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El Valencia CF se va a la Font Roja

La etapa de Alfredo di Stéfano se había agotado y en el verano de 1974 el club quiso imprimir un cambio radical con la llegada de Milovan Ciric y Dragan Milosevic

PACO LLORET

En el verano de 1974 el Valencia CF quiso imprimir un cambio radical a su política deportiva con la llegada de un nuevo entrenador al que acompañaba un preparador físico con galones de mando. Milovan Ciric y Dragan Milosevic tomaron las riendas del equipo. Cambio de ciclo. La etapa de Alfredo di Stéfano se había agotado después de cuatro ejercicios consecutivos. La pareja procedente de Yugoslavia, país que ejerció en aquel momento una enorme influencia en el fútbol español, prometía una profunda renovación. Se consideraba que los métodos de preparación y entrenamiento aplicados en aquella república balcánica, por entonces unificada en un solo país, eran muy superiores a los habituales en nuestro campeonato. El Athletic tenía a Pavic en su banquillo y el Real Madrid contrató a Miljanic, pero todos los informes apuntaban a Ciric como el precursor de la escuela yugoslava, la máxima autoridad, y el Valencia no dudó en apostar por su contratación. El Mundial de Alemania 74, al que España no acudió tras ser injustamente eliminada por Yugoslavia, establecía nuevos parámetros en el fútbol. Algunas selecciones europeas como Polonia, Holanda, Suecia y la campeona, Alemania Federal, brillaron en el torneo con un juego intenso y rápido, basado en una sólida preparación física. El fútbol entraba en una nueva dimensión y evolucionaba hacia la modernidad.

Los rectores valencianistas, con su presidente Francisco Ros Casares a la cabeza, quisieron estar a la moda y seguir esta tendencia. El inquieto máximo mandatario concebía también proyectos de futuro de enorme relevancia para la entidad como los de construir una ciudad deportiva para el primer equipo y los de la cantera y, al mismo tiempo, sacar el campo de Mestalla de la ciudad para ubicarlo en las afueras. Los modernos estadios alemanes que habían albergado la Copa del Mundo eran el ejemplo a imitar. Se llegó a hablar de un proyecto para construirlo cerca de Paterna y con una capacidad superior a los 100.000 espectadores, una idea sin fundamento que chocaba con la realidad y que nunca llegó a plantearse en serio más allá de los deseos expresados a los medios de comunicación. Delirio de una noche de verano.

Ciric y Milosevic trajeron unos planteamientos revolucionarios. Se acabaron los fichajes caros de jugadores contrastados. Se apostaba por cuidar a los jugadores jóvenes de la casa y de la tierra, preferentemente, y por aquellos de proyección hacia el futuro procedentes de otras latitudes. El portero Pereira, Ferrer Díaz, Barrero y Tirapu respondían al perfil. Todos ellos aterrizaron ese verano en una plantilla en la que permanecían algunas vacas sagradas de campañas anteriores, y que como Aníbal y Antón, se preparaban para vivir su último ejercicio como valencianistas. Otra medida relevante fue la de realizar una pretemporada lejos de Valencia, en un lugar adecuado por sus condiciones naturales para la puesta a punto de los jugadores. Hasta entonces el club de Mestalla se ejercitaba en las instalaciones de Benimar, El Saler y en las propias dependencias del campo. Por primera vez se concentró al equipo fuera de la ciudad durante diez días. El lugar escogido fue Alcoi. En los parajes de la Font Roja, un espacio idóneo, se desarrollaban las sesiones matinales de trabajo físico mientras que en el campo de El Collao se ejercitaban por la tarde con balón.

La campaña 74-75 resultó un experimento fallido. El equipo protagonizó un ejercicio repleto de altibajos y finalizó decimosegundo, más cerca de la cola que de Europa. Aquella política de ruptura con el pasado de corte experimental no convenció a una grada que no estaba por la labor de proyectos a largo plazo. Ciric fue destituido en la segunda vuelta del campeonato pero Milosevic, su ayudante, le sustituyó. Ros Casares apostó por la continuidad de un proyecto al que se incorporaron el verano siguiente futbolistas de medio pelo y con escaso nivel que acabaron con la paciencia de la afición y dinamitaron las estructuras del club.

Presidente y entrenador se marcharon en los compases iniciales de la siguiente campaña: la 75-76. En el verano de 1975 el equipo repitió la experiencia del año anterior y se volvió a concentrar en tierras alcoyanas. El lugar y las facilidades dadas por el histórico Alcoyano, que cedió su campo de El Collao, facilitaron la decisión. Aquel fue un período convulso. La llegada del holandés Rep, único fichaje contrastado, obligaba a desprenderse de un extranjero. El austríaco Jara fue el elegido mientras que Keita hizo pareja con el extremo que llegaba del Ajax.

Juan Sol también trabajó en las estribaciones de la sierra Mariola con el Valencia aunque a mediados de agosto se decidió su traspaso al Real Madrid para enfado de la parroquia de Mestalla que discrepaba de la medida. Las alineaciones de Milosevic en la que aparecían futbolistas como Ocampos y Lleida, cuyo juego alimentaba las suspicacias y la indignación, contribuyeron a prender la mecha de la rebelión. En la tercera jornada fue destituido Milosevic y el presidente abandonó el cargo. Los resultados deportivos condenaron a Ros Casares que dejó como legado las instalaciones de Paterna. El verano siguiente el Valencia cambió Alcoi por Barx, la Font Roja por el Montdúver, y el Collao por el Guillermo Olagüe.

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