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«Planteamos con el Dépor quedarnos parados al reinicio de la final del agua como protesta»

Giner posa ante algunos recuerdos valencianistas de la Asociación de Futbolistas. / juanjo monzó
Giner posa ante algunos recuerdos valencianistas de la Asociación de Futbolistas. / juanjo monzó

«El descenso fue el renacer del Valencia, el club en aquel momento estaba herido de muerte, en una situación económica de desaparición», dice Fernando Giner

JUAN CARLOS VILLENAVALENCIA.

-¿Qué significa para usted el centenario del Valencia?

-Significa mantener vivo el recuerdo de todas aquellas personas que han hecho posible que el legado del Valencia continúe cien años después de aquel 18 de marzo de 1919. Es guardarlos en la memoria.

-¿Nos ha faltado durante muchos años memoria histórica?

-Nos sigue faltando a todos un poco porque cada uno entendemos que vivimos nuestra etapa pero nos olvidamos que antes estuvieron otras generaciones que también escribieron la historia del Valencia. Por eso en la Asociación de Futbolistas no nos olvidamos de ninguno, desde el primero hasta el último. De bien nacidos es ser agradecidos. Tenemos que saber separar lo que es la parte deportiva y accionarial de lo que es centenario del Valencia. La que se abrió en 2014 es una fase de la historia del club pero no nos podemos olvidar de los otros 95 años.

-Subamos a la máquina del tiempo. ¿Recuerda su debut en el Mestalla?

-Debuté en el Valencia siendo juvenil, con lo que todo fue muy rápido desde que me subieron al Mestalla. Me faltaban pocos días para cumplir los 18 y sí que recuerdo ese sentimiento de hacerte ya la ilusión de que se iba a hacer realidad el sueño de jugar en el Valencia. Ese paso previo es el más bonito.

-El descenso a Segunda fue un drama pero es cierto que ayudó a esa camada de jugadores valencianos para que se asentaran en el club. La afición respondió a la llamada.

-El descenso fue un drama a nivel de aficionado pero el club lo necesitaba, estoy convencido de que fue el renacer del Valencia. Son partes de la historia que hay que explicar a los aficionados más jóvenes. El club en aquel momento estaba herido de muerte, en una situación económica de desaparición. Los socios fueron los primeros que dieron la cara y un paso al frente. Fue una respuesta espectacular y el club dobló su masa social en Segunda. La afición se volcó y los futbolistas, que en un 90% veníamos del Mestalla, sentimos ese apoyo y lo dimos todo para devolver al Valencia a Primera. Esa temporada creo que fue clave para identificar a esa generación con la afición. Nos unimos.

-¿Es muy ingrato el deporte? Al final, los equipos más recordados son los que consiguen títulos. A ustedes les faltó esa guinda.

-Totalmente. Hay veces que veo fotos de aquellos equipos y me pregunto cómo pudo ser que no consiguiéramos ningún título. El Valencia tenía un equipo espectacular y competíamos contra el Real Madrid y el Barcelona, quedando segundos y terceros dos años consecutivos, pero nos faltó ese pequeño paso.

-¿El mensaje es que se puede ser ganador aunque no se levante ninguna copa?

-Exacto. Sé que en la sociedad en la que vivimos es un mensaje que es posible que no tenga mucho calado pero yo estoy muy orgulloso de haber pertenecido a esa generación, a ese Valencia basado en jugadores de la casa. Descender y conseguir, en un sólo año, ascender con una plantilla basada en la cantera no lo hacen todos los equipos.

-Su gran oportunidad fue la famosa final del agua de la Copa del Rey del 95 frente al Dépor.

-Sí. Aquella final del agua hubiera sido el premio a nuestra generación.

-¿Fue demasiado cruel perder una final tras reanudarse el partido con sólo once minutos por disputarse?

-Sí, muy cruel e injusto. Tengo claro que si en vez de Alfredo metemos un gol nosotros y nos llevamos el título también hubiera sido injusto y cruel. Fue una situación anómala y desacertada. Creo que hoy en día, en una situación similar, se hubiera actuado de mejor forma.

-¿Jugar el partido entero?

-Exacto. Con el resultado empatado lo más justo hubiera sido jugar de nuevo todo el partido. Haber disputado una final como se merecían las dos aficiones, la del Valencia y la del Deportivo. No sólo hay que pensar en los dos equipos que van a jugar diez minutos, hay que pensar en los aficionados. Ninguno pensó en ellos. Mucha gente venía en coches o autobuses desde Valencia y A Coruña y algunos ni llegaron a entrar al campo. Fue una falta de respeto a los aficionados de los dos equipos movilizarlos para ver diez minutos. Da igual el resultado final.

-¿Los jugadores de los dos equipos transmitieron ese sentimiento?

-Pasaron muchas cosas desde la suspensión de la final. Los capitanes hablamos. Planteamos con los jugadores del Dépor habernos quedado parados al reinicio de la final de Copa del 95 como señal de protesta. Se hubiera liado si nos quedamos parados o nos ponemos a calentar, que era otra de las ideas.

-¿Por qué no lo hicieron?

-No lo hicimos porque, al final, hubieron muchas presiones. Fueron días de mucha presión por parte de mucha gente. Reconozco que no fuimos capaces de acordarlo, pero se llegó a plantear entre los jugadores. Al final, esa desgracia que no queríamos los jugadores para ninguna de las dos aficiones fue la que lamentablemente sufrimos nosotros con el gol de Alfredo. La final de Copa es una fiesta y esos diez minutos fueron de todo menos eso.

-¿Con el paso de los años lo han recordado con los jugadores de aquel Dépor?

-Sí, ha salido en alguna conversación. Hay que recordar que fueron años muy complicados porque los jugadores de los dos equipos nos vimos en medio de muchas cosas, con aquel penalti que falló Djukic que les hubiera dado la Liga. Casi nos acusaban de fallarlo nosotros.

-Me parece un mensaje de mucho calado, que en un momento en el que había una tensión tremenda entre ambos clubes, los jugadores se unieran para intentar defender los derechos de los aficionados.

-Así fue. Es bueno que la gente lo sepa aunque hayan pasado muchos años. Los jugadores del Valencia y del Dépor teníamos claro que era injusto para nuestros aficionados jugarse un título en esas condiciones.

-¿Los presidentes, Paco Roig y Lendoiro, también lo pensaban?

-Detrás de los jugadores habían más cosas donde no podíamos entrar. En el Valencia, además, se dieron muchas circunstancias alrededor de ese partido que no fueron muy positivas, como que cinco de los jugadores terminábamos contrato.

-También se habló de las primas.

-Sí, también estaba el tema de las primas o el de las entradas para los jugadores. Pasaron demasiadas cosas, con el tiempo al final he concluido que era muy difícil ganar esa final, no sólo dentro del terreno de juego. La teníamos que ganar también fuera del campo. No fue una leyenda urbana, pasó de todo.

-¿El espejo de aquella generación fue la selección?

-Ese fue el máximo orgullo para los futbolistas de nuestra generación. En aquellos momentos, que fuera un jugador del Valencia a la selección española era muy difícil y conseguí estar con dos compañeros más, Camarasa y Voro. Jugar un partido con España y estar los tres en el equipo titular fue el mayor orgullo.

-Lo recuerda emocionado, le están brillando los ojos.

-Sí, me emociono cuando lo cuento porque creo que fue un premio al trabajo de aquel Valencia con la cantera. Es un recuerdo para toda la vida, en Irlanda contra Eire. Íbamos en el paseo hablando y haciendo cábalas porque no nos salían las cuentas porque éramos tres centrales. Al final Clemente nos puso a los tres y nos miramos en el vestuario cuando dio la alineación como tres amigos que cumplen un sueño. Ese momento es un recuerdo para toda la vida. Como si fuera un título.

-¿Cómo recuerda el momento en el que Hiddink se negó a jugar un partido en Mestalla hasta que no se retirara una bandera nazi?

-Le miramos con mucho orgullo. Que un entrenador sea capaz de parar un encuentro por un motivo así te hace sentir muy orgulloso como jugador, es como la admiración de un alumno por un maestro. Él tenía el poder de hacerlo y lo hizo. En esos momentos es donde ves a la persona no sólo al entrenador. Lo podía haber hecho el presidente o un jugador pero lo hizo Hiddink. Tenía claro que de no haberse retirado esa bandera no se jugaba el partido.

-Usted era un peligro con sus bromas. ¿Qué ocurrió con Españeta en Font Romeu?

-Font Romeu es un pueblo pequeñito con una calle principal. Los coches estaban obligados a pasar por ella. Un día vestimos a Españeta de Pedro Picapiedra y el resto nos disfrazamos con sangre en el cuello y los brazos. Españeta en vez de llevar el tronco llevaba un hacha y cuando aparecía un coche saltaba al medio de la carretera y uno de nosotros se tiraba al suelo. Los coches paraban y Españeta se iba cara a ellos... salían disparados.

 

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