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Tatono, un lateral elegante

Excepcional. Tatono, que destacaba por su clase, en el estadio Manzanares en el curso 66-67. / Bernat Navarro
Excepcional. Tatono, que destacaba por su clase, en el estadio Manzanares en el curso 66-67. / Bernat Navarro

PACO LLORET

El entrenador le había advertido antes de la final que no se le ocurriera cruzar la línea del medio campo bajo ninguna circunstancia. Mundo había sido muy explícito. «Esté pendiente de su hombre y que no le gane la espalda». El jugador a marcar por Tatono, sobrenombre de José Antonio García Conesa, era Sáez, un extremo diestro que desbordaba gracias a su velocidad y que solía servir balones medidos para que sus compañeros los aprovecharan dentro del área. El entrenador valencianista sabía de lo que hablaba porque unos cuantos años antes, en su etapa de ariete, se relamía cuando Epi por la derecha o Gorostiza, primero y Seguí después, por la izquierda, le enviaban los centros para que rematara a placer y fusilara a los porteros adversarios.

Sin embargo, a falta de un minuto para el descanso, cuando el marcador del Santiago Bernabéu, escenario de la final copera de 1967, registraba todavía el empate a cero inicial, Tatono se olvidó de la consigna y se fue decidido al ataque, había espacio para una incursión sin riesgo. La jugada tuvo premio y acabó en gol, el primero de la noche. El lateral diestro valencianista sirvió un balón templado a Waldo que se lanzó en plancha, su imponente remate de cabeza lo salvó con grandes dificultades Iribar, pero el balón rechazado permitió que el paraguayo Jara rematara al fondo de las mallas. Gol del Valencia en un momento clave. El triunfo estaba encarrilado. En la reanudación llegó el segundo, obra de Paquito, después recortó las diferencias Argoitia. Los valencianistas capearon el temporal y defendieron con ardor la mínima ventaja. Sol, Mestre y Tatono componían aquella zaga que se multiplicó en labores de achique y a la que auxiliaban Paquito y Roberto, con el apoyo de los jóvenes y dinámicos Poli y Claramunt. No había cambios. El sufrimiento tuvo su recompensa y el Valencia se llevó la Copa.

El atrevimiento de Tatono fue archivado en el capítulo de las anécdotas. El jugador nacido en Torre Pacheco había recalado en el club de Mestalla a mitad de la temporada anterior procedente del Real Murcia que militaba en segunda división. Con el trofeo repleto de champán en el vestuario a la conclusión de la final, Mundo le abrazó emocionado. Gloria a los campeones. Aquel éxito compensaba su traumático debut. Tatono protagonizó un aterrizaje de emergencia en un Valencia que sufría una plaga de bajas en el ecuador de la temporada 65-66. Aquello parecía una maldición bíblica. El equipo estaba en caída libre y en la jornada que cerraba la primera vuelta, el 26 de diciembre de 1965, ante el Elche en Mestalla, tuvo su bautismo de fuego. Los ilicitanos se impusieron por 1-2 a un once diezmado en el que no estaban Mestre, Guillot, Roberto ni Sánchez Lage, titulares indiscutibles.

La mala racha prosiguió en las siguientes jornadas hasta que, casi dos meses después, se goleó por 4-0 al Pontevedra y, una semana después, a la UD Las Palmas en casa. Tatono ya había debutado en la máxima categoría con el club de La Condomina y se había medido a los valencianistas en un par de ocasiones en Mestalla. En la primera, temporada 63-64, se registró un apurado triunfo local por 3-2 gracias a un gol de Waldo en el último minuto. En el ejercicio siguiente, el conjunto murciano empató a dos el día en que se inauguraba el marcador en la esquina del gol norte con la grada de preferencia numerada. Un marcador luminoso muy llamativo y avanzado a su época.

Pese a que Tatono solía actuar por la banda diestra, en la final, como en las eliminatorias anteriores, actuó por el costado zurdo. Paco Vidagany, que había sido el titular en esa demarcación durante la mayoría de los partidos de Liga, fue relegado a la suplencia. Tatono se desenvolvía con soltura por su condición de ambidiestro aunque su lado natural era el derecho. El rasgo que más le definía era la elegancia con la que actuaba, la clase con la que sacaba el balón desde atrás. En una época en la que prevalecían los defensas contundentes, su perfil contrastaba por el amplio repertorio de recursos que exhibía. Una excepción en un contexto de dureza sin concesiones. No era amigo de las tarascadas ni de las entradas intimidatorias, no le hacía falta porque disponía de capacidad para jugar el balón con soltura.

A lo largo de sus siete campañas en el Valencia solo fue expulsado en una ocasión, en el campo de Riazor, en un partido que concluyó con triunfo de los valencianistas por 1-2. En ese mismo ejercicio firmó su único tanto en un partido oficial, sucedió en Mestalla ante el Granada, goleado por 4-1. Tatono fue titular en dos finales coperas y en más de la mitad de los partidos de la Liga ganada en 1971. En la siguiente campaña se despidió del Valencia después de jugar con asiduidad, siempre fiel a su estilo. Hasta la llegada de Quique Sánchez Flores, más de veinte años después, no se vio a ningún lateral de tanta clase por la banda de Mestalla, conduciendo el balón con la cabeza levantada.