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Monsieur Gameiro

Gameiro y, detrás de él, Kondogbia y Coquelin. / irene marsilla

El francés transforma las críticas en números espectaculares

JUAN CARLOS VALLDECABRES

Si nos esperamos a junio para definir con exactitud cómo ha sido la temporada de Kevin Gameiro (Senlis, 9-5-1987), posiblemente la nota que se le vaya a poner al experimentado delantero francés esté rondando el aprobado más bien justo. Pero el fútbol se compone a veces de momentos y ahora precisamente es el suyo. Ha pasado de los murmullos -y silbidos- de la grada de Mestalla cuando aparecía por la escena a ser poco menos que el héroe que abrió de una patada las puertas de la final de Copa. El Valencia tiene pie y medio en la cita del Villamarín de mayo y buena parte de culpa corresponde a este experimentado futbolista que, estadísticamente hablando y más en concreto a lo que a su faceta goleadora se refiere, va camino de cerrar una temporada paupérrima. Lleva cinco dianas como blanquinegro, a cuatro todavía de los nueve que marcó en la 2012-13 con el PSG (jugó 32 partidos). Pero él fue quien puso del revés al Betis en los 35 minutos que oficialmente estuvo sobre el terreno de juego, con un gol y la asistencia. Más productividad imposible para un jugador que ha estado y con razón más que discutido.

'Monsieur' Gameiro no es la primera vez que se ve envuelto en un estado de euforia de estas características. Por eso cuando este jueves, casi en la medianoche, abandonaba el estadio bético caminando hacia el autobús del equipo, lo hacía a un ritmo pausado y sobre todo con la prudencia propia de la edad. No es ningún niño (13 partidos con la absoluta de Francia) y sabe que el fútbol y todo lo que le rodea te sube con la misma velocidad que te decapita. De hecho, en una temporada en la que el Valencia ha disputado un total de 35 encuentros, él únicamente ha sido titular en 13 ocasiones. Era el favorito para pelear con Batshuayi para acompañar a Rodrigo y fue Santi Mina el que con tanta abnegación como puntería acabó haciéndose con el puesto empujando a los otros dos al banquillo.

Cinco goles y cuatro asistencias han sido sus aportaciones este ejercicio. Está un gol por debajo de Parejo, dos menos que Rodrigo y a tres de Mina. El matiz, y eso es ahora lo que realmente importa, es que el francés está viviendo una transformación intensa, coincidiendo también con la evidente mejoría que está experimentando el equipo. En los últimos 173 minutos de juego en los que ha participado, su aportación ha sido de dos goles y tres asistencias. Ante eso, a Marcelino no le queda otro remedio que cambiar fichas.

Ahora, nadie duda de que la mejor pareja de Rodrigo es el francés. Mina lleva seis partidos sin ver puerta (le hizo 2 al Sporting) y lo cierto es que contra el Betis estuvo a un nivel bastante flojo. Sobre Rodrigo, dicho sea de paso, ahora se le vuelve a vincular con el Barcelona como opción de futuro. El internacional español ha subido también un par de peldaños su aportación y contra los verdiblancos estuvo a un nivel excelso. La necesidad del Valencia de vender este verano va a poner de nuevo a Rodrigo en el centro de la atención. Se habló el verano pasado y se volverá a hablar de él, más aún si mantiene el buen tono hasta el final, a pesar de lo mal que ha estado en lo que a puntería se refiere.

Por su parte, a Gameiro en Valencia siempre le ha pasado factura popular la comparativa económica y funcional con Zaza. El italiano había caído en gracia para la afición pero fue señalado por Marcelino. El cambio no salió bien. La apuesta por Gameiro (16 millones de euros) ha tardado en empezar a carburar y está lejísimos de aquella temporada con el Sevilla (2015-16) en los que alcanzó los 29 goles. El año siguiente, ya con el Atlético, la cifra descendió a los 16, mientras que el año pasado se quedó en 11.

Lo curioso es que en el Sevilla vivió algo parecido. Se fue Bacca al Milan, ficharon a Llorente y a Immobile, pero fue Gameiro el que desde el primer momento se encargó de liderar la delantera sevillista. Supo resistir en silencio que Deschamps no le llamara para la selección. Está acostumbrado a ir cuesta arriba.

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