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Medié resuelve su deuda con el Valencia

Medié Jiménez sigue una jugada entre Doukouré y Guedes. / signes
Medié Jiménez sigue una jugada entre Doukouré y Guedes. / signes

El árbitro del derbi fue el que en Getafe permitió que Damián Suárez agrediera sin castigo a Gayà y a Pereira

JUAN CARLOS VALLDECABRES

De bien nacidos es ser agradecidos y tan justo es decir que el Valencia este año se ha quejado y con razón de los Trujillo Suárez (Valencia-Villarreal), Estrada Fernández (Valencia-Real Madrid) y Sánchez Martínez (Barça-Valencia), como ser conscientes de que Iglesias Villanueva se tragó el penalti de Neto sobre Godín (con dientes esparcidos por el Wanda) y de que Medié Jiménez finiquitó ayer la deuda que tenía pendiente con los blanquinegros. Ahora es cuando hay que recurrir a aquello de que los árbitros se equivocan como todos y de que lo hacen tanto para un lado como para otro.

Porque si se echa un vistazo a las cuentas pendientes que tenía este joven colegiado catalán con el Valencia, viene a la memoria casi de inmediato lo que ocurrió en Getafe. Allí esta misma temporada, y al margen de la polémica del dichoso césped y de la picaresca de la falta de riego, fue Medié el que trató de impartir justicia.

¿Y qué pasó en Getafe? Pues que ni el colegiado ni ninguno de sus tres ayudantes vio los mamporros que Damián Suárez repartió a diestro y siniestro. Que se lo pregunten a Gayà y a Andreas Pereira, que fueron los que se llevaron las agresiones. Damián Suárez se libró de la expulsión con roja directa en el primer tiempo y en el segundo, y únicamente recibió la amarilla curiosamente a un minuto para el final y por «encararse con un contrario sin llegar a insultos ni a la amenaza». Con la de leña que había repartido el defensa del conjunto madrileño y sólo fue castigado por su actitud.

El destino quiso que este árbitro volviera a cruzarse en el camino del Valencia (no lo había hecho desde entonces ya que había pitado antes el partido de Zaragoza en Copa) y tuviera su particular interpretación de lo que es un empujón entre compañeros. Todavía se estará preguntando Coke cómo fue posible que le fuera anulado ese remate.

De cualquier manera, esa incidencia le vino de categoría al Valencia. Las cosas no estaban nada claras para los de Marcelino, que este domingo acabaron con situaciones que empezaban a ser incómodas. Lógicamente, la más preocupante estaba siendo la media docena de derrotas consecutivas que se arrastraban. Marcelino iba a la carrera a igualar las siete que uniendo el final de una temporada y el inicio de otra había tenido Pako Ayestarán (2015-16 y la 2016-17). Al vasco lo ventiló el Valencia cuando en la cuarta jornada de Liga perdió 2-1 en San Mamés.

No es que Marcelino viera peligrar ayer su puesto de trabajo, ni mucho menos, pero para la afición estaba siendo un auténtico palo pasar del dulce a lo amargo en un arranque de año nefasto.

Es verdad que la plantilla está como está, y que todo parece volvérsele en contra a Marcelino, pero no hay que dejar escapar la oportunidad de reflexionar sobre el hecho de que los rivales empezaban a tomarle las medidas al equipo. Mestalla estuvo a punto de perder esa condición de fortín. Ahora, en casa el Valencia ha sumado 26 puntos merced a 8 victorias y 2 empates (2 derrotas), rendimiento que fuera se ha quedado en 17 puntos (5 victorias, 2 empates y 4 derrotas). La situación, sin ser límite, estaba siendo preocupante porque el Real Madrid, de volar ayer los puntos de Mestalla, podía haber arrebatado la tercera plaza a los blanquinegros.

A Marcelino le corresponde ahora analizar los motivos de ciertas tendencias. Lo positivo al menos es saber que Santi Mina parece dispuesto a romper con todas las previsiones. El gallego lleva 9 goles en Liga (suma 3 en Copa del Rey) y no sólo se queda a uno de Simone Zaza sino que iguala Rodrigo.

Lo de Zaza es también para al menos debatirlo. El italiano lleva desde el 9 de diciembre sin ver portería. Parece que se ha quedado secoCatorce partidos sin marcar para un delantero, que además suele ser titular, es una cifra importante.

Al menos, el respiro que dan los tantos de Mina y Vietto -la primera vez que compartían titularidad- permiten observar con otro color el calendario que está por venir. La Liga da un poco de tregua al equipo de Marcelino, al menos sobre el papel. El sábado se juega en Málaga, luego viene la Real Sociedad y después a San Mamés.

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