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El reencuentro de Robert y Jara que acaba entre lágrimas

Robert Fernández salta al césped de Mestalla. / manuel molines
Robert Fernández salta al césped de Mestalla. / manuel molines

El de Betxí vuelve a cruzarse con el austriaco 46 años después de conocerlo siendo un niño en el césped de Mestalla

JUAN CARLOS VILLENA VALENCIA.

Mestalla vivió el domingo una tarde legendaria, de esas que no se olvidan en toda la vida y que dejó miles de historias personales. No sólo en la grada sino también en el césped, donde los casi dos centenares de exjugadores del Valencia se juntaron para, en muchos casos, descubrir a las estrellas de otras generaciones. Para Robert Fernández (Betxí, 1962) fue como volver a su niñez desde que se enteró horas antes de llegar al estadio que uno de los reclutados para la ocasión era el mítico Kurt Jara. «Tenía once años y era la primera vez que venía a Mestalla desde Betxí a ver un partido del Valencia», relata Robert a LAS PROVINCIAS para explicar ese giro del destino: «Venía con mi hermano Pedro y era un partido de noche, del Trofeo Naranja. Estábamos en la portería del fondo sur y entonces no habían asientos, era todo una grada de cemento, ni vallas. A la media parte los niños se tiraban al campo a estar con los jugadores y pedirles autógrafos, algo impensable hoy, y mi hermano me dijo que podía ir a ver a los jugadores. Me fui directo a por Jara, que era un jugador rubio con melena y muy grande. Me acerqué a saludarle con mucha ilusión».

Kurt Jara (Innsbruck, 1950) era un centrocampista zurdo que acabó reconvertido a extremo por su velocidad y técnica y que fue reclutado por Di Stéfano como segundo extranjero del Valencia tras la apertura de fronteras en el 73. Ese mismo verano, se produjo la anécdota que relata el de Betxí: «No lo había vuelto a ver desde entonces y cuando me enteré que venía a los actos del centenario en Mestalla lo busqué en la cena y fui a contarle la anécdota, que yo era uno de los niños que saltó en uno de los partidos de su primer verano en el club. Acabamos los dos emocionados porque es muy curioso que casi 50 años después nos reencontráramos siendo los dos exjugadores del Valencia».

El austriaco, que jugó en el Valencia entre 1973 y 1975, posa en la cena de gala tras el partido de leyendas.
El austriaco, que jugó en el Valencia entre 1973 y 1975, posa en la cena de gala tras el partido de leyendas. / VCF

El exfutbolista de Betxí quedó impresionado con la emotividad de los actos vividos el domingo en Mestalla «porque demuestra la grandeza del club, hay mucho sentimiento alrededor y el acto nos transportó al pasado no sólo a nosotros sino también al público. La gente fue al estadio pensando en ver a los jugadores de su generación, o a los de la época de su padre o abuelo, pero acabó emocionada con todos. Fue algo muy especial e irrepetible. Cada uno tiene su historia que contar, seguro que alrededor de la mesa de casa se estarán contando estos días».

El de Castellón saludó al centrocampista reclutado por Di Stéfano la primera vez que pisó Mestalla

Si algo ha salido reforzado en los actos del centenario es el músculo de la Asociación de Futbolistas. Robert Fernández fue uno de los jugadores que estuvieron desde sus cimientos: «Es bueno acordarnos de la gente que fundó la Asociación de Veteranos al inicio de los 90 porque en ocasiones nos olvidamos de ellos y muchos no están aquí. Recordaría al abogado Pepe Rico, que fue el impulsor por la relación que tenía con los exjugadores, junto con Claramunt, Roberto Gil, Buqué, Piquer, Arias, Fuertes o Guillot, gente muy importante en la historia del Valencia. El presente está muy bien pero el pasado es muy importante. Yo fui secretario en el inicio». Si algo quedó patente en el fallecimiento de Waldo, al que la Asociación pagó la residencia, es la vertiente solidaria con la que se creó. Así lo confirma Fernández: «Era importante fundarla porque habían compañeros que estaban pasando por problemas y necesitaban nuestra ayuda».

Con respecto a su generación, de las más aplaudidas el domingo en Mestalla con iconos como Ricardo Arias, destaca el profundo compromiso de sus integrantes: «Somos los hijos del sufrimiento. No tuvimos la suerte de estar en una época exitosa, vivimos unos años terribles en el Valencia pero la gente valoró nuestro esfuerzo. Ese equipo tenía a muchos jugadores de la tierra, que hablaban valenciano en el vestuario. Ser del perdedor no es agradable pero lo más importante es el sentimiento. Cuando hay una llamada de la entidad nosotros respondemos». ¿Y Mario Kempes? «Es el que transportó al Valencia al mundo. El mejor jugador del planeta en su época».