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El túnel del tiempo

El magisterio de Otxotorena

Momento del choque entre Wilmar Cabrera y Otxotorena el 5 de enero de 1986. / lp
Momento del choque entre Wilmar Cabrera y Otxotorena el 5 de enero de 1986. / lp

PACO LLORET

La primera vez que José Manuel Otxotorena actuó en Mestalla fue con motivo de un partido de la Copa del Rey. El guardameta vasco defendía la portería del Castilla, el célebre equipo de la 'Quinta del Buitre', en la temporada 83-84. El Valencia había caído en el duelo de ida por 3-2 pese a haber inaugurado el marcador con un madrugador gol de Kempes y, tras el empate de Pardeza, volvió a adelantarse con el tanto de Saura. El 1-2 a falta de cinco minutos para la conclusión se esfumó por culpa de los goles de Míchel y Butragueño que le dieron la vuelta al resultado. En el partido de vuelta celebrado en Mestalla volvió a marcar Kempes, pero Pardeza estableció el empate a uno que eliminó a los locales. Esa misma noche fue destituido Paquito como entrenador y nombrado Roberto Gil como sustituto.

Apenas dos años después, el portero nacido en Hernani, había dado el salto del filial madridista al primer equipo. La tarde del 5 de enero de 1986 los Reyes Magos le dejaron carbón en Mestalla. Un lance desafortunado iba a cambiar su destino deportivo. A los diez minutos del segundo tiempo, el Valencia botó un córner por la banda derecha, al remate entró Wilmar Cabrera como un kamikaze, con todo. El choque entre el delantero uruguayo y el portero del Real Madrid fue tremendo. Otxotorena salió malparado y abandonó el campo en camilla con la nariz destrozada y sangrando abundantemente. La fractura de tabique nasal le dejó fuera de combate durante varias semanas. Hasta entonces había sido titular indiscutible. A partir de aquel día, perdió esa condición. Los siguientes dos ejercicios apenas jugó, se los pasó casi en blanco a la sombra de Buyo. Entonces, el Valencia salió a su rescate y lo fichó.

Un pacto entre los presidentes Arturo Tuzón y Ramón Mendoza permitió su contratación en el verano de 1988. La operación estaba cantada. El jugador quedaba libre y el Valencia quería reforzar la portería. El incombustible Sempere iba a competir con un tocayo. Antonio y Serna quedaron relegados y abandonaron la disciplina valencianista al poco tiempo. La llegada de Otxotorena coincidió con un salto cualitativo de primer orden. Hubo otros refuerzos notables como el del asturiano Eloy, el más relevante, y la contratación de un entrenador en alza como Víctor Espárrago que había protagonizado un trabajo excelente en Huelva y Cádiz. En el Valencia iba a certificar su trayectoria ascendente. Gran parte del éxito alcanzado se fundamentó en la firmeza defensiva que llevó al cancerbero guipuzcoano a conquistar el trofeo Ricardo Zamora. Ironías del destino hicieron que en la última jornada de aquel campeonato 88-89 los valencianistas visitaran el Bernabéu. Otxotorena tan solo disputó los primeros catorce minutos ante su exequipo, el tiempo que precisaba para asegurar el galardón al portero menos goleado. En todo el ejercicio recibió 25 goles, en la mitad de las 38 jornadas acabó imbatido, y ningún rival fue capaz de marcarle más de dos goles.

En verano de 1988 fichó por el Valencia desde el Real Madrid y logró el trofeo Zamora

Aquella fue la primera y la mejor temporada de las cuatro en las que el vasco estuvo vinculado con los de Mestalla; si bien la última, la 91-92, se la pasó inactivo. Sempere, un ejemplo de perseverancia y tenacidad, recuperó la titularidad y jugó todos los minutos de la Liga por méritos propios. Otxotorena acabó fichando por el Tenerife donde coincidió con Jorge Valdano y tras colgar las botas regresó al Valencia varios años después de la mano de Rafa Benítez. Su prestigio como preparador de porteros le abrió las puertas de la selección. Su trabajo con Cañizares y Palop permitió que el Valencia pudiera presumir de dos porteros del más alto nivel. La competencia entre ellos benefició al equipo aunque se vio envuelta de una rivalidad complicada de controlar. El hombre que le abrió las puertas de Mestalla no renunció a su magisterio y se lo llevó al Liverpool. En el club de Anfield empezó a labrar una leyenda con aquella inolvidable final de la Champions de 2005.

Después de la milagrosa reacción ante el Milán en la segunda mitad levantando un 3-0 adverso, la prórroga dio paso a los decisivos penaltis. Otxotorena habló con Dudek, el meta checo de los 'reds', y esos consejos resultaron fundamentales para la conquista del título. Desde entonces hasta ahora no hay tanda de penaltis que se le resista, también con la selección española. Probablemente, el punto de inflexión tuvo lugar en aquel recordado partido de cuartos en Viena ante la selección italiana que cambió el rumbo del fútbol español en la Euro 2008. Su labor de preparación de las series de lanzamientos también las ha aprovechado el Valencia, ante el Celtic de Glasgow en la Copa de la UEFA o el Nástic de Tarragona en la Copa del Rey. La más reciente ante el Alavés con Jaume investido de héroe providencial. Su buen fario solo se quebró en una ocasión con el club valencianista cuando en 2002 se perdió en el Rico Pérez una tanda copera en una eliminatoria a partido único ante el Alicante. Aquella fue la única y la última.

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