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Entrevista con José Luis Gómez-Pardo, director general de NIXVAL


Al hablar de inteligencia artificial, nube o servicios digitales, solemos mirar a la pantalla. Pero lo decisivo ocurre antes: en la infraestructura que permite que todo funcione con rapidez, seguridad y continuidad. José Luis Gómez-Pardo, Director General de NIXVAL, lleva años defendiendo una idea sencilla de explicar y compleja de ejecutar: Internet no vive en el aire, sino en lugares físicos donde cables, operadores, energía y datos se encuentran. Desde Valencia, NIXVAL se ha consolidado durante 18 años como uno de esos puntos clave de interconexión neutral.
-Después de 18 años en el sector, ¿qué diferencia hoy a NIXVAL?
-Una de nuestras principales diferencias es la continuidad. En un momento en el que los data centers empiezan a estar en el centro de muchas conversaciones, NIXVAL lleva 18 años haciendo aquello para lo que nació: ofrecer una infraestructura neutral, robusta y cercana para que empresas y operadores puedan interconectarse con garantías.
Han cambiado muchas cosas: la nube, la ciberseguridad, la disponibilidad, la forma en la que consumimos servicios digitales y, ahora, la inteligencia artificial. Pero nuestra esencia no ha cambiado. Seguimos siendo un punto de interconexión neutral, independiente y especializado. Y eso no se improvisa. No se compran 18 años de experiencia, ni la confianza construida operando infraestructura crítica día tras día.
-¿Por qué es tan importante la interconexión neutral?
-Porque Internet no es una nube abstracta. Internet son cables, equipos, energía, rutas y centros físicos donde convergen. A veces intento explicarlo con una imagen muy sencilla: un punto neutral de interconexión funciona como un aeropuerto. Permite que distintos operadores y empresas se conecten entre sí de forma directa, eficiente y segura.
Si todo el tráfico tuviera que pasar siempre por grandes nodos lejanos, sería más caro, más lento y menos resiliente. Cuando existe infraestructura cercana, los datos recorren menos distancia, con menor latencia y mayor capacidad de respuesta.
Para una empresa, esto significa servicios más ágiles. Para un usuario, significa algo tan cotidiano como una videollamada que no se corta, una operación bancaria que responde o un historial médico disponible cuando hace falta. Parece invisible, pero está presente en prácticamente todo lo que hacemos.
-¿La inteligencia artificial cambia las necesidades de los centros de datos?
-Las cambia profundamente. Hasta ahora se ha hablado mucho del entrenamiento de grandes modelos de inteligencia artificial, que exige enormes capacidades de computación concentradas. Pero la siguiente gran ola será la inferencia: el momento en el que millones de personas, empresas, dispositivos o sistemas industriales consulten modelos de IA en tiempo real.
Esa inteligencia artificial cotidiana no puede depender solo de infraestructuras lejanas. Necesita estar más cerca del usuario, de las empresas y de las cargas de trabajo. Necesita centros de datos distribuidos, neutrales y muy bien conectados.
Ahí es donde NIXVAL encaja de forma natural. No basta con tener potencia. Hay que tener conectividad, baja latencia, resiliencia y conocimiento operativo. La inteligencia artificial que realmente transformará el día a día no solo necesitará grandes centros de datos; necesitará una red de infraestructuras cercanas que la hagan útil, rápida y fiable.
-¿Qué papel puede jugar Valencia en ese escenario?
-Valencia tiene una posición muy interesante. No solo por calidad de vida o por capacidad para atraer talento, sino porque puede consolidarse como un nodo digital relevante en el Mediterráneo. La economía digital no se construye únicamente en las grandes capitales. Cuanto más distribuida sea la infraestructura, más resiliente será el sistema.
Para que tecnologías como la inteligencia artificial, el coche conectado, la industria avanzada o los servicios públicos digitales funcionen bien, necesitamos centros de datos próximos, eficientes y conectados. No todo puede depender de Madrid, París, Frankfurt o Ámsterdam.
La proximidad es competitividad. Y Valencia tiene condiciones para ocupar un lugar mucho más relevante en esa conversación.
El sector habla mucho de sostenibilidad. ¿Cómo se aterriza en un data center?
-Con hechos medibles. La sostenibilidad no puede ser un eslogan. Tiene que estar en el diseño eléctrico, en la climatización, en la planificación y en la operación diaria.
-En nuestro caso, cada ampliación mejora la eficiencia. Buscamos reducir la energía necesaria para refrigerar, optimizar cada kilovatio y mantener un consumo de agua prácticamente nulo, algo que conviene explicar porque existe mucha confusión alrededor de los centros de datos.
Entiendo que haya preocupación social cuando se habla de energía, agua o territorio. Pero precisamente por eso hay que explicar bien qué es un data center, cómo funciona y qué aporta. El reto no es frenar la infraestructura digital, sino construirla con responsabilidad.
-En un mercado con más competencia, ¿cómo se defiende una posición de liderazgo?
-Con solvencia. La competencia es positiva porque confirma que el mercado es estratégico, pero también obliga a diferenciar lo que es trayectoria de lo que es oportunidad.
NIXVAL no llega ahora porque el sector esté de moda. Llevamos casi dos décadas operando infraestructura crítica, entendiendo las necesidades reales de los clientes y construyendo relaciones de confianza.
En este negocio, la experiencia pesa mucho. La disponibilidad, la seguridad, la conectividad o la respuesta ante incidencias no se aprenden en un folleto comercial. Se aprenden operando, invirtiendo, escuchando al cliente y tomando decisiones a largo plazo.
La infraestructura crítica tiene que ser aburrida en el mejor sentido de la palabra. Tiene que funcionar. Tiene que estar disponible. Tiene que ser previsible. Y eso exige mucho trabajo que normalmente no se ve.
-¿Hacia dónde mira NIXVAL en los próximos años?
-Miramos hacia una infraestructura digital más distribuida, más eficiente y más próxima. La inteligencia artificial, la soberanía digital europea y la necesidad de resiliencia van a exigir centros de datos capaces de operar cerca de donde ocurren las cosas.
Nuestro objetivo es seguir creciendo sin perder nuestra esencia: ser un operador neutral, cercano, técnicamente excelente y preparado para acompañar a empresas e instituciones en una etapa decisiva.
Porque al final, aunque hablemos de cables, energía o servidores, hablamos de algo muy humano: que el mundo funcione mejor porque está mejor conectado.