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«En Grecia los presidentes entran al descanso en el vestuario del árbitro»

Ximo Navarro, en un entrenamiento reciente. / lp
Ximo Navarro, en un entrenamiento reciente. / lp

Ximo Navarro, exjugador del Valencia, debutó con Emery en Copa, luego ha jugado seis años en diversos equipos griegos de Primera y ahora regresa al Torre Levante

J. CARLOS VALLDECABRES VALENCIA.

En España sería impensable que un presidente de un club de fútbol bajara al césped y mucho menos portando una pistola. En Grecia se vivió esa escena cuando el presidente del PAOK de Salónica, Ivan Savvidis, irrumpió en el terreno de juego en el encuentro ante el AEK de Atenas. Ximo Navarro (28 años) es de Nazaret, llegó a jugar en Copa contra el Portugalete con el Valencia de Emery y luego durante seis temporadas y media ha jugado (banda izquierda) en diversos equipos griegos de élite: Asteras Tripoli, Kalloni, Levadiakos, Krikala y Lariza. Ahora está a punto de fichar hasta junio por el Torre Levante.

-¿Le sorprendió ver todo lo que pasó?

-Hasta ese extremo sí, pero hay que tener en cuenta que en Grecia los presidentes son muy especiales.

«Es habitual que el dueño del club durante un partido coja el teléfono y mande hacer cambios»

-¿A qué se refiere?

-En los descansos se meten hasta en el vestuario del árbitro. Ellos suelen estar a pie de campo y no les importa amenazar o lo que haga.

-¿Incluso en Primera División?

-Son cosas que allí son consideradas habituales.

-¿Lo ha vivido personalmente?

-En varios equipos en los que he estado, el presidente ha estado sentado incluso en el banquillo. En otros, quien estaba sentado, al margen del entrenador y junto a los suplentes, era su mano derecha. Llevaba un teléfono y era habitual que recibiera durante el desarrollo del partido la llamada del dueño pidiendo cambios, por ejemplo.

-¿Eso lo permite la Federación y sobre todo los entrenadores?

-Si es un entrenador con mucho nombre, pues quizás no lo vaya a permitir. Lo que en España no se entiende, allí es muy común. El presidente suele estar muy metido en el equipo, podrán estar más o menos en contra, pero es la filosofía que hay.

-Usted llegó a Grecia a punto de cumplir 23 años, imagino que esto le impactaría.

-Llegué de la mano de Óscar Fernández y había más compañeros españoles. Eso facilitó la adaptación. En mi primer club teníamos como si fueran tres presidentes. A veces uno de ellos se sentaba en el banquillo, cogía el teléfono, se supone que estaba hablando con el dueño, y luego mandaba a tal o cual a calentar. Pero nunca vi tanta violencia.

-Desde luego a los presidentes les gusta tomar decisiones deportivas.

-A lo mejor no ha ido en toda la semana a los entrenamientos pero llega la hora del partido y si hay un jugador que no le gusta, coge el teléfono y hace los cambios desde el palco. En los equipos grandes es lógico pensar que no se meten tanto pero de mitad de clasificación para abajo sí.

-¿Usted personalmente ha sido afectado en este tipo de situación?

-Quizás en algún partido me ha tocado a mí pero nunca me lo han dicho. Una vez, en mi última temporada, me pasó algo curioso. Estuve toda la semana entrenando en el equipo titular y cuando llegó la hora del partido, me quedé en el banquillo. Cuando acabó, el entrenador me dijo: 'No he podido hacer nada, venía desde arriba'.

-¿Hay tanta violencia como podemos pensar?

-Fuera de los estadios no pasa nada. En los estadios hay fanáticos pero tampoco tantos. Lo que pasa es que los controles de seguridad brillan por su ausencia. Allí se puede entrar a un campo con navaja porque apenas revisan. No hay control.

-¿Le han tirado algo?

-De todo, hasta trozos de tejas.

-¿Qué le motivó marcharse?

-Estaba en el filial y con Óscar surgió la oportunidad. Económicamente era una inyección. Fue una gran experiencia y no me arrepiento.

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