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El Valencia deja al Real Madrid sin su final

En la foto, el momento del gol de Badenes a Adauto en Madrid.  / LP
En la foto, el momento del gol de Badenes a Adauto en Madrid. / LP

Un gol de Badenes y la soberbia actuación de Quique clasifican a los de Quincoces y hurgan en la maldición del dueño de Chamartín Los blancos estaban ansiosos por jugar en su estadio y prometieron a sus jugadores una prima de 15.000 pesetas

JUAN CARLOS VILLENA

valencia. El Nuevo Chamartín, actual Santiago Bernabeu, se inauguró el 14 de diciembre de 1947 con capacidad para 75.000 espectadores. El Real Madrid había sido el campeón de Copa en las dos ediciones anteriores con lo que soñó con el triplete delante de sus aficionados. Un anhelo que se convirtió en pesadilla puesto que ni siquiera disputó ninguna de las nueve finales consecutivas que se disputaron en su estadio. En 1952 querían acabar con la maldición en semifinales costase lo que costase frente a un Valencia que había terminado quinto el Liga y buscaba luchar por su tercer título.

El gol de Buqué en el último suspiro del partido de ida en Mestalla (2-1) le dio a los de Quincoces una renta que resultó decisiva. En las declaraciones previas al encuentro de vuelta, los jugadores de Daucik se mostraron seguros de tumbar al Valencia «por tres o cuatro», espoleados por la prima de 15.000 pesetas por barba que tenían prometida si, al fin, se clasificaban para disputar la final que se iba a disputar en Chamartín.

La pesadilla blanca comenzó muy pronto. A los cinco minutos Gago pasó el balón a Badenes, que a la media vuelta marcó ante un Adauto tan sorprendido por el remate como quedó retratado en la fotografía que publicó este periódico en la crónica del partido. El gran protagonista hasta el descanso fue Quique, que desbarató cinco claras ocasiones del Real Madrid. La más clara, con los pies, en un mano a mano en el que acabó desviando un potente chut de Molowny. El canario no fallaría en el arranque de la segunda parte y a los treinta segundos marcó el 1-1 con un centro envenenado que besó las redes de Quique. Desde entonces Pasieguito y Buqué fueron claves para acompasar el juego al ritmo que le convenía al Valencia, con un Asensi que regresó al partido con la cabeza vendada tras haberse marchado en el 35. La épica del equipo 'bronco y copero' sería decisiva.

Los últimos diez minutos fueron un asedio del Real Madrid, con dos golpes francos que helaron la sangre a unos pocos aficionados valencianistas presentes en Chamartín que, pasado el susto, celebraron con tracas el pase a la final.