https://static.lasprovincias.es/www/menu/img/valenciacf-desktop.jpg

Noche de locura ante el Barça para respiro de Koeman

Los jugadores del Valencia celebran la clasificación para la final ante la desolación de Henry. / efe/ m.bruque
Los jugadores del Valencia celebran la clasificación para la final ante la desolación de Henry. / efe/ m.bruque

El Valencia se bañó de autoestima en la previa del último título copero

JUAN CARLOS VILLENA

valencia. «¡Koeman quédate, Koeman quédate!» Una enloquecida avenida de Suecia celebró por todo lo alto la clasificación del Valencia para la final de la Copa del Rey de 2008, tras un apasionante partido ante el Barcelona que acabaron ganando los valencianistas por 3-2, haciendo bueno el 1-1 de la ida en el Camp Nou. Por un instante, la afición olvidó la sangrante situación en Liga donde ya se coqueteaba con los puestos de descenso en aquel jueves santo. El cántico ha pasado a la historia como una de las grandes anécdotas de este siglo puesto que una vez que se ganó el título poca gente se acordaba ya de un Koeman sabedor de que su destitución era cuestión de días, como así fue.

El Valencia saltó aquel 20 de marzo sin complejos ante el Barcelona pese a que el empate sin goles le servía para pasar. Al descanso ya tenía un botín de 2-0 gracias a un gol madrugador de Baraja y al primero de los dos que se llevó a casa Juan Mata.

Henry congeló el corazón de los valencianistas en el 72 al marcar el 2-1 pero el Valencia reaccionó de forma inmediata, de nuevo con Mata como cañón ejecutor, para poner dos goles de ventaja con un Barcelona que no quiso rendirse antes de tiempo. Eto'o inició en el 80, marcando el 3-2, uno de los tramos más angustiosos de la historia reciente de Mestalla. El conjunto de Rijkaard se volcó sobre la portería de Hildebrand sabedor de que un gol les metía en una final que por entonces parecía claro que iba a disputarse en Madrid pero con el Calderón y el Bernabeu jugando al gato y al ratón. Hasta Mejuto González sintió la presión en cada segundo del descuento, antes de que llegara una catarsis colectiva que comenzó con la plantilla en el centro del campo entrelazando sus brazos en una línea infinita y el presidente Agustín Morera acordándose de la figura de un Juan Soler que había dado un paso a un lado por sus problemas de salud. «Cuando ganas te salen amigos», tal y como recordó un irónico Koeman.