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Siguen las dudas sobre el nuevo Mestalla en un club que vive por encima de sus posibilidades

La mesa presidencial, ayer en la junta de accionistas que se celebró en la Feria. / vcf/lázaro de la peña
La mesa presidencial, ayer en la junta de accionistas que se celebró en la Feria. / vcf/lázaro de la peña

Los acionistas se quedan con las ganas de arrancar a Murthy el compromiso de que Lim acabará el estadio y Alemany esboza en qué condiciones está el Valencia

JUAN CARLOS VALLDECABRES

valencia. Peter Lim sigue regateando, a su manera y cada vez con menos finura, la contundencia sobre el nuevo Mestalla. El futuro estadio se ha convertido en un problema para los actuales gestores y un anhelo para los accionistas del Valencia, que ayer no sólo se quedaron en la asamblea con las ganas de obtener un mayor compromiso de Murthy en ese sentido sino que, además, escucharon de boca de Mateo Alemany una frase que, pese al razonamiento del director general, produce cierto escalofrío: «Vivimos por encima de nuestras posibilidades».

Escuchar que el club se ha lanzado a una desenfrenada carrera financiera para sostener la aspiración de estar en Champions supuso para más de uno de los pocos asistentes que acudieron a la cita recordar épocas pasadas que, con el paso de los años, acabaron con la llegada del millonario de Singapur. Es ésta, hoy por hoy, una ideología que ya la ha expresado en más de una ocasión Alemany y que empuja al Valencia sí o sí a vender cada verano a futbolistas con el agravante que en cuatro años los balances han acumulado en total unas pérdidas de 96 millones. «Eliminar pérdidas es facilísimo. Podíamos haber vendido a dos jugadores de las ocho ofertas que tuvimos. Lo que queremos todos es que el Valencia esté arriba, que tenga un equipazo. Eso nos lleva a que cada año debe haber ingresos recurrentes como la venta de jugadores. O estoy cómodo y bajo el nivel deportivo o arriesgamos. A nadie le gusta vender jugadores pero si no vendes no puedes optar a los buenos. Es así en todos los equipos. No nos escondemos: hay que estar entre los cuatro primeros».

Eso, que en otro escenario podía ser un motivo para que algunos accionistas se ilusionaran, en esta ocasión llegó a ocasionar cierta contrariedad entre los presentes. Porque, además, la junta discurrió por términos nada cómodos para Murthy y su equipo de gobierno. Al actual presidente le llovieron las preguntas punzantes referidas sobre todo al estadio y las críticas por sus maneras. Layhoon, su antecesora, todavía escuchaba alguna que otra voz agradable. Sólo un par de intervenciones fueron condescendientes. El resto fueron ácidas. En parte por la tibieza que utiliza Meriton para el tema del futuro estadio. Es más, pese a que en su discurso inicial el presidente lo mencionó de pasada («estamos esperando las licencias»), la mole de cemento se convirtió en uno de los puntos estrella. «Muchos valencianistas, la mayoría con los que hemos hablado, no quieren moverse», llegó a exponer el presidente, que dejó posteriormente todas las explicaciones de este asunto a Alemany. Al presidente se le llegó a plantear si Lim estaba dispuesto, como se dijo en su momento, a adquirir las parcelas si no llegaba ningún comprador por 150 millones de euros. Miró a su derecha a Kim Koh y decidieron entre ambos dejar flotando la duda. El director general acudió al rescate en unos instantes de incertidumbre: «No sé si él lo prometió», dijo, después de reiterar que el compromiso es dejarlo listo para 2022, tal y como está firmado.

«No duden del convencimiento que tenemos que ese estadio se tiene que terminar», consideró Alemany, antes de explicar el trabajo que está realizando Deloitte y que en un breve espacio de tiempo -sin especificar- ya podrá avanzarse. «No es fácil, hay que conseguir la mejor oferta, qué garantías van a dar, en qué condiciones desean recibir el suelo... financiar el tránsito y tener en cuenta que los bancos se fían más de unos que de otros. El mercado del suelo en Valencia está en crecimiento, hay un estado óptimo para conseguir la mejor oferta. Ha habido propuestas muy interesantes. No podemos decir nada más».

Murthy, en fuera de juego

Una de las situaciones que estuvieron a punto de pasar desapercibidas fue el de la deuda que tiene el Valencia. Fueron Antonio Sesé y Miguel Zorío los accionistas -sobre todo el primero- que más pulsaron cuestiones puntuales desde el punto de vista económico y que llevaron a Alemany a contradecir la versión de Anil Murthy. Estaba empeñado el presidente en los días previos a la junta en negar que la deuda del Valencia era de 500 millones de euros. Sin embargo, el director general admitió que la «deuda bruta es de 454 millones de euros a 30 de junio, inferior a la de hace diez años que era de 550 millones». Se olvidó eso sí Alemany de los fichajes de verano, que elevan todavía más la cuantía.

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