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El duelo de Champions se traslada al palco

  • Los nuevos dueños del Valencia y el Mónaco lideran dos proyectos tan simétricos que comparten precio de compra y los consejos de Jorge Mendes

La batalla de Champions que van a dirimir el Valencia y el Mónaco en los próximos días se va a vivir de forma especial en el palco. El bombo, siempre caprichoso, ha querido cruzar los destinos de dos equipos tan simétricos en su construcción como ambiciosos en el planteamiento de sus mentes ejecutoras. Peter Lim y Dmitri Rybolovlev son buenos ejemplos del perfil de empresario que se está expandiendo en el mundo del fútbol. Todas las biografías de los nuevos compradores hablan de carreras de éxito glorificadas en la lista Forbes y de amantes del deporte que quieren invertir en su gran pasión. El singapurense y el ruso calcan ese discurso previo, tanto que hasta las cifras se asocian para darle un toque de morbo a un duelo donde sólo podrá quedar uno.

Peter Lim compró el Valencia en octubre de 2014, tras 159 días de negociaciones con Bankia, por 94 millones. La cifra se redondeó en 100 con la inversión prevista en la nueva Fundación. Tres años antes, Rybolovlev también llegó a un acuerdo cercano a los 100 millones para convencer al príncipe Alberto de Mónaco para hacerse con el control del 66,67% del accionariado del club. El punto de partida, eso sí, no fue el mismo. El Valencia navegaba en una deuda inasumible antes de la llegada de Lim, ahora refinanciada, mientras que el problema de la entidad monegasca era futbolístico, con el equipo hundido en la segunda división francesa. Hasta la llegada del empresario nacido en Perm.

El Mónaco consiguió el ascenso en mayo de 2013, y dos semanas después Rybolovlev asombró al mundo del fútbol al invertir 150 millones de euros en los fichajes de Falcao, James, Moutinho y Kondogbia. Una cifra no muy lejana de los 148 en los que están tasados Negredo, Rodrigo, Cancelo, Enzo Pérez, Santi Mina, Danilo y Ryan. Las dos inversiones millonarias tienen algo en común, la presencia de Jorge Mendes en casi todas las operaciones. El agente portugués es socio de Lim y tiene una gran relación con Rybolovlev. Hay un dato que explica su influencia en dos de los proyectos más emergentes en Europa, el caso de Danilo Barbosa. El prometedor jugador brasileño acabó finalmente en el club de Mestalla, de no haber sido así su siguiente destino hubiera sido el Louis II.

La simetría de los proyectos llega a los banquillos, con la presencia de dos técnicos de la nueva escuela portuguesa. Uno llegó por decisión expresa del dueño, Nuno, y el otro tras el fiasco de Ranieri, el italiano errante que sigue convenciendo talonario en mano con aquello de «iría nadando si hace falta». Espírito Santo y Leonardo Jardim se conocen muy bien de la liga portuguesa, y también tienen en Mendes a un amigo en común. El agente ha oxigenado la plantilla del Mónaco tras las salidas de Falcao y James con una fórmula parecida a la aplicada en el Valencia, con jóvenes pero sobradamente preparados. Los Kurzawa, Silva, Martial, El Shaarawy o Traoré comparten el hambre de las noveles promesas valencianistas. Si algo va a tener el duelo de Champions son muchos quilates sobre el césped. Mendes contra Mendes, porque la banca siempre gana.

Los dos empresarios comparten el sueño de conquistar la Liga de Campeones y uno de ellos tendrá que aplazarlo al menos hasta la primavera de 2017. Sin conocer las profundidades de las cuentas del Mónaco, para el Valencia la presencia en la fase de grupos es algo más que un premio deportivo. El proyecto de Lim, que ha tenido desde el primer día el respaldo de una afición que está llenando Mestalla de energía, tiene su primera gran prueba de fuego en la presente temporada. El conjunto del Principado, tras el fiasco del fichaje de las estrellas colombianas, ya sabe lo que es rozar el sobresaliente en la Champions. Conviene no olvidar que el equipo de Jardim alcanzó en la pasada edición los cuartos de final tras tumbar al Arsenal y que tan sólo un gol le apartó de las semifinales a manos de la Juve.

La biografías de los dos dueños no son simétricas, ya sería demasiado, pero sí que ofrecen similitudes. Dmitri Rybolovlev nació en la ciudad industrial de Perm dentro de una familia de médicos. Tras sus ganancias en el sector médico el empresario, licenciado en cardiología, expandió su fortuna por Estados Unidos y a través del negocio de los fertilizantes, con la empresa Uralkali.

Peter Lim, por su parte, creció en una familia humilde de pescadores. Su pericia con los números, es graduado en contabilidad, le hizo amasar una pequeña fortuna con el negocio del aceite de palma. Ese fue el inicio de su despegue hasta llegar a una fortuna actual que se estima en 2.400 millones de dólares. La cuenta del magnate ruso sube hasta los 8.500. La gran diferencia entre los dos empresarios es la discrección. Una balanza que se inclina claramente hacia Singapur. Rybolovlev fue encarcelado de forma preventiva en 1996 al estar acusado de matar al dueño de una empresa de la competencia, aunque quedó libre once meses después tras no probarse su culpabilidad. En su biografía destaca el acuerdo de divorcio más caro de la historia, tras la sentencia de un tribunal suizo en 2014 que le ordenó pagar 4.500 millones de dólares a su exesposa Elena. El empresario recurrió ese fallo, y según fuentes cercanas al magnate, tras dicha apelación, esa cantidad quedó fijada finalmente en 564 millones de francos suizos. Unos años antes, en 2008, le compró a Donald Trump su lujosa mansión de Palm Beach por 100 millones de euros, lo mismo que le costó el Mónaco. La hija de Peter Lim, Kim, se ha ganado al valencianismo por su constante apoyo al equipo en redes sociales. La de Rybolovlev, Ekaterina, también disfruta de una vida desahogada. Su apartamento de 88 millones de dólares en Central Park ha sido su segundo capricho más caro, tras comprarse la isla griega de Skorpios. Al más puro estilo de Cristiano en su regalo de boda a Mendes. Muy ligada al Mónaco y sus seguidores, es miembro de la Junta Directiva del club y suele acudir a animar al equipo.

Los nuevos dueños de Valencia y Mónaco también comparten su labor filantrópica con el movimiento olímpico, pero hay algo que les enfrenta. La Champions. El miércoles por la noche en Mestalla comenzará una batalla cuyo final no lo garantiza ningún puesto en la lista Forbes. Los intangibles, con la afición valencianista como pulmón, se antojan como vitales para decantar la balanza en el palco hacia territorio asiático. Porque la pasión del valencianismo no la puede comprar Dmitri Rybolovlev ni con todos los rublos existentes en el mundo.

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