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El Real Madrid pasó por debajo del futbolín

Claudio López celebra el primer gol del Valencia tras batir de falta a un impotente Illgner. / j.monzo
Claudio López celebra el primer gol del Valencia tras batir de falta a un impotente Illgner. / j.monzo

El Valencia goleó por 6-0 a los blancos en la ida de la semifinal de 1999

JUAN CARLOS VILLENA

valencia. El Valencia comenzó a ganar la Copa de 1999 en la calurosa noche del 9 de junio en Mestalla. Pocos podían imaginar cuando accedieron a la grada de Mestalla que aquel partido de ida de las semifinales frente al Real Madrid iba a terminar con un 6-0 y los blancos pasando por debajo del futbolín (para los más jóvenes es lo que ocurría cuando te dejaban a cero en una partida). «Iría tranquilo a Madrid con un 3-0». La frase fue de Pedro Cortés en las horas previas al primer pulso frente a los madridistas. Al descanso el resultado ya era de 4-0. El presidente, que sufría del corazón, tuvo que medicarse al descanso tras notar una subida de pulsaciones debido a la euforia que reinaba por aquel entonces en Mestalla. Fue la noche que nació un cántico, el «¡Illa, illa, illa, nos vamos a Sevilla!!» que dos décadas después ha vuelto a rescatar la afición valencianista para calentar motores de cara al partido ante el Barça dentro de once días.

Hace veinte años no existía Messi en nuestras vidas. Ni falta que hacía teniendo a Claudio López. El Piojo fue el encargado de encender la mecha a los 19 minutos al transformar una falta. A la fiesta del argentino se fueron sumando antes del final de la primera parte Roche, con dos goles, y Vlaovic, que acabó rematando un tiro hipnótico del delantero de Rio Tercero que rebotó de un palo a otro de la portería de un impotente Illgner. Redondo se quedó por el camino tras agredir a Angulo y en la segunda parte Claudio López y Mendieta, con la zurda, cerraron una goleada que pudo ser de escándalo puesto que el Valencia dispuso de muchas más ocasiones y el colegiado López Nieto no vio un claro penalti de Sanchís a Angulo.

Aunque Ranieri intentó rebajar la euforia con una de sus frases míticas recordando que su equipo aún no estaba clasificado para la final de Sevilla sino que iban «aún por Málaga» la euforia fue tal que los más osados ya comenzaron a montar las colas para comprar las entradas de la gran final.