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Ley del silencio en el Valencia

Cillessen se lamenta ante uno de los goles del Barcelona. / afp
Cillessen se lamenta ante uno de los goles del Barcelona. / afp

La entidad sólo se expresa en las redes sociales y reclama unión «sin mirar nunca atrás», en alusión a Marcelino | El club y los futbolistas se niegan a hablar tras el terremoto con Marcelino

A. SERRANO/L.MARTÍBARCELONA/VALENCIA

Ni Anil Murthy, ni Mateu Alemany ni ningún jugador del Valencia. Salvo el nuevo entrenador, Albert Celades, nadie habló ayer ni lo hará hasta con motivo del encuentro ante el Chelsea. Aunque será por motivos distintos. El silencio del presidente y del director general del club se debe a una decisión de la propia entidad. El mutismo de la plantilla es una decisión «unilateral y colectiva propia», según afirmaban fuentes del club.

Ningún directivo atendió ayer los micrófonos de Movistar desde el palco del Camp Nou. Hasta el Barcelona se desplazaron los dos máximos representantes del Valencia pero ninguno se pronunció. Lo de Murthy es habitual. No suele atender a las preguntas de los periodistas. El jueves, en la presentación de Celades, se limitó a leer un papel. Presentó al nuevo entrenador, se levantó del atril y se sentó como un asistente más a la puesta de largo del catalán. No era la primera vez que lo hacía, sin embargo era el momento en la que la afición más necesitaba una explicación por el fulminante despido de Marcelino. Pero nada. Han pasado cuatro días desde el adiós del asturiano y la parroquia de Mestalla todavía no sabe los motivos de boca de la propiedad, ni de Peter Lim, ni de su extensión en Valencia, Murthy. El que sí que suele dar la cara es Mateu Alemany. Pero ahora la situación del director general es un tanto extraña. No tiene apenas capacidad ejecutiva y sopesa bajarse del barco tras la marcha del técnico que escogió para dirigir a su Valencia y por el cambio de modelo que introdujo la propiedad este verano a partir del cual se involucra más en las decisiones deportivas.

En épocas de inestabilidad, lo habitual es abrir las ventanas y arrojar luz a la situación. Pero el club se ha vuelto opaco. No es la primera vez que los futbolistas también se niegan a hablar. En la época de Neville ya se vivió algo parecido. No solucionó nada. El Valencia no ganó partidos y todo terminó con el inexperto técnico inglés en la calle. Habrá que ver si la intención de la plantilla de prolongar su silencio hasta al menos el partido del Chelsea es posible. La UEFA es mucho más estricta y obliga a los clubes a cumplir con los compromisos. En Champions League debe salir un jugador y el entrenador en la previa del encuentro y después de éste. El que una vez más salió a hablar y no se mordió la lengua fue el mítico Mario Alberto Kempes al hablar de Peter Lim. «No voy a decir que es una mafia, pero se acerca mucho», dijo sobre la manera de actuar del máximo accionista del Valencia en Radio Estadio.

Al acabar el encuentro, el club decidió expresarse a través de las redes sociales. Lanzó este mensaje en Twitter: «Hemos sufrido pero debemos unirnos los que amamos al Valencia. Sin luchas, ni distracciones que solo nos dañan. Es lo que hay. Cerramos filas y defendemos el VCF. Sin mirar nunca atrás».

De este modo, los seguidores del Valencia continuarán sin escuchar a sus futbolistas. Una afición que nunca deja sola a su equipo. Es cierto que el temporal que llegó desde Singapur y la amenaza de lluvias alejaron ayer a los aficionados valencianistas del coliseo blaugrana. Apenas medio centenar de seguidores en el entorno del Camp Nou, donde los dos tempraneros goles del Barça apagaron los pocos ímpetus de la afición. El plebiscito a las decisiones de Lim tendrá que esperar al siguiente partido en Mestalla.

Cierto es que en las butacas del estadio del Camp Nou había valencianistas, pero el desánimo cundió pronto en ellos. Únicamente el gol de Gameiro reanimó a las islas blanquinegras, pero en general el partido se vivió con una de las peores sensaciones que pueden envolver a un equipo de fútbol: la indiferencia. Las decisiones de Lim y el posterior manto de silencio sobre lo que pasa de puertas para adentro terminaron por apagar al valencianismo.