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PAQUITO, DEL PISUERGA AL TURIA

En el banquillo de Mestalla. Paquito, pensativo, en uno de los partidos de la temporada 83-84, en la cual fue entrenador del Valencia. / desfilis
En el banquillo de Mestalla. Paquito, pensativo, en uno de los partidos de la temporada 83-84, en la cual fue entrenador del Valencia. / desfilis

El asturiano debutó como entrenador en la élite en el Valladolid, con el que empató en Mestalla y cuyo trabajo le sirvió para dirigir en 1983 al Valencia

PACO LLORET

La víspera del 23-F hubo jornada de Liga y decepción en Mestalla. El Valencia pinchó en casa: empate a dos con el Valladolid, club que reaparecía en primera división después de casi veinte años de ausencia y que protagonizó la sorpresa de la jornada. Aquel tropiezo impidió al conjunto de Pasieguito recortar la diferencia con los dos rivales que le antecedían y que encabezaban la clasificación. Un triunfo hubiera significado desplazar al Barça y situarse en el segundo lugar y a solo dos puntos del Atlético de Madrid, líder provisional del campeonato. Como entrenador visitante figuraba Paquito, un gran referente valencianista en sus años de jugador y que se estrenaba esa campaña, la 80-81, en un banquillo de la máxima categoría tras haberse fogueado varias temporadas en segunda.

El técnico asturiano inició una dilatada trayectoria como técnico a finales de los años setenta. A lo largo de casi cuarenta años dirigió a once conjuntos diferentes, algunos en varias etapas, y, entre ellos, el Valencia. Pero en aquel ejercicio se presentaba en su Mestalla del alma, el campo que le vio triunfar y recoger la copa de campeón de la Liga 70-71. Aquella tarde su equipo se aprovechó del desconcierto local y supo plantar cara a un rival que acusó la ausencia de Kempes, en horas bajas y a pocos días de ser traspasado al River Plate. Curiosamente, el portero del Valladolid en aquel encuentro era el argentino Fenoy, ante quién Kempes había logrado sus dos primeros goles en el fútbol español, aunque entonces defendiera los colores del Celta.

El ambiente para recibir al Valladolid se había enfriado porque los valencianistas venían de perder en el Bernabéu por 2-1 en la jornada anterior, pese a ir acompañados de 5.000 seguidores que volvieron cariacontecidos por la clara oportunidad desaprovechada. Una victoria les habría situado en el primer lugar de la clasificación. De nuevo, Mario Alberto Kempes logró el gol de los de Mestalla, último de su primera etapa en el Valencia. Aquel equipo falló en los momentos clave del campeonato pese a llegar con opciones de cantar el alirón hasta las jornadas finales del torneo y acusó los problemas físicos de su gran figura, lesionado con alevosía en Jena.

En el once pucelano destacaba la presencia de un futbolista hondureño, Gilberto Yearwood, que un año después defendió los colores de su país ante España en Mestalla en el partido inaugural para la selección anfitriona del Mundial 82. Con anterioridad había pertenecido al Elche, donde destacó por su clase y solvencia. Aquella tarde dominical de febrero, el Valencia hizo lo más difícil: remontar el gol inicial del Valladolid gracias a los tantos de dos hombres de la casa: Subirats y Tendillo. Sin embargo, el once de Paquito estableció el empate que mantuvo contra viento y marea. En aquella temporada, el Valladolid se convirtió en el gafe de los valencianistas puesto que en el duelo de la primera vuelta, celebrado en el antiguo Zorrilla, se registró derrota por 2-0 y expulsión de Arias, a quién el Comité de Competición sancionó con cuatro partidos. Aquella fue la primera derrota en desplazamiento para un equipo que semanas antes había ofrecido un recital en el Camp Nou saldado con un espectacular triunfo por 0-3.

Paquito logró el único objetivo: el Valladolid se salvó con holgura del descenso y en la siguiente campaña pudo celebrar en primera división el traslado al nuevo estadio José Zorrilla. Las tornas se invirtieron entonces. El Valencia batió en un gran partido a los vallisoletanos por 3-0 en Mestalla con un sobresaliente Arnesen, secundado por Pablo, Solsona y compañía. Un recital de juego y la primera victoria de la campaña 81-82 en la se exhibió una enorme fortaleza como local. En la visita al viejo Zorrilla, la última de los valencianistas, un mes antes de la inauguración del nuevo feudo, se registraron tablas con gol de Saura a diez minutos del final, igualado por los locales en el último instante.

Aquellas dos campañas acreditaron la labor de Paquito que, un año después, cumplió su sueño de entrenar al Valencia. El asturiano realizó una gran labor de recuperación durante el verano de 1983, mejoró el estado físico de la plantilla gracias a la dedicación de Fernando Mata, el preparador que le acompañaba. Paquito logró una sorprendente metamorfosis en un equipo un equipo que se había librado del descenso de forma milagrosa en el campeonato 82-83. El Valencia protagonizó un excelente inicio de temporada, su juego entusiasmaba, venció en el Bernabéu, se puso líder y, de nuevo, la dependencia de Kempes condicionó el rendimiento posterior. La recaída del argentino por culpa de su lesión de hombro acabó con aquel estado de gracia. Paquito vio cómo los problemas crecían, el equipo se estancaba, recurrió a la gente joven y le dio la alternativa a Fernando, precisamente en Valladolid, pero su destitución se llevó a término tras una eliminación copera ante el poderoso Castilla. El destino quiso que Paquito se sentara en el banquillo de Mestalla como entrenador del Cádiz en el partido que cerraba el campeonato 85-86, cuando el descenso valencianista era una amarga realidad.