Decisiones extrañas
Valencia
Vale, podríamos estar de acuerdo en que esta es una ocasión singular. Estas son unas elecciones de mucho calado, en las que todo va a ... cara o cruz; unas elecciones extremadamente importantes y decisivas. Así es que, como se está argumentando, los partidos han de echar el resto. Y Valencia está llamada a aportar, como tributo, lo mejor que tiene en sus reservas: «Para ofrendar nuevas glorias, etcétera».
Esa es la razón de lo que estamos viendo. Algo que yo no dudaría en llamar «fenómenos paranormales»: una delegada del Gobierno reclamada como candidata principal, que se lo deja todo: el centro de la capital ocupado por una acampada, un tenso segundo aniversario de la inundación, una huelga general política, y las elecciones más tensas que se han vivido en quinquenios. Y en el otro partido, una alcaldesa de Valencia que, aunque no vaya a dejar de serlo, ha sido reclamada como candidata principal a las elecciones y se deja lo mismo que acabamos de enunciar, más una serie de obras de gran importancia abiertas y una campaña de Navidad-Reyes llena de incertidumbres prácticas.
No es preciso, ahora, repasar los brillantes expediente de la una y la otra. Tampoco parece el momento de decir que ninguna de las dos ha sido nombrada por sus respectivos partidos en una democrática elección. Ambas han sido llamadas de urgencia, por los jefes de «Madrit», porque son personas de alto valor y notable rendimiento. Pero dicho eso, que no es poco, vamos a lo perentorio: que es que nos dicen que ambas no van a dejar sus objetivos políticos principales, que les enfrentarán de nuevo, en primavera, en unas elecciones municipales que también serán muy reñidas.
Y es ahí cuando yo noto en el costado el primer pinchazo: aquí hay trampa, me digo con dolor. Los dos grandes partidos hacen una simulación. Porque me piden que yo vote a unas señoras de estupendo expediente; pero no para que vayan al Congreso a beneficiar a Valencia y a España, sino a renunciar muy pronto al escaño que van a obtener para venirse enseguida al terruño, a primeros de enero, a pelear de nuevo por la alcaldía.
Vaya, vaya. Dos mujeres excepcionales para una situación de excepción. Dos personalidades imprescindibles por su carisma, para una batalla electoral que para ellas será un desgaste doble. Y llega aquí mi segundo dolor, que se produce cuando veo al descubierto otra realidad: que tanto el Partido Popular como el PSOE están durmiendo con sábanas pequeñas, de esas que, si se estiran para tapar por arriba, destapan por abajo. O dicho más crudamente, que los dos partidos, aparte de ellas, no tienen a nadie que valga un pimiento. Pues qué bien.