públicos, también, sin que la evaluación requiera un episodio similar.