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«Al final ganan los buenos, que son siempre los de casa»

02-05-1971. Dos ciclistas llegaron a las manos en la meta de la Vuelta a España en Calpe. / lp
02-05-1971. Dos ciclistas llegaron a las manos en la meta de la Vuelta a España en Calpe. / lp

MIRADOR

SINCERATOR

Ocho goles de una sola sentada y uno anulado son muchos goles. Hecho hasta insólito en nuestros anales, tan habituados al uno o al cero. El público lo pasó en grande. Se divirtió, vio ganar a su equipo, pasar algún mal rato viendo a los otros atacar y al final, como en las películas del Oeste, las novelas rosa y los relatos amables, ganar los buenos, que son siempre los de casa.

«Para el árbitro, intérprete y ejecutor del reglamento, no hay geografía en el campo»

Cuando se juega abiertamente al ataque hay ocasiones muchas y, por ende, goles muchos también. Cuando se arrumba el conservadurismo o la táctica equivocada siempre de buscar el cero-cero y el jugar a no jugar ni dejar jugar, se depara un partido fuera de serie, como el del viernes. Lo mismo da que sean de golpe franco que de penalti. La cuestión es que sean y si son faltas dentro de las áreas, pitarla es la obligación de los árbitros.

En este aspecto, el señor Sáiz Elizondo dio la nota más destacada. Tres golpes de castigo, en una misma noche, es mucha decisión y valentía. Sobre todo, pitándoselo a los de casa. Que no los cometan es el único razonamiento que se nos ocurre.

No nos gustan los árbitros que actúan pensando mucho y resolviendo poco. Para el árbitro, intérprete y ejecutor de la justicia del reglamento, no hay geografía en el campo. La falta que se cometa debe ser sancionada sin mirar si está dentro o fuera de las áreas. Quienes deben mirar esto son los jugadores. No los árbitros. Pero desgraciadamente no viene sucediendo así. Los árbitros salen mediatizados por sus propias reflexiones. No querer ser casero. No pretender ser anticasero. El árbitro debe pensar en ser solamente árbitro. Lo demás queda para la diplomacia y los considerandos.

Cierto que el árbitro en cuestión tuvo un error muy grande al anular aquel gol, de última hora de Sergio, por supuesto offside. Pero no lo culparemos demasiado. Pudo muy bien no haberse dado cuenta de la verdadera posición del jugador merengue en el momento del centro de Fuertes. Los árbitros son falibles, porque han de resolver, en segundos, situaciones rápidas, confusas y comprometidas.

Para que el partido tuviera también su nota grata, al menos para nosotros, hemos de consignar que asistió, desde su silla de ruedas, nuestro buen compañero y amigo José Manuel Hernández Perpiñá, que abandonó su residencia sanatorial para estar presente en acto tan solemne. Esto demuestra, por otra parte, que su estado de salud va mejorando y se lo ha permitido.

Nos pareció elogiable y nos lo sigue siendo, aquel admirable tesón del Mallorca, que con un marcador adverso, siguieron atacando. Con 3-0, con 3-1, 4-1, 4-2 y hasta 5-2, ellos no se hundieron ni desmayaron.

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