¿Cómo están ustedes?
Degradar su cargo de esa manera y menospreciar a su audiencia a nivel de niños que entienden mejor gestos que palabras no me parece muy serio, la verdad
EDUARDO BENLLOCH GARCÍA
No, no crean que estoy a punto de iniciar una vuelta a la infancia. No, se trata de una evocación que quería contarles porque me ... tiene preocupado.
Hace unos días ví en la TV a nuestro actual Presidente del Gobierno, enfundado en una camiseta roja sobre su impecable camisa y dando el solito pasos de baile, con el regocijo y aplauso de un numeroso auditorio. La TV estaba sin sonido y al principio no capté qué era aquello en realidad. Mi primera impresión fue evocar a los famosos Gabi, Fofó y Miliki que en no pocas ocasiones había visto con mis hijos hace muchos años con una vestimenta vagamente parecida y haciendo gestos similares ante un auditorio enardecido de niños a los que poco antes les habían preguntado 'eso', y que habían contestado con escandalosa unanimidad «¡bien!». Me asombró que, en realidad, fuera el Sr. Presidente curiosamente disfrazado, y que el auditorio no fueran niños siguiendo a «los payasos de la tele», si no adultos igualmente enardecidos aplaudiendo y jaleando el saleroso baile de tan ilustre persona.
La verdad es que me dejó sorprendido que, en un acto preelectoral, una persona de la máxima responsabilidad del Estado tuviera una actuación tan poco seria. No conseguía entender, y sigo aún sin concebirlo, que en una reunión con miembros de un partido de gobierno y que aspira a serlo de nuevo, en vez de procurar exponer con detalle el programa electoral, que se supone que es la función de esos llamados mítines, se dedicara a hacer gracietas, arrumacos -según ví- e improvisar jacarandosos pasos de baile. Debe ser que estoy anticuado y no consigo sintonizar con los tiempos y costumbres de hoy, pero degradar su cargo de esa manera y menospreciar a su audiencia a nivel de niños que entienden mejor gestos que palabras no me parece muy serio, la verdad.
Cierto que ya nos hemos acostumbrado a diversos tipos de bajadas de nivel, cual son los improperios, los cambios de criterio súbitos, los embustes diarios, las malas compañías, las decisiones interesadas, las faltas de respeto interinstitucional...y toda una lista de comportamientos que no ensalzan precisamente el cargo ocupado. Ahora al Sr. Presidente le toca informar a los ciudadanos, a los que presuntamente se dirige en esos actos mitineros, de su análisis de lo que ha hecho y conseguido durante su mandato, dónde han estado sus errores, que sí los ha habido, y como piensa proseguir, si los ciudadanos lo tienen a bien, para enderezar en los próximos años lo que se torció en los anteriores. Sin zalamerías.
Es de suponer, y así parece que va sucediendo, que sus adversarios (no enemigos en ningún caso) tendrán que hacer también un ejercicio y esfuerzo para repasar esos errores y ofrecer a los ciudadanos otros enfoques, dirigidos a enmendarlos y corregirlos y definir su forma de hacer avanzar al país más y mejor con sus propuestas. Y también lo tendrán que hacer sin bailes ni pantomimas, entendiendo que los oyentes son y serán adultos conscientes, que entienden las palabras y reconocen verdades, mentiras, aciertos y errores cuando aparecen.
La pregunta inicial, pues, sigue vigente ¿cómo están? ¿cómo estamos? Los tiempos que corren no son propicios para alegrías, mas bien todo lo contrario. Preocupaciones, penurias, malas noticias, tambores de guerra (a secas o híbrida) cada vez más próximos, complicaciones económicas globales, tecnologías quizás amenazantes. Son muchas las cuestiones que hay que tener en cuenta.
Sin descontar las domésticas, muchas y muy variadas. La inflación, la pérdida de poder adquisitivo de una gran mayoría, el paro juvenil, los graves problemas de vivienda, de educación, de sanidad, de transportes..., sin olvidar ese deletéreo y judicializado ruido de presuntas manipulaciones del censo electoral. No caben en un breve repaso todas, pero 'todas' hay que tenerlas en cuenta a la hora de cómo afrontar las decisiones que combinen el bien personal con el bien común, de cara a estas elecciones ya convocadas, a ese 29-N decisivo a tenor de lo apuntado.
Ahí está nuestra responsabilidad, la mía, la suya, la de los suyos y la de los otros. Dependemos unos de otros para el bien común y nos sobran los agitadores profesionales que ya entrenan estos días. ¡Dejémonos de bailecitos!