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Reventón en Mestalla

Una grada entregada. Mestalla vibró y alentó a los futbolistas durante todo el encuentro. / m. molines
Una grada entregada. Mestalla vibró y alentó a los futbolistas durante todo el encuentro. / m. molines

La afición responde y registra la mejor entrada de la temporada

LOURDES MARTÍ VALENCIA.

La estadística dice que Mestalla no ve ganar al Valencia ante el Barcelona desde 2007. Ayer podía ser el momento perfecto para cambiarla. 46.249 aficionados pusieron rumbo al estadio de la Avenida de Suecia confiados en que así podía ser. Al fin. La grada registraba la mejor entrada de la temporada. Los de Valverde llegaban con dudas. Los de Marcelino (que tenía «unas ganas que no veas» de vencer a los azulgrana), se plantaban en casa después de haber sumado sus tres primeros puntos de la Liga.

La tarde empezaba como otras tantas. Con la afición blanquinegra anotando el primer gol del partido. El autobús del Valencia llegó en volandas al estadio. El del Barcelona, por la puerta de atrás. Así se evitaba un recibimiento quizás demasiado hostil.

El tempranero gol de Garay pilló a muchos de camino a sus butacas. Desde las torres de acceso al estadio y en los pasillos que en los descansos se llena de fumadores, los que más apuraron se hacían eco del tanto que ponía por delante al Valencia por la ensordecedora celebración de los que ya ocupaban sus asientos. Acababa de arrancar el encuentro. Pero Mestalla ya galopaba al son de Guedes. Hasta que el portugués se rompió. De manera paralela se desquebrajaba parte de la ilusión de la grada. Que, como el equipo, se tenía que recomponer. El Barça se adueñaba del césped. Llegó Messi y anotó. Otra vez Messi. Otra vez se escapaba la victoria. Tras el descanso, Marcelino movió banquillo. Gameiro se fue entre aplausos. Rodrigo entró en su lugar. Misma dinámica en el cambio de Kondogbia con Coquelin. Ovación para ambos.

Del lado azulgrana la afición sigue sin olvidar la marcha de Jordi Alba. Una vez más fue silbado desde el minuto uno. Cada vez que tocaba el balón, la misma canción de siempre para el catalán. Mestalla deberá esperar una vez más para intentar cambiar la estadística.

 

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