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«Mi historia de valencianismo y mi enfermedad de cáncer»

Una joven explica cómo ver los partidos del equipo de Mestalla le ayudó a superar una leucemia

J. MOLANO

Sonia Simón tenía 15 años cuando le diagnosticaron una leucemia promeliolítica de alto riesgo. Los médicos le detectaron la enfermedad en el momento en que afrontaba su último año de colegio. Estaba a un paso de comenzar el instituto y el maldito cáncer apareció y lo cambió todo, el mismo que había vencido a sus abuelos poco tiempo atrás y que se llevaría a su tío años más tarde.

La vida se le volteó de manera inesperada. Las posibilidades de que sobreviviera fueron escasas durante los dos primeros meses, después de que pasara por quirófano: «Podía morir en cualquier momento, pero salí adelante», cuenta a LAS PROVINCIAS. El Hospital La Fe se convirtió en su nuevo hogar a lo largo de todo un año, allí tuvo que acoplar su rutina diaria mientras recibía el tratamiento de quimioterapia para curarse.

Sonia Simón durante su estancia en el Hospital La Fe de Valencia.
Sonia Simón durante su estancia en el Hospital La Fe de Valencia. / LP

En el camino para librarse del bicho perdió muchas cosas: «amigos, el pelo, una fantástica graduación y aquel viaje que tanto tiempo había esperado». Pese a todo, Sonia reconoce que fue feliz: «Lo recuerdo como una de las mejores épocas de mi vida. Puede chocar pero es así». «¿Qué puede darte el cáncer? Creo que la lista es interminable: saber quién eres, cómo es la gente que te rodea, conocer tus límites y sobre todo perder el miedo a morir», relata en un post publicado en la página web de Caminantes de Aspanion, un colectivo formado por chicos y chicas de la Comunitat Valenciana mayores de 18 años que han superado la enfermedad en la infancia o en la adolescencia.

La joven pasó mucho tiempo sola en la habitación del centro hospitalario, sobre todo al principio, mientras su salud pendía de un hilo. Tenía prohibido el contacto con otras personas como medida de protección. Al tener las defensas bajas, cualquier bacteria, por pequeña que fuera, podía resultar letal. Veía a los suyos a través de un cristal. «Lo más duro de todo fue no poder contar con un abrazo ni siquiera de mi familia, ni un beso de buenas noches justo en el que quizá fue el momento más duro de mi vida».

El Valencia, su salvavidas

Así que, entre otras cosas como la pintura y la lectura, se aferró al balompié y a su Valencia para alegrarse los días. El equipo de Mestalla resultó ser uno de sus salvavidas, como ella misma reconoce. «Me gustaba el fútbol desde pequeña. Veía los dibujos de Oliver y Benji y me aficioné». Su padre, Ángel, y su tío y padrino, Pedro, valencianistas acérrimos, le llevaron a hacer el tour por Mestalla un año antes de que cayera enferma. Ambos, hermanos, no se perdían un solo partido del equipo, iban siempre juntos al estadio, y querían que Sonia y su hermana Andrea, cuatro años más pequeña, tomaran el testigo para que el apellido Simón continuara ligado al club por más años.

Ángel, el padre de Sonia (i) y su hermano Pedro, en el césped de Mestalla.
Ángel, el padre de Sonia (i) y su hermano Pedro, en el césped de Mestalla. / LP

«Era pequeña cuando mi padre y mi tío me introdujeron en el mundo del fútbol, me enseñaron a cantar un gol en el campo y en casa, a sentir y a sentirlo», escribió la joven recientemente en un mensaje de Twitter, como también relató a este periódico. «Uno de mis calmantes eran los días en que jugaba el Valencia. Veía los partidos y me evadía de la realidad que me acechaba. Es mi historia de valencianismo y mi enfermedad de cáncer». Cada encuentro de los blanquinegros era «un nuevo comienzo, una nueva oportunidad para disfrutar y seguir viva».

«Mi filosofía fue tomarme cada día como un pulso en el que tenía que luchar y dejarme la piel para ganar, algo parecido a lo que dice Marcelino acerca de que cada partido es una final». Durante su ingreso le regalaron una camiseta firmada por Roberto Soldado, su ídolo por aquel entonces, que solía ponerse para ver los choques, algunas veces acompañada por un enfermero, también seguidor blanquinegro, que tardaba a propósito 90 minutos, con el consiguiente descanso cada tres cuartos de hora, para ponerle y quitarle el gotero de la quimioterapia.

Sonia soñaba con el día en que todo terminara y poder así volver a casa definitivamente, abandonar aquella camilla, la habitación fría, olvidarse de la medicación que la dejaba echa polvo y librarse de las batas blancas de su alrededor. Y ese día llegó, se curó. Sin embargo, la dolencia volvió a aparecer. Al cabo de los años le tocó a su padrino Pedro lidiar con un tumor, con el mismo tipo de leucemia que padeció ella. Y también se aferró al equipo de su vida para sobrellevarlo. «Recuerdo aquellos días en los que nada más ponerle la quimio subía la rampa de Mestalla hasta su asiento, sin dejar que nadie le dijese que no podía. Él se fue, pero luchó hasta el final contra el cáncer y el Valencia fue también su cobijo».

Sonia con Ángel, su padre, en Mestalla.
Sonia con Ángel, su padre, en Mestalla. / LP

La joven tiene que pasar una vez al año por las consultas del oncólogo y del hematólogo para realizarse algunas pruebas que certifiquen que está perfecta: «Estoy genial». Mantiene intacto su cariño por su equipo y ha renovado su pase de temporada en la Curva Nord, desde donde ve los partidos con su hermana. La mayoría de las veces, ambas lucen en la grada la camiseta de la senyera con el apellido Simón a la espalda en honor a su tío.

Actualmente, además de dejarse la garganta animando al Valencia en cada contienda, Sonia, que tiene 22 años y estudia psicología deportiva, da conferencias en institutos y universidades con los demás Caminantes de Aspanion «para sensibilizar a la población sobre el cáncer».

Sonia con la camiseta en honor a su tío.
Sonia con la camiseta en honor a su tío. / LP

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