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Ni un segundo de tregua para Montoya y Gayà

Montoya intenta centrar el balón. / EFE/Juan Carlos Cárdenas
Montoya intenta centrar el balón. / EFE/Juan Carlos Cárdenas

Marcelino exprime a los laterales en busca de la remontada

TONI CALEROValencia

Estaba el equipo colapsado y Marcelino dio con una de las carencias principales: la escasa presencia ofensiva de sus dos laterales. Cuando en una de sus reclamaciones exigió a José Luis Gayà que presionara veinte metros más arriba, el de Pedreguer abrió los brazos en un gesto que iba del hartazgo a la incomprensión. «¿Qué hago?», vino a decir Gayà. Perdía el valenciano la marca con el extremo, pero Marcelino sólo pensaba en la remontada. En ir hacia arriba y provocar el error del rival en la salida de balón. Aún en el minuto 88, con los blanquinegros volcados hacia la portería de Sivera, se revolvía el técnico en el área técnica corrigiendo la posición de sus carrileros.

Durante la segunda mitad fue Gayà el receptor de la mayoría de indicaciones de Marcelino; en los primeros cuarenta y cinco minutos Martín Montoya se acostumbró a vivir entre el aliento de Mestalla y los gritos del entrenador. Empezó mal el catalán, probablemente fruto de la confianza perdida en los últimos encuentros. Incluso la opción de Rubén Vezo en el lateral derecho ha cuestionado la titularidad de Montoya y por esa banda volcó Abelardo el fútbol del Alavés en los primeros compases. Montoya respiró con el descanso porque luego se iría a cincuenta metros de Marcelino, pero aún desde aquella posición aguantó el catalán las volcánicas instrucciones del asturiano.

Siete minutos antes del golazo de Sobrino que consiguió silenciar al público de Mestalla, Gayà recibió el primer OK desde el banquillo. El de Pedreguer conectó con Rodrigo -revolucionario, otra vez- y Vietto estuvo cerca de marcar el primero. El Alavés mantenía sus convicciones y los hombres de banda del Valencia iban alterándose como acompañantes de los dos laterales. Coincidió Montoya con Guedes y a pesar de que no fue el día del portugués, un disparo suyo originó el tanto del empate. Fue tras un error garrafal de Antonio Sivera, uno de los tres exvalencianistas (junto a Alexis Ruano y Munir) que pisaron ayer el césped de Mestalla vistiendo la camiseta del Alavés. Para el portero fue un día negro y los canteranos del Valencia, especialmente Nacho Gil, esperaron al alicantino al término del choque para consolarle.

La afición estuvo con el equipo (31.338 espectadores) pese a los inconvenientes que presenta jugar un partido un día laborable a las 19 horas. Los atascos en los alrededores de Mestalla fueron insufribles y obligaron a muchos valencianistas a entrar al campo con el partido empezado, incluso hubo gente que llegó al descanso. El Valencia-Alavés empezó a jugarse a una hora en la que habitualmente hay colapsos en el centro de la ciudad y el tapón fue mayúsculo porque incluso los parkings que hay alrededor del campo de la Avenida de Suecia se completaron en tiempo récord.

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