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Mista: «La final de la UEFA fue como si Dios me hubiera dicho: 'Aquí tienes tu regalo'»

Mista besa el trofeo de la Copa de la UEFA tras la final en la que fue nombrado MVP. / javier soriano Mista, entrenador del Juvenil A del Valencia, en la ciudad deportiva de Paterna. :: jesús signes
Mista besa el trofeo de la Copa de la UEFA tras la final en la que fue nombrado MVP. / javier soriano Mista, entrenador del Juvenil A del Valencia, en la ciudad deportiva de Paterna. :: jesús signes

Miguel Ángel Ferrer | En el verano de 2003 estuvo a un paso del Sevilla, pero una conversación con Rafa Benítez le frenó: «Los goles entraron y a partir de ahí todo fue rodado»

TONI CALEROVALENCIA.

-Jugó casi 200 partidos oficiales en el que podemos decir fue el club de su vida...

-Muchos más de los que hubiese imaginado de pequeño. Sí, totalmente. Es verdad que siempre estaré agradecido al Tenerife, a la isla y su gente por lo que me dio y cómo me lo dio. Pero aquí terminé de ser jugador, me formé como persona y guardo la mayoría de amigos. Tengo muchísima familia en Oliva, así que en cierto modo soy medio valenciano. Este club es mi casa y siempre le estaré agradecido.

Subirats le fichó para el Valencia pero Mista se quedaría un año cedido en Tenerife, a las órdenes de Benítez, antes de aterrizar en el club de Mestalla
Mista fue el goleador en la mejor temporada de la historia del club. En la 03-04, el Valencia ganó la Liga y una Copa de la UEFA en cuya final jugó el murciano un papel determinante.
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Su ficha
Nacimiento
Caravaca de la Cruz (Murcia). 12 de noviembre de 1978.
País
España.
Posición
Delantero
Partidos con el Valencia
179 encuentros oficiales.
Goles con el Valencia
54.
Debut en Liga con el Valencia
18 de octubre de 2001, en el Sánchez Pizjuán. Sevilla-Valencia (1-1).
Último partido con el Valencia
16 de mayo de 2006, en El Sadar. Osasuna-Valencia (1-2).
Títulos con el Valencia
Dos Ligas, una Copa de la UEFA y una Supercopa de Europa.
Otros equipos en los que jugó
Real Madrid, Tenerife, Atlético de Madrid, Deportivo Coruña y FC Toronto.

-Llegó directo de Segunda.

-Me fichó Subirats. Estaba en el Tenerife, me firma el Valencia y Rafa Benítez me pide que me quede un año más cedido en el Tenerife. El Valencia me deja allí cedido y luego en verano Benítez decide que tengo que venir aquí. Pero todo se había fraguado un año antes.

-¿Ya tenía 'feeling' con Benítez?

-Teníamos muchos vínculos porque salimos los dos del Real Madrid. Compartíamos amistades, anécdotas, incluso representante. Todo aquello fue la primera puerta abierta. Luego debes ganarte su confianza, pero tenemos 'feeling' y de hecho todavía hoy mantenemos una muy buena amistad.

-En los dos primeros años en el Valencia le costó arrancar.

-Estaban Sánchez, Carew, Diego Alonso, Salva Ballesta... Había un nivelazo importante y además yo llego a Valencia un mes después de haber perdido la segunda final de Champions. Me acuerdo perfectamente que nos juntamos en mi casa de Valencia para ver la final y estaba Curro (Torres) y mucha gente con la que luego coincidiríamos aquí. Vimos el partido y un mes y medio más tarde estábamos en el equipo.

-¿Cómo fue aquella reunión?

-Fue bonito, éramos jóvenes, no te imaginabas qué podría llegar después. Lo único que teníamos eran ganas de subir. En ese momento estábamos metidos en la pelea con el Atlético por el ascenso a Primera. Estábamos todos ilusionadísimos y deseando que el Valencia ganase la final al Bayern porque se lo merecía y porque, como al Atlético, la Champions le debe una al Valencia.

-Y cuando llega, ¿se encuentra un vestuario dolido por las finales de Champions? ¿Se hablaba de ello?

-Fue un verano atípico. Después de perder la segunda final, Mendieta dice que se va y Pedro Cortés presenta la dimisión. El mismo día que Cortés anuncia que se iba, a Marchena y a mí nos presentaron en el estadio. Estaba toda la prensa focalizada en lo Mendieta y Cortés. Nuestra llegada fue un poco por la puerta de atrás (risas). Es una anécdota que nos hace mucha gracia porque yo estaba bajando en el ascensor del hotel para ir a Mestalla y la prensa estaba entrando en el hotel pero para la rueda de prensa de Pedro Cortés.

-Y llegó Jaume Ortí...

-Jaume tenía mucho don de gentes. Con nosotros tenía una relación muy fluida porque era como un especie de padre, como un tío que viene a casa y siempre está de buen humor. Cuando estás al máximo nivel, de vez en cuando echas de menos a alguien que venga y diga: 'no pasa nada, mañana sale el sol, entrenamos y volveremos a jugar'. Jaume cumplía bien ese papel porque era como el abuelo, como el padre que te tenía siempre un poco mimado. Por eso todos los que convivimos con él le guardamos tanto cariño.

-Llega muy joven y, ¿quién le impactó del vestuario del Valencia?

-Los primeros días me impactó mucho Ayala, Cañizares que era Dios, Baraja y Albelda, que con ellos tengo una relación estrechísima. Dos meses antes jugaron una final de Champions y yo venía de jugar 28 partidos en Segunda. Imagine lo que supuso para mí meterme en un vestuario con ese tipo de gente.

-¿Muchos líderes significaban muchas discusiones?

-Éramos un grupo. Cuando uno está en un vestuario, cada uno es de un padre y una madre. Dentro del campo éramos una piña. Independientemente de que uno sea francés, italiano o español, conseguimos esa unión que fue la clave del éxito. Aunque uno no aguantase a un compañero o él no me aguantase a mí, tuvimos claro que jugando nos íbamos a dejar la vida por el compañero.

-Es difícil llegar a ese punto.

-Sí. Se dio una generación de gente joven que veníamos con muchas ganas: Vicente, Marchena, Curro, Angulo, Aimar, yo... Y luego una generación con mucha experiencia: Ayala, Cañete o Baraja y Albelda, que eran jóvenes pero llevaban muchos partidos. Teníamos a Carboni, a Angloma el primer año, Björklund... Te marcan el camino correcto. Llegué con 22 años y me quería comer el mundo. La mezcla fue perfecta.

-Recuerdo un reportaje para LAS PROVINCIAS en el que Vicente destacaba la gestión de grupo de Benítez y usted, la cuestión táctica. ¿Qué pesó más en los éxitos?

-La unión que viví los cinco años que yo estuve no la he vuelto a vivir nunca. A nivel táctico, Benítez nos exigió un punto más de lo que veníamos siendo. El que él apretase más las tuercas hizo que el Valencia fuese nombrado el mejor equipo del mundo. Eso se consigue con mucho orden en el vestuario pero también saliendo al campo y teniendo muy claro qué debes hacer.

-Está muy de moda la influencia que Mestalla tiene sobre el equipo y el rival. ¿Cómo es Mestalla?

-Muy cercano, la grada está pegada y se oye mucho al público. Cuando Mestalla aprieta, aprieta de verdad. Lo digo sinceramente. En nuestra época, sabíamos que teníamos un 90% de posibilidades de ganar. Los rivales sabían que iban a sufrir.

-Después de dos años de aprendizaje, usted hizo 'click' y empezó a marcar muchísimos goles.

-El 'click' fue que tenía a Rufete, Vicente, Aimar, Angulo, Baraja... Yo nunca había sido delantero centro, siempre había sido un segundo punta con movilidad, pero ese año se forma el lío de la lámpara y el sofá y fíjese, me toca hacer de ariete.

-¿Le salpicó la inolvidable frase de la lámpara y el sofá?

-El verano previo al doblete el Valencia tenía prácticamente cerrado mi traspaso al Sevilla. Hablo con Benítez y me dice: 'no tengo delantero, si te quedas, vamos a contar contigo'. Dije: 'me quedo y lo intento'. Fichan a Oliveira y empieza como titular, pero vamos al Calderón, me saca Benítez al descanso y 0-3. Marco dos goles y el otro lo hace Vicente. Y a partir de ahí, todo rodado.

-Su gol es el de la final contra el Olympique de Marsella, claro.

-Es como si de pequeño me hubiesen dicho: '¿Miguel, cuál es tu sueño? 'Me gustaría jugar una final europea, hacer un gol y ser el mejor jugador'. Es como si Dios me hubiera dicho: 'aquí tienes tú regalo'.

-Enfrente, un rival con muchísimos jugadores de nivel.

-Un equipo muy importante, con jugadorazos. Ganamos la Liga una semana antes y nos quitamos la presión antes de la final. Había mucha gente en el vestuario a la que la vida le debía una competición europea. Se juntaron las ganas de hacer historia y que no teníamos mucha presión por la Liga. Dijimos: 'vamos a Göteborg, vamos a ganar y punto'.

-En esa final destacó usted y también un Vicente sublime.

-Vicente era de los mejores extremos del mundo y Rufete estaba espectacular. Para poder hacer goles fue clave que a mi alrededor tenía un repertorio de talento que lo difícil era no hacerlos (ríe).

-El aterrizaje de Ranieri es un evidente cambio de ciclo.

-Ganamos la Supercopa de Europa, pero perdemos la de España con el Zaragoza y aquello fue un mazazo. Pensábamos que lo íbamos a ganar todo tan fácil... Veníamos de un ambiente eufórico y aquello nos jugó una mala pasada. El equipo no cumplió las expectativas y aquello fue un poco... No la decadencia pero sí se evidenció que en algún momento tenía que llegar el bajón porque habíamos hecho tres años...

-Con Quique en el banquillo, usted sale del Valencia. ¿Le quedó un mal recuerdo de ese final?

-No. De hecho, Quique y Benítez son los dos mejores entrenadores que me he encontrado. A nivel táctico, de trabajo, son muy metódicos. A uno le gustaría estar toda su vida celebrando, pero si no salen las cosas, el club apuesta por otros. Tenía claro que no haría ningún drama por la salida, de hecho me retiré y no hice ningún comunicado. El fútbol lo único que me ha dado son alegrías. Soy hijo de carpintero y ama de casa, mi sueño era jugar al fútbol. ¿Quién decía que mi sueño se iba a hacer realidad? Todo ha sido un regalo.

-¿Tuvo muchos momentos malos en el Valencia?

-Recuerdo el peor. Estábamos camino del Sadar y falleció la hija de Marco Caneira. Fue terrible, con Marco en el autobús. Nos hicieron jugar. Llamó la mujer para avisar y no se pudo hacer nada porque falleció de muerte súbita. Fue durísimo.

 

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