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El Valencia estrena el Wanda

Zaza pelea un balón con Saúl mientras Carrasco observa. / efe
Zaza pelea un balón con Saúl mientras Carrasco observa. / efe

Zaza fue el primer blanquinegro en tocar el balón en esta fecha histórica, mientras el nuevo Mestalla se oxida desde hace nueve años El equipo visita por primera vez este moderno, funcional y majestuoso estadio

J. C. VALLDECABRES MADRID.

Truena AC/DC por la megafonía. Hay apagón de luces. Empieza el juego de colores a ritmo de la banda de rock australiana. Así calienta la previa el Wanda Metropolitano, un estadio imponente, moderno, funcional. La envidia, por qué no decirlo, del Valencia, que tiene la pesada losa del nuevo Mestalla encima. El Valencia pisó ayer por primera vez este escenario. Una fecha histórica para los estudiosos de los detalles que rodean a la vida blanquinegra. Zaza fue el primer jugador en tocar el balón. El equipo de Marcelino, camiseta y medias negras y pantalón naranja experimentó por primera vez lo que es jugar en un recinto construido en cinco años, diez meses y doce días.

Qué envidia. Junto al Palacio de Congresos hay una mole de cemento que lleva desde el 17 de febrero de 2009 'muerto'. Con el tiempo que ha transcurrido desde que Juan Soler presumió de maqueta en 2006, el Valencia hubiera tenido tiempo de construir dos 'Wandas'. «Estos estadios lo que tienen es una enorme resonancia. El sonido de los espectadores se percibe muy bien en el ambiente espectacular que el fútbol conlleva». Eso lo dice Antonio Cruz, uno de los arquitectos que han parido la nueva casa atlética. Lo curioso es que ese apunte del especialista es precisamente lo que siempre quiso expresar la expresidenta Layhoon cuando se le interrogaba sobre su opinión respecto al proyecto blanquinegro.

Aquellos aficionados del Valencia que se desplazaron ayer hasta la capital para ver en vivo y en directo este encuentro tendrán hoy mucho que contar. No sólo por el juego y lo que pasó sobre el terreno de juego, sino por esa sensación que uno tiene cuando se encuentra a los pies del edificio. No son lo mismo pero tiene un aire el Wanda al nuevo San Mamés. Quizás por eso, por la novedad y porque se percibe de inmediato la diferencia con recintos como el viejo Mestalla. Sí que es verdad que el aroma que se respira en el estadio de la avenida de Suecia es especial se mire por donde se mire. Quizás y a fuerza de ser sinceros, por mucho que la grada atlética empujó ayer, un partido de esos de tensión como el del jueves en Mestalla, se vive de una manera se podría decir algo más rudimentaria pero mucho más pasional.

«El sonido de los espectadores se percibe muy bien», asegura uno de los arquitectos del estadio La calefacción por medio de tuberías aumenta en 5 grados la temperatura del terreno de juego

Para este estreno, el día fue desapacible se mire por donde se mire en Madrid. Nieve todo el día pero el césped estuvo perfecto, al menos desde fuera. Esa calefacción por medio de tuberías aumenta en 5 grados la temperatura del terreno de juego. Tecnología punta.

Todo es gigante en este escenario. Desde la estación de metro que hay a pie del recinto, hasta los accesos y, sobre todo, la espectacular cubierta. Ayer, fundamental por la climatología. El 96% de los asientos están cubiertos. En el futuro Mestalla, dicho sea de paso, lo de la cubierta da bastante dolor de cabeza. En el Wanda, mirarla resulta interesante. Tiene un sistema de iluminación que permite representar más de 16 millones de colores y cambia el aspecto exterior del estadio en función de los colores que se escojan para la ocasión.

No se llenó de cualquier forma y quizás por eso se pudo escuchar a los varios cientos de aficionados valencianistas que una de las esquinas y en el anillo superior trataron de animar a los suyos. Ya se sabe que la afición rojiblanca es de las que ayudan lo suyo. Mestalla está más cerca del juego. Aquí hay algo menos de 6 metros en unas zonas pero en otras se estira hasta los casi diez. Y eso en ocasiones se nota.

El Valencia se ha pasado los últimos años tomando apuntes en cada estadio moderno que visitaba. Ayer también. Lo que no se sabe muy bien es si habrá servido para algo. Mientras Peter Lim no dé el empujón que se anunció en octubre pasado, el nuevo Mestalla seguirá siendo un 'buñuelo' a la entrada de la ciudad sin que nadie sepa hasta cuándo.

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