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Entrevista a Libertad Garte, agente inmobiliaria independiente en Valencia

Con más de quince años como profesional autónoma, Libertad Garte ha construido su camino sin atajos. Su trayectoria no ha sido lineal, pero sí coherente: vivir fuera, explorar lo creativo, formarse en integración social, gestionar negocios propios y, finalmente, encontrar en el sector inmobiliario un lugar donde experiencia, trato humano y vocación de servicio encajaron de forma natural.
-¿Qué significa para ti ser una mujer empresaria hoy?
-Significa construir algo propio con responsabilidad y libertad. Nadie decide por ti. Emprender es convivir con la incertidumbre y asumir decisiones que no siempre son fáciles. Para mí no es una etiqueta, es una forma de vivir con coherencia y sentido.
-Tu trayectoria no ha sido lineal. ¿Cómo ha sido ese recorrido?
-Llevo más de quince años como autónoma. Durante una etapa importante gestioné negocios en hostelería, lo que me dio una base empresarial muy real: gestión, presión, decisiones y trato con personas. El punto de inflexión llegó tras la pandemia, cuando entendí que necesitaba alinear mi trabajo con algo más profundo.
Entré en el sector inmobiliario casi sin plan previo, pero con intuición. Me formé, aprendí desde dentro y pronto encontré mi lugar. Hoy sé que este camino no fue casual.
-¿Qué define tu forma de trabajar?
-Trabajo desde lo humano, pero con estructura. No me interesa solo cerrar operaciones, sino ordenar procesos que suelen ser complejos: herencias, separaciones o decisiones patrimoniales importantes. En esos momentos, las personas necesitan claridad y seguridad.
He construido mi actividad como profesional independiente, apoyándome en colaboradores especializados —jurídicos, técnicos y arbitraje notarial— para que cada operación tenga una base sólida. También cuento con el soporte profesional de Monapart, que me aporta herramientas y servicios que traslado directamente a mis clientes, manteniendo siempre mi independencia. Creo en el trabajo bien hecho.
Mi objetivo no es hacer más operaciones, sino hacerlas mejor.
-El último año fue especialmente intenso. ¿Qué supuso para ti?
-El 2024 quedó marcado por la DANA, que me obligó a parar casi dos meses. Soy de L’Horta Sud y, en ese momento, lo importante fue ayudar a mi entorno, a mi gente y a mi familia. Fue una etapa dura, física y emocionalmente.
Al retomar, 2025 terminó siendo mi mejor año profesional. Gestioné operaciones complejas en un contexto difícil. Eso me confirmó algo que siempre ha estado en mí: la resiliencia no es una idea bonita, es una práctica diaria.
-¿Dónde estás hoy profesionalmente?
-Trabajo principalmente por recomendación. Mi crecimiento ha sido orgánico, basado en confianza real y no en volumen. Eso me permite implicarme de verdad en cada proceso.
Desarrollo mi actividad entre Valencia capital y L’Horta Sud. Ambas zonas las siento totalmente mías y forman parte de mi identidad, y me siento muy cómoda trabajando en ese entorno.
Estoy en una etapa de consolidación, donde el foco está en el criterio y no en la cantidad.
-Mantienes una formación constante. ¿Por qué?
-Porque mi trabajo lo exige. Me interesa especialmente el ámbito jurídico y la mediación, ya que muchos de los procesos que acompaño implican situaciones delicadas. Formarme me permite aportar equilibrio y capacidad real de resolución. Para mí, aprender es parte del oficio.
-¿Qué aporta la mirada femenina al mundo empresarial?
-Aporta sensibilidad, empatía y capacidad de adaptación, pero también firmeza. Muchas mujeres hemos tenido que construir sin estructura previa, y eso desarrolla carácter.
El mundo empresarial no siempre está pensado para facilitar el emprendimiento desde la figura de autónoma, con más gastos que certezas y pocas garantías si el proyecto no funciona. Emprender implica un riesgo real, y muchas mujeres lo asumen sabiendo que no existe una red de seguridad clara.
Por eso creo que la mirada femenina aporta también conciencia del esfuerzo que supone sostener un proyecto en el tiempo. Creo en mujeres que trabajan y sostienen iniciativas reales, incluso cuando el contexto no lo pone fácil.
También considero que, en un mundo empresarial en el que cada vez tenemos más herramientas digitales a nuestro alcance, el factor humano, sensible y creativo que aporta nuestra mirada va a ser esencial.
-¿Qué le dirías hoy a una mujer que está pensando en emprender?
-Que no hay edad ni momento perfecto para empezar o cambiar de dirección. Muchas esperamos tener todo claro antes de dar el paso, y eso casi nunca ocurre.
También le diría que no intente poder con todo. Nos hemos impuesto durante años una imagen de empresaria impecable y siempre disponible. Ese traje de chaqueta con tacón puede convertirse en una carga. Delegar, dejarse ayudar y rodearse de personas que sumen es una forma de crecer con equilibrio.
Mi reto ahora es ese: aprender a delegar mejor. Emprender no es hacerlo todo sola, es construir algo sostenible. Ser fieles a nuestra versión más auténtica es más importante que cumplir con una imagen externa de éxito.
-¿Cuál es tu visión del sector inmobiliario hoy?
-Vivimos un momento complejo y tensionado. El acceso a la vivienda es una preocupación real para muchas personas, especialmente para quienes no tienen propiedad y deben asumir alquileres cada vez más exigentes. No podemos reducir el sector a una visión puramente comercial, porque trabajamos con decisiones que afectan directamente a la estabilidad de las personas.
Hace falta más diálogo entre quienes estamos sobre el terreno y quienes diseñan las normativas. El sector necesita avanzar hacia una mayor profesionalización y hacia estándares éticos más homogéneos que generen confianza.
Soy optimista porque veo evolución y mayor preparación, pero también creo que debemos asumir nuestra parte de responsabilidad para que el sector sea más sólido y coherente, y así transformar la imagen que la sociedad tiene de él.
-¿Cómo ves tu evolución a futuro?
-Mi siguiente paso es aprender a delegar y dar un paso más en estructura, sin perder el sello personal que define mi manera de trabajar. Me gustaría abrirme a un equipo humano sólido, con el que podamos seguir cuidando cada vivienda y cada proceso al detalle, pero con mayor alcance y capacidad.
También me gustaría que ese crecimiento sirviera para dar oportunidad a mujeres que quieran construir un recorrido profesional estable y coherente, especialmente a quienes no lo han tenido todo fácil. Poder ayudarles a crecer económicamente y formar parte de un proyecto que les ilusione es algo que para mí tiene mucho sentido.
No busco volumen. Busco consolidar un proyecto fuerte, humano y sostenible en el tiempo.
Quiero seguir evolucionando y mantener independencia. La vida me ha enseñado que todo puede cambiar en un día y, por eso, elijo construir con sentido. El camino propio no es el más fácil, pero sí el más auténtico.