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Entrevista a Ana Pérez, coordinadora corporativa de ingeniería en Familia Martínez.


Cuando Ana Pérez era niña y acompañaba a su padre a las grandes obras públicas donde éste trabajaba como mecánico industrial, no iba solo a mirar. Iba a imaginar.
Su padre nunca hizo diferencias entre su hermano y ella. Les repetía que, si querían, algún día podrían ser ellos quienes dirigieran aquellas instalaciones. Esa naturalidad —sin etiquetas ni límites— marcó su camino.
Décadas después, Ana Pérez se convirtió en Ingeniera Industrial por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid, en una promoción en la que apenas un 5% del alumnado eran mujeres. Aquella minoría no la frenó: reforzó su determinación.
En 2017 se incorporó a Embutidos Martínez. Un año después ya lideraba ampliaciones industriales multimillonarias. Hoy es Coordinadora Corporativa de Ingeniería en Familia Martínez, la corporación que integra Embutidos Martínez, Platos Tradicionales, Cinco Tenedores y La Pila Food, y que alimenta cada día a más de 2,5 millones de personas y genera más de 1.900 empleos directos en Valencia y Madrid.
Habla de proyectos, de cifras y de nuevas plantas industriales en marcha. Pero, sobre todo, habla de personas. Para ella, el éxito siempre tiene dos dimensiones: construir industria y hacer crecer a quienes la hacen posible.
-¿Cuáles son las claves de su liderazgo?
-Rehúyo de los grandes titulares sobre liderazgo personal.
Si soy o no líder, tendrían que decirlo los demás. En mi organización hay grandes profesionales que me inspiran y a los que seguiría con los ojos cerrados. Algunos son visibles y otros trabajan en silencio, pero todos son referentes.
Creo que mi forma de dirigir se basa en trasladar con claridad los objetivos estratégicos de la compañía y alinear a todos los actores implicados: equipos técnicos, otros departamentos, proveedores y administraciones.
Mi papel es aportar equilibrio, serenidad, optimismo y apoyo cuando se necesita. Escuchar, estar presente, tomar decisiones y asumir la responsabilidad cuando las cosas se complican. Y, cuando salen bien, compartir siempre el mérito.
La clave está en hacer que todos los engranajes encajen.
Ver una planta industrial terminada y produciendo es un logro colectivo. Pero si además las personas que han participado crecen profesionalmente, el impacto es mucho mayor.
-¿Ha condicionado el hecho de ser mujer su trayectoria o su manera de dirigir?
-En un sector históricamente masculinizado como el industrial, esta elección rompe estereotipos. Yo lo tomo con naturalidad y exigencia.
La capacidad para dirigir equipos no depende del género, sino del carácter, del rigor y de la profesionalidad. En mi experiencia siempre he recibido un trato igualitario y he podido desarrollarme en base al trabajo bien hecho.
Aun así, reconozco el valor simbólico de mi posición. Cuando otras mujeres ven que es posible desarrollar una carrera técnica y de liderazgo en la industria, se amplían referentes. Y eso es positivo para todos.
-¿Algún mensaje para futuras ingenieras?
-Durante mis años de carrera universitaria, apenas había mujeres en las aulas. Hoy la situación mejora, pero sigue siendo minoritaria.
A las futuras ingenieras les diría que no se pongan límites antes de empezar. Las carreras técnicas necesitan talento, vocación y esfuerzo. Y el talento no entiende de género.
Si les gusta la ingeniería o la industria, adelante. No necesitan validación externa para intentarlo. La confianza se construye trabajando.
-¿Qué puede aportar una mayor diversidad al sector industrial?
-La diversidad en la industria no es una cuestión de imagen, sino de competitividad.
Más diversidad significa más miradas, más preguntas y mejores soluciones. La industria vive una transformación constante y necesita equipos capaces de pensar diferente y complementarse
-¿Qué medidas son necesarias para la igualdad real?
-La igualdad real comienza en la educación y se consolida en la empresa mediante procesos objetivos y meritocráticos. Cuando existen reglas claras y oportunidades reales, el talento encuentra su camino.
-En el contexto actual, ¿qué tipo de liderazgo necesita la industria?
-En plena revolución tecnológica e industrial, creo que el liderazgo debe combinar excelencia técnica y humanidad. La tecnología seguirá avanzando y superándonos en muchos ámbitos, pero hay valores que siguen siendo profundamente humanos: la empatía, la honestidad, la capacidad de decidir en momentos complejos o de apoyar a un equipo cuando lo necesita.
La industria necesita profesionales preparados, comprometidos y con visión. No importa si son hombres o mujeres. Importa que sepan construir futuro y hacerlo con las personas en el centro.