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Valencia CF

El Valencia CF aún no se reconoce

La presencia de Guedes fue de las pocas noticias positivas. / m. molines
La presencia de Guedes fue de las pocas noticias positivas. / m. molines

El desacierto lastra a un equipo que necesita la mejor versión de sus líderes

HÉCTOR ESTEBAN

La victoria ante el Betis no era una obligación sino una necesidad. El detalle es importante porque la urgencia siempre incluye una dosis de angustia y otra de dudas. Marcelino, tras la victoria ante el Galatasaray en Friburgo en el primer partido de la pretemporada, destacó que lo más importante es que su equipo mantenía el sello de identidad. Dos meses después, el Valencia es irreconocible. El aroma al equipo de la campaña pasada sólo se olió durante el partido inaugural ante el Atlético de Madrid. Desde entonces, el grupo de Marcelino transita atascado y la competición no espera. La realidad es que no ha sumado ningún triunfo y con tres puntos de doce posibles está anclado en el poso de la tabla.

La necesidad era más fuerte que la obligación porque el equipo inicia un maratón de partidos. Concretamente, siete en 23 días. Y el ánimo con el que el equipo se pone de largo en la Champions -el miércoles ante la Juventus- no es de alegría. Frente a la depresión hay que agarrarse al clavo ardiendo de que sólo se puede mejorar. Ayer, por exprimir un dato positivo, aplaudir que se mantuvo la portería a cero. Jaume Doménech debutó con nota en esta liga.

LAS CLAVES

Defensa
Los desajustes defensivos del Valencia son evidentes. Los centrales y Piccini siguen sin entenderse.
Balón al palo
Un nuevo remate a la madera. En este caso de Parejo. El Valencia no tiene suerte de cara a portería.
Dominio
El balón fue casi en exclusiva del Real Betis. El contragolpe, arma letal para el Valencia, no funcionó.

Al margen de las estadísticas y de los estados de ánimo, el Valencia merece un análisis conjunto y a nivel individual. El encuentro ante un Betis menos suicida que de costumbre fue el espejo de cómo late el sistema. Hay que empezar por el final. Dos jugadas en la orilla del tiempo cumplido. La primera, una falta de Wass al borde del área después de que Pau López hiciera el regalo de la tarde con unas manos tontas. El danés pateó como un jugador de rugby ante la cara de estupefacción de sus compañeros. Segundos después, el belga Batshuayi, que entró de refresco y pareció agotado, se sacó de la bota una rabona en el centro del campo de escaso provecho. Detalles a tratar en el vestuario. El Valencia reconocible de Marcelino presiona y muerde. En esta Liga, desde el minuto después de la primera media hora en Cornellà, el equipo da la sensación de ir perdido. Desajustado y sin confianza. El juego no fluye, los pases no son precisos -Cheryshev mandó dos melones- y el acierto de cara a puerta es ahora mismo una asignatura pendiente. Marcelino lamentaba al terminar el encuentro los cuatro tiros al palo que acumula el equipo. Cierto pero nunca hay que olvidar que los postes también juegan.

Ayer, en el minuto veinte de partido, el Betis lucía una posesión del 80%. Es verdad que el Valencia no necesita dominar el balón para ganar un partido pero no es menos cierto que ayer fue maniatado en el centro del campo por una dupla formada por Canales y Parejo. El contragolpe, seña de identidad del Valencia de Marcelino, sigue sin aparecer. Además, y esto sólo es una sensación, el equipo parece que anda algo fundido en lo físico. Especialmente alguno de los nuevos. O pesan los puentes aéreos o se ha venido poco fino.

La visión en conjunto merece también varias paradas por líneas. La baja de Garay -parece prescindible pero su ausencia muestra que el jugador es insustituible- ha convertido la defensa en vulnerable. Ayer, una vez más, un rival se coló entre los centrales. Un chollo. Todos pescan en esa zona. Paulista es un notable segundo central. De garantías, pero no es un líder. Para eso se necesita ser sobresaliente y arropar la bisoñez de Diakhaby, una apuesta de futuro y de tierno presente.

El partido llegó al descanso sin goles más por el exceso de confianza de Inui que por el acierto de Piccini. El japonés se coló entre los centrales y el lateral derecho, bailó a Jaume en su salida y golpeó a puerta un puntito forzado y sin mirar la meta. Las plegarias de Piccini llevaron al italiano a sacar el balón de la misma línea de gol. El Valencia agotó una de sus vidas y el defensa despejó una catarata de críticas tras dejar demasiado suelto al nipón.

Otra de las razones de ese Valencia irreconocible se puede apuntar a la mala suerte. La de Kondogbia por si hay que ponerle nombre y apellidos. El centrocampista se resintió de su lesión al disparar a puerta al inicio del partido y su relevo agrietó ese dique de contención que protege a Parejo. Sin Kondogbia no hay paraíso. ¿Precipitación en la vuelta o pura necesidad? La verdad siempre es a medias en estos casos. Wass no es lo mismo y Racic hace la mili en el Mestalla. Parejo sin Kondogbia queda más expuesto. Especialmente a las críticas. Al capitán se le atiza porque es el que más se deja ver pero a decir verdad es el que más lo intenta. El balón al travesaño en la segunda parte fue suyo al aprovechar una vaselina de Rodrigo. La claridad futura pasa por los galones de ambos y Marcelino se lo debe hacer ver a sus capitanes. Gameiro también merece un parada. Lo del francés es mala suerte o desacierto. Ante el Levante mandó dos al palo y al menos la primera de ellas mereció ser gol. Ayer gozó de una gran ocasión antes de que se produjera el descosido de Inui. Una vez más el francés hizo agua.

En la recta final de la primera mitad, el Valencia se recompuso para equilibrar la pelea con el Betis. No hubo acierto pero al menos se halló oxígeno para jugar. La segunda parte fue una ida y vuelta sin lucidez. El tiro al palo de Parejo y algún contragolpe del Betis que puso en la grada el miedo en el cuerpo ante la inconsistencia defensiva. Los rivales ya huelen un punto débil en el lateral derecho del Valencia y entre los centrales. Si no se pone remedio el sufrimiento está servido. La semana se presenta con un punto de presión extra. Igual es la adrenalina que necesita el Valencia con Guedes ya de vuelta. El luso pareció que iba a ser capaz de deshacer el empate. No pudo ser pero la grada ha depositado toda su confianza en él como salvador.

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