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El Valencia abre al público, 14 meses después, el entrenamiento de esta tarde

Zaza trata de tocar el balón en uno de los rondos que hicieron ayer los valencianistas. / jesús signes
Zaza trata de tocar el balón en uno de los rondos que hicieron ayer los valencianistas. / jesús signes

El equipo vuelve al trabajo sin Marcelino ni Carlos Soler

JUAN CARLOS VALLDECABRES

Seis días de vacaciones y vuelta al examen de la báscula, al gimnasio y al césped. El Valencia de Marcelino se reactiva, precisamente sin el hombre que dio forma y sentido a este equipo. Marcelino García Toral no se reincorporó ayer por la tarde a los entrenamientos. Ni lo hará en las dos sesiones previstas para hoy. Seguramente, llegará casi con el tiempo justo para dar los últimos retoques al grupo antes de la cita de Copa del Rey del miércoles día 3 contra Las Palmas.

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En otros tiempos, cuando llegaba el primer día de trabajo después de las vacaciones navideñas, la noticia más repetida solía ser la ausencia de alguno de los futbolistas extranjeros, sudamericanos sobre todo, y cuya justificación provocaba más de un dolor de cabeza s los responsables del club. En el Valencia, las cosas parece que han cambiado para mejor y esta vez, el único que no estuvo fue el mencionado Marcelino. Zaza, por ejemplo, estaba con su pareja en Dubai el jueves y el viernes cumplía con su obligación. Y lo del entrenador no es porque perdiera algún vuelo -siempre ha sido la excusa más repetida en los jugadores- o decidiera seguir disfrutando de unas horas más con su gente, la causa en esta ocasión está más que justificada: el accidente de coche del sábado pasado, con el vehículo prácticamente destrozado, ha hecho que los médicos le hayan aconsejado estar los «próximos días» de reposo. Sí estuvo, en cambio, su hijo (forma parte del cuerpo técnico), que no viajaba con sus padres y abuela en el momento del accidente. En ausencia del primero, tomó el mando su segundo: Rubén Uría.

De momento, a Marcelino le está pasando casi de todo este año en el Valencia. Desde lesionarse muscularmente en plena zona técnica durante un partido, hasta ser expulsado sin decir prácticamente nada, pasando por ese accidente por culpa de un jabalí. Al menos, en lo profesional, a Marcelino le va de maravilla.

Gayà trabajó en el gimnasio con el grupo pero luego se retiró para proteger el isquio

Eso sí, el técnico espera que el Valencia dé un paso al frente a partir del lunes, cuando se abre el mercado de invierno. Ya sin Rober Ibáñez, el grupo que manejará es cada vez más reducido. De hecho, cualquier contratiempo cobra ahora una importancia descomunal. Y más aún de una pieza de tanto peso futbolístico como significa la de Carlos Soler. El canterano se perdió los dos últimos partidos (Eibar y Villarreal, ambos con derrota) y no parece que vaya a estar disponible todavía para la cita copera. Ayer, por ejemplo, ni apareció por el césped. Soler anda entre fisios y médicos con el fin de recuperar ese tobillo, afectado desde el encuentro de Getafe.

Gayà, por su parte, sí trabajó en el gimnasio con sus compañeros pero cuando estos saltaron al terreno de juego se marchó a los vestuarios. El lateral, aunque estuvo en la convocatoria, ya no pudo jugar el encuentro contra el Villarreal por culpa de las molestias en el isquio.

Lo mejor ayer, sin duda, fue la decisión que adoptó el Valencia de permitir que los aficionados puedan entrar en el Antonio Puchades a ver el entrenamiento de esta tarde (18.30 horas). Desde el 30 de octubre de 2016, es decir hace 14 meses, que el club no decidía esta medida, una cuestión de cierta controversia. El argumento que se ha dado para justificar que el equipo trabaje a puerta cerrada es evitar que se repitan gestos como el que se vivió el 8 de abril de 2016, con reproches de algunos seguidores miembros de la Curva Nord hacia Negredo, Siqueira y algunos más.

Eran desde luego otros tiempos, con el equipo metido en problemas. El Valencia, tercero ahora, decidió ayer tomar esta iniciativa, que con toda seguridad hará que la grada del estadio se llene de niños. Ayer, curiosamente, junto a la valla por donde acceden los periodistas al entrenamiento, cuatro niños -dos con la camiseta del Valencia- 'mataban' el tiempo hasta que se hiciera la hora de poder cazar algún autógrafo a la salida de los futbolistas por el parking de camino a casa.

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