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Marcelino se siente protegido

Marcelino, ayer en la rueda de prensa previa al partido de esta noche.  / irene marsilla
Marcelino, ayer en la rueda de prensa previa al partido de esta noche. / irene marsilla

«No he cambiado, soy el mismo entrenador de la temporada pasada»El técnico del Valencia está convencido de su buen hacer con el equipo y dice tener el respaldo del club, de los jugadores y de la afición

J. CARLOS VALLDECABRES

valencia. Peter Lim, además de alimentar cada día la deuda en el Valencia, amontona muescas de entrenadores en su hoja de servicios. Fulminó a Pizzi porque le apetecía colar a su amigo Nuno; destituyó año y medio después al portugués a las 13 jornadas de Liga; la ineficacia de Gary Neville duró 29 partidos; Ayestarán batió el récord a la cuarta jornada; Cesare Prandelli huyó a los diez encuentros; lo de Voro no cuenta porque es de la casa, y Marcelino... a este paso no se sabe muy bien cómo va a terminar aunque el entrenador dice estar más fuerte que nunca. Se siente «absolutamente» -dos veces lo dijo- respaldado, «no tengo ningún tipo de duda».

El panorama de calma-tensa en el Valencia empieza a ser bastante extraño. Por ejemplo, el entrenador se sometió ayer a un intenso bombardeo periodístico sobre su situación: doce preguntas respecto a su futuro y ni una sola referencia a su regreso a Gijón -su casa, donde fue futbolista y entrenador- o al mismo partido de Copa del Rey de esta noche. Marcelino respondió con bastante solvencia. Ni una mala cara, ni un mal gesto y hasta alguna tímida sonrisa. Venía con la lección aprendida y no oculta que cuenta con el apoyo de Mateo Alemany y se supone que con el de Pablo Longoria (no ha hablado nunca públicamente). Con Murthy dice tener buena relación cuando conversa en los desplazamientos y cada vez que acude a la ciudad deportiva, aunque nadie sabe lo que realmente piensa Peter Lim. Asegura además el entrenador que maneja el respaldo del vestuario y que de la afición no tiene queja porque le transmiten, en el cara a cara callejero, ánimo ante la abrupta ineficacia que demuestran sus delanteros.

Hasta ahí, la realidad de Marcelino. Pero Mestalla se agota y cuando eso pasa, la grada es capaz de guillotinar sin piedad a presidentes que se creían a salvo (véase los casos tan dispares como Arturo Tuzón o Paco Roig, por ejemplo). En medio de este panorama y con el entrenador repitiendo una y otra vez que su trabajo no admite discusión y que todo se reduce a la puntería de su gente, el Valencia juega esta noche ante el único equipo de Segunda que resiste todavía en Copa y que transita en zona de nadie (a 8 puntos de la promoción y a cuatro del descenso).

Respondió de buen talante a doce preguntas sobre su futuro; apenas habló sobre la cita de hoy

Seguramente El Molinón aplaudirá a Marcelino en su vuelta a casa pero el asturiano está para pocas bromas. Ayer hizo todo un alegato en favor de su labor en Paterna y se ciñó como viene siendo habitual semana tras semana a la faceta anotadora, que este año brilla por su ausencia. «Soy el mismo entrenador de la temporada pasada, no he cambiado en mi forma de ser ni de actuar. Esto es fútbol. A veces se tiene acierto, otras no. La diferencia todos lo sabemos: son 20 goles a favor. Esa es la gran diferencia entre este Valencia y el del año pasado. En todo lo demás es un mejor Valencia. Los goles son los que transmiten alegría, decisión, atrevimiento... Siempre vas apretado, siempre a expensas que un mínimo error te pueda condicionar el resultado. Pero tenemos la misma mentalidad ganadora. ¿Qué nos hace buenos, regulares o malos? Los resultados. Lo asumo».

El discurso de Marcelino no suele variar, más bien se repite cada vez. Son muy pocas veces las que admite el asturiano que el Valencia tiene un fútbol escaso. Se le preguntó precisamente por la posible falta de autocrítica. «El número de goles a favor son números de estar en descenso o cerca de él. Somos un equipo que ha tenido ocasiones claras. Yo sigo trabajando igual. No tengo nada que pueda modificar. Así seguiremos trabajando, con absoluta convicción. Creemos en nuestros planteamientos porque la temporada anterior nos refuerza. Estamos convencidos de la fuerza que tenemos. Encontraremos el camino. Sufro lo que me toca, pero los jugadores sufren muchísimo más que yo».

En Vitoria cambió por primera vez el Valencia de dibujo. «Era una situación puntual. Tuvimos un absoluto dominio de la situación y de juego, no del balón. Las acciones puntuales decidieron el partido, pero ahora tenemos una alternativa».

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